Me dicen la pocos amigos: quizá porque de ello tengo cara, porque me choca lo que está de moda y porque tengo baja autoestima disfrazada de egocentrismo... o tal vez lo contrario...
Por correo electrónico o en los blogs puedo ser graciosa, agradable, accesible, pues parece comprobarse en mí aquéllo de que los medios electrónicos de comunicación se hicieron para quienes tenemos problemas para comunicarnos en la vida real... y en mi caso es casi así.
No soy antisocial completamente, pues me agrada sonreír, tomar el cafecito y charlar en buena compañía... pero tal vez ya he perdido la costumbre de escuchar. Si bien antes podía ser una orejota y estaba ávida de aprender cosas, coleccionar vivencias de otras personas a razón de guardarlas en la memoria para escribir un futuro libro; ahora oigo y desecho casi inmediatamente: eso ha mermado mi capacidad de concentración y por ende, la tolerancia hacia los demás.
Nada hay mejor que una buena comunicación, pero mi mejor manera de hacerlo es y siempre ha sido a través de la escritura. Nunca he sido lo bastante elocuente al hablar: siempre titubeo, ironizo o tiendo a decir muchas cosas sin pensar. Y no es porque no sepa hilar las ideas en una frase congruente y bien hecha. Es sólo que la comunicación humana es tan vertiginosa, que casi nadie está acostumbrado a escuchar... ni siquiera a la música, y eso afecta en el hecho de que al hablar y mantener una conversación, debate o exposición fluida, las ideas tienen que sacarse en el acto, casi como de un sombrero. Las respuestas deben ser inmediatas y congruentes si no quieres pasar por lerdo, impreparado o mediocre.
Contar con un buen léxico no es sólo don de quien ha leído lo suficiente, sino de quien ha practicado su verbalidad con otros seres. Así yo, siendo siempre analítica y observadora, siendo siempre quien prefería los soliloquios y los diálogos con la libreta; hoy que me encuentro en la edad adulta, tal vez a la mitad de mi vida, e imersa en un mundo en que la comunicación aparentemente se facilita; me hallo atrapada también en un mundo binario en donde puedo sentirme bien al escribir, pero la poca satisfacción de no tener respuesta me hunde de nuevo en la eterna pregunta: ¿soy capaz de comunicarme de otra manera? ¡De muchas formas, vaya que lo soy!, pero ¿hay alguna forma que tenga más validez que las demás? ¡Quién lo sabe!
La comunicación cara a cara, cuerpo a cuerpo es lo más grato y gratuito, pero... estando ya tan habituados a fingir que sabemos, que somos, que hacemos, que tenemos... ¿será el rescate de los sentimientos verdaderos la palabra escrita? ¡Sin duda alguna! El problema está en que, como siempre gusto de meterme en asuntos que para el resto de la humanidad son secundarios... ¿en qué momento a la gente le entrará el gusto por leer?
