Siempre he sabido cuál es mi lugar, sólo que a veces se me olvida.
Te amé sin culpa y tú mismo me obligaste a sentirla.
Hoy renuncié a ti sinceramente... bye, bye mein lieben herr, aunque todavía te ame hasta la médula.
Una simple mirada lo desencadenó todo. Luego cerraron los ojos y se lanzaron al vacío que les aguardaba sobre el edredón. El vértigo fue impresionante, el brinco en el estómago, el mareo y el escalofrío. El beso a profundidad, el abrazo al cual se aferraban como si fuera el paracaídas. Los corazones a cien.
..no somos ni una cosa ni otra. Simple ángel aspirante a vedette pretendiendo ser demonio, simple trotamundos que se refugia en el teatro para hacer otra guerra.
La miré caminar solitaria esa fría mañana de agosto. Llovía ligeramente y a pesar del sorpresivo frío matutino, sus pasos parecían no inmutarse. No pude más y la seguí a distancia. A pesar de que no volteó para verme, no creo que ignorara mi presencia vigilante detrás de sus huellas. Su andar era hueco y etéreo como si posara para la lente de un cineasta invisible. No supe a dónde me llevaría, pero avanzando a contraflujo de los vehículos sabía que no podía perderme. Caminaba en línea recta y no me sería difícil regresar por mi propio pie hasta el lugar donde la ví pasar frente a mis ojos.
Me había prometido ir a buscarlo ahí, en donde es de suponerse que trabaja encerrado frente al computador. Mi plan no tenía falla: una foto del recuerdo, una sonrisa de agradecimiento y un abrazo curarían todo rencor nacido entre nosotros dos. Luego le pediría que permaneciera inmóvil para quitarle una inexistente basura en el saco, y mis labios le acariciarían tan suavemente que no podría resistirse a la invitación del beso... después de fingir sorpresa me estrecharía regalándose la oportunidad de despedirme como me merezco. No iba a dejarlo decir nada: nuestros caminos ya estaban separados, pero un húmedo pacto sellaría el perdón y nos desearía buena suerte a ambos.
No confíes en un hombre que se perfuma demasiado, y que va dejando la huella de dónde ha estado o en dónde se puede encontrar. Si su peculiar aroma te atrae como la música del Flautista de Hammelin, huye.
Miré hacia atrás como buscando entre la gente a alguien cuyos ojos sabía que encontraría. No había previa cita, ni siquiera una remota posibilidad de que estuvieras ahí, pero yo lo sabía. Y así me encontré con los ojos dulces de tu rostro pálido. Me miraron seriamente y el tiempo se detuvo por un instante. Con el rabillo del ojo distinguí dos pares de ojos más que te acompañaban. No tuve que detenerme a verlos y hacer que me vieran para reconocer de quiénes se trataba.




