agosto 26, 2008

It's alive!!!

¡¡Quién me va a venir a decir a mí que el Amor no existe!! ¡Vamos, que venga y me lo demuestre! ¡Le diré que es un pendejo... o pendeja, según sea el caso!

Hoy anduve en el metro y vi a un anciano hacer música rudimentaria con un bote pidiendo dinero, mientras la gente apurada casi lo pateaba desquiciados por la prisa. El primer titular que vi en un diario decía con letras grandotas "¡LE PARTIERON EL CRÁNEO!" y la ciudad estaba insufrible como todos los demás días del año. Hacía un calor insoportable y los pasajeros se apretujaban en los vagones como siempre sucede. Me tocó un tráfico de mierda al bajar por la carretera y nunca faltó aquél que mentara la madre al primero que pasa por el simple gusto de chingar a la gente.

Mi Universidad sigue en paro, señal de que el dinero es el que mueve o detiene al mundo según le plazca, he perdido tres semanas de estar con especialistas que me enseñen y resuelvan dudas, de saludar a mis compañeros más queridos, de trabajar en equipo, de conocer nuevas personas y devorar los libros de la biblioteca, de hacer alguna actividad artística o cultural, de ver correr a las ardillas y mirar de lejos a un muchacho que me guste.

¡Pero qué más da, con un demonio, si tengo Amor! Si este día amanecí cobijada por el otro motor del mundo: EL AMOR, el más verdadero, el más neto, el más puro. Si mientras una madre ruega ante los medios que le devuelvan a su hija secuestrada, yo tuve el milagro de abrazar a mis seres más queridos, uno tras otro, sin faltarme casi nadie. Los que no pudieron felicitarme, estoy segura que intentaron llamar a un descompuesto teléfono que a Telmex no se le ha dado la gana venir a arreglar. Hubo incendios, temblores, inundaciones, ajustes de cuentas, decapitados, contaminación, discriminación, injusticia, guerra, torturas, hambre... eso nunca se acaba...

¡¡Pero yo hoy me perdí en sus brazos y en sus ojos, fui testigo presencial del amor que nos tenemos a pesar del tiempo y la distancia!! Amé y fui amada.

Piedras en mi ventana llovieron, lo mismo que los abrazos y los besos, lo mismo que los e-mails, las postales virtuales y los comentarios. Muy pocas cosas materiales, nada de lo que pedí: unas flores, maquillaje, un libro... Se acortaron las distancias con un paquete que cruzó todo el continente hasta llegar a mis manos en el día exacto, abracé el obsequio y al apretarlo fuerte se cayó un trozo de alma que venía incluido. Lo recogí y lo hice parte de mi festejo. Me ahorré quinientos pesos por encontrar cerrado el local, aproveché una oferta increíble y a mi madre le salió gratis la pizza.

Lloré como hacía mucho que no lo hacía: no recordaba lo que era llorar por sentirse feliz. Tuve tan buen cumpleaños que hasta me asusté al pensar que sería el último en mi vida. Yo espero que no vaya a ser así. Hoy más que nunca me siento viva, y quiero seguir viviendo más intensamente que antes. No importa lo que pase luego. Ahora sí, como dice Silvio Rodríguez:

"Soy feliz,
y quiero que me perdonen los muertos,
de mi felicidad".

agosto 18, 2008

Mesa de regalos (Uste' pida,,, :P)

Debido a que se acerca mi cumpleaños el próximo martes 26 de Agosto, y debido a que aún estamos a principios de quincena, aprovecho para proceder a elaborar, cual niño en víspera de Reyes, mi lista de juguetes que deseo para festejar mi 32° aniversario.

1.- Hoy me di cuenta, visitando la página de mi cantante favorita: http://www.ceciliatoussaint.com/, que no tengo (¡Cómo puede ser posible!) tres discos, TRES, de los más fregones que ha grabado: "Otro lugar" (2oo2-2004), "Acoso Textual" (2007) y "A viva voz" (2007 con Betsy Pecannins). Y es que uno deja pasar el tiempo diciendo "Luego lo compro", y cuando voltea hacia atrás, se da cuenta de que ya han pasado cuatro o cinco años y nunca se compró.

2.- El nuevo disco de Jaguares aún no sale a la venta, entonces se salvaron de comprármelo quienes no gustan de esta banda, pero ya saldrá, ya saldrá. Ahí si tienen alguna playera vieja o reliquias de las cuales quieran deshacerse, con el logo de Jaguares o Caifanes, bienvenido sea. Se aceptan discos de vinilo, autógrafos, tazas, boletos para el concierto de Noviembre, etcétera. Les juro que no me sobrarán. :D

3.-Alguien váyase al tianguis del domingo y búsquese un MP3 de quien ustedes quieran, alguna recomendación que quieran hacerme, se acepta todo tipo de música, a excepción de reggaetón o duranguense... disculpen las molestias que ésto pueda ocasionar a los amantes de tales ritmos, pero la verdad no los escucharía, gastarían en balde...

4.-Cualquier libro, leyeron bien: CUALQUIERA. Se los dejo a su criterio, sorpréndanme. (Si consiguen alguno de Michel Fizel "Los adolescentes" Ed. FCE, México 2007; ó "¿Adolescencia en crisis? por el derecho al reconocimiento social" Ed. Siglo XXI, México 2001, me harían un favorzotote, pues los necesitaré ahora que regrese a la UPN.)

5.-Una mochila grande, negra de una sola asa, con decorados discretos o bien con ausencia de ellos. Puede ser de otro color neutro o también de mezclilla (y si es del Dumbledore's Army, mejor, jejeje) Me harían un paro enorme porque la que solía usar, me la ha confiscado mi hija ahora que ella SÍ tiene clases... snif.

6.-Cualquier cosa que vendan en Coyoacán... emo, hippie, darkie, lo que sea. Me encantan las curiosidades, un llavero, un morralito, colguijes, ¡aretes largos ahora que estoy pelona!... usen su imaginación, ya conocen mis gustos :)

7.-Una película LA QUE SEA... pirata, original, con bolsita de plástico, como deseen, pero eso sí: formato DVD o clon del mismo, y que se vea clarita, sin risas o cabezas pasando frente a la pantalla... que se las prueben antes (sin albur :D)

8.-Unos Converse negros de bota para quien quiera verse más guapo-a. (Calzo del 5 y medio :D)

9.- Un Antivirus!!! pero de los buenos eh? Si tienen un original, préstenlo, no sean gachos, porque los que tengo me han servido para una carcajada.

10.-Una invitación a comer, a un cafecito o a dar un paseo en lancha...qué se yo... estar en grata compañía sería un excelente regalo.

Sé que no estoy en condiciones de demandar tanta belleza, pero les juro que me harían muy feliz con una llamada (mmm... bueno, si para el próximo martes ya sirve mi teléfono), con un correo electrónico, que saben que nunca dejo de checar, o bien con un beso o un abrazo muy fuerte si nos vemos en ese día o los posteriores.

Nunca había hecho esta payasada, pero bueno, si se animan, no dejen de poner qué van a comprarme, no quiero libros, películas o discos repetidos, jejeje... no se crean, que si llegan con el típico globo, la tarjeta, el chocolate o el peluche igual les compensará mi agradecido corazón.

"Mientras tu mirada no esté vacía, que tus manos lo estén, no importa."
YO

agosto 14, 2008

Adiós a la princesita

Ella y yo íbamos solas en el Metro... no sé en qué línea sería ni tampoco en qué estación, el caso es que era en el norte de la ciudad. Un señor a su lado totalmente desconocido parecía estarla abrazando, con la sabida incomodidad que esto generaba en mí.

De pronto decidí que nos bajáramos, le pediría a ella, mi mejor amiga y compañera, que fuera conmigo a explorar una línea nueva del metro que aún no conocía. Ella accedió a regañadientes porque no tuvo opción a mi imperativa petición.

El sitio era distinto al que yo me imaginaba: siempre pensé que junto a una estación del Metro no podría sentirme perdida: todo es cuestión de abordarlo, y listo. Pero ésta vez el mercado que había en las afueras me pareció uno de esos tianguis de los países asiáticos... lleno de gente de todo tipo, con las voces que se me confundían y me aturdían.

Una jovencita morena con el pelo cubriéndole el ojo y un atuendo llamativo se pasó junto a nosotras.

-"Es una dizque emo..."- dijo con una mezcla de fastidio y repulsión, haciendo que la muchacha en cuestión detuviera su paso y se volviera hacia nosotras. Mi acompañante echó a correr impulsada por el miedo y yo cerré el paso a la muchachita diciéndole que no se apurara, que el look le sentaba perfecto, que a mí me encantaba lo emo, que no hiciera caso de una niñita tonta. La chica emo me sonrió y retomó su camino. Fui a alcanzar a mi acompañante y la regañé por miedosa: "Los emos no hacen nada", le dije..."Pero ten cuidado de cómo te expresas de la gente..."

Pasamos por muchos lugares sin dar con la entrada del metro... el rumbo se iba sintiendo cada vez más peligroso, pues la gente era muy extraña y parecía estar tan sucia por dentro como por fuera. Vi unos cuantos lugares "filmables" y quise tomar nota de ellos para regresar un día, pero sabía que eso sería imposible porque aquél no era un sitio nada agradable.

Traté de no tomarla del brazo para no parecer extrañas en un rumbo tan distinto al nuestro, pero cuando le dije que regresáramos, bajando por una escalera grande, iban subiendo darketos vestidos extrañamente, algunos con túnicas negras como de fraile y el rostro tan maquillado, que sin mirarlo directamente me daba miedo. No quería que notaran que éramos extrañas o que aquéllo nos provocaba inseguridad... ya me sentía de momento rodeada por todos y siendo cuestionada sobre nuestra presencia allí.

Pero ella parecía estar tranquila, pues caminaba junto a mí sin tomarme de la mano, sin tocarme siquiera para no perder mi rastro. Yo evitaba las miradas de aquéllos seres extraños que seguramente se fijaban discretamente en mis expresiones. El gesto de mi rostro, sin embargo no parecía tener emoción alguna, aunque un nudo en mi garganta me mantenía tensa, y la ansiedad por regresar al metro me ocupaba toda la mente. Salté los últimos escalones con una habilidad que aún desconozco en mí misma: parecí volar. Lo único que quería era que llegáramos al tianguis de nuevo y regresar al Metro sin más pretexto. "¡Qué gran idea he tenido de arriesgarla de este modo!", me regañaba a mí misma.

Cuando hube saltado un mínimo de diez escalones hasta la base, me volteé de inmediato pensando que ella habría imitado mis pasos, pero mi sorpresa fue terrible cuando al mirar hacia atrás, ya no estaba entre la gente. Subí corriendo los escalones gritando desesperadamente su nombre. Mis ojos querían estallar en llanto al no poder localizar su negra melena en medio de tanto jaleo. Gritaba y gritaba con la certeza de que no podía estar muy lejos....

...De pronto la vi: ahí estaba con su rostro y figura inconfundibles. ¿Por qué se habría detenido? ¿Por qué parecía molesta con mi presencia? La miré y asustada le alcé la voz. "¡¡Vámonos!!"- le dije más como una súplica que como una orden. Ella se volvió hacia sus nuevas amigas y de nuevo me miró a mí poniéndose las manos en la cintura.

"¿Por qué tú sí puedes tener amigos en otros lados y a mí no me dejas hacer lo mismo?"

¡Por Dios! ¿Acaso no entendía esa pequeña que aquél lugar no era seguro? ¡Demonios! ¡¡Pero si yo la había llevado ahí!! ¿Qué respuesta podía darle a todo eso?

"Está bien... me voy, pero tú te regresas sola", dije con determinación sabiendo que ella no llevaba dinero para volver a casa y que esa especie de amenaza era mi último recurso para persuadirla, pero lo único cierto era que tenía ganas de abrazarla. Me acurrucaba, pero sólo alcanzaba a abrazarme a mí misma. Tenía frío y temblaba.

Ella me miró con una risa burlona y se despidió de sus nuevas amigas. Lo único que yo quería era que viniera hacia mí y me diera la mano, sólo eso. No importaba que después la jalara y saliéramos corriendo hasta escapar de ese mugroso sitio. Lo que más deseaba en la vida era asir su mano, estrecharla, sentir con ello que la protegía y me protegía de mí misma. Deseaba sentir su compañía, su calor...

Pero en ese momento abrí los ojos, me levanté y me asomé a su cama. Sus gruesas pestañas me cerraban el paso hacia sus más profundos sueños. Respiraba pausadamente y se hallaba segura ahí, tan cerca como mis fuerzas me hicieran correr y lanzarme sobre ella, llenarla de besos y despertarla...

Sin embargo la pesadilla había sido mía, ella no merecía interrumpir su sueño por mí. Me levanté calladamente y comencé a hacer mis labores. Ya se despertará la muy canalla, y abrirá sus ojos negros que me mirarán de nuevo ablandándome las piernas, y me dirá dulcemente "Mami" deseándome buenos días, y de nuevo será mi hija y la mejor de mis amigas... pero habrá un día cercano en que su melena desaparezca de mi vista entre la gente, diciéndome con su espalda, que ya no será mi princesa nunca jamás.


agosto 12, 2008

El trabajo apesta

Sí, la maldición de Adán.
Sobre todo si se trata de hacer algo que odias hacer pero para lo que eres buena. ¡¡¡Detesto que me manden a hacer "dibujitos"!!! Efemérides, decorados, periódicos murales, retratos de héroes... ¡No lo soporto!

Y lo peor de todo es necesitar el dinero. Por eso lo hago, desgraciadamente, porque no puedo darme el lujo de mandarlos a Chihuahua a un baile.

-"Yo sé que siempre haces cosas muy bonitas, pero ahora quiero que te luzcas..." dice la vocecita suavemente mandona en el teléfono. (¡Sí! ¿¿¿Y no va a querer también pavo??? )-"Yo no lo puedo hacer, y de todos modos es 'trabajito' para tí..."

Ya sé que no faltará quien me tache de holgazana y poco agradecida, pero esa palabrita de "trabajito", "te ganas unos centavitos", "yo te doy tu dinerito" ¡me revienta, en serio!. No sé si es que no estoy acostumbrada a hacer grandes sacrificios por dinero o qué, pero ese modo de tratarlo a uno, como si fuera un limosnero de trabajo, es algo que simplemente no tolero.... ...

Y una vez habiéndome desahogado arrebatadamente como siempre, creo que ya estoy en condición de razonar. Yo quería aprovechar estos días que hay huelga en mi Universidad, para leer, escribir, adelantar trabajo escolar, inclusive hacer un cortometraje de bajo presupuesto, sentarme a escribir el guión y probablemente filmar algo... ahora tengo algo más en que ocupar mi tiempo, y ni modo: quién me manda a mí a haber desarrollado la habilidad del dibujo...quién me manda seguir cultivándome intelectualmente y no tener un centavo en la bolsa...así las cosas, y aunque me duela, ese "dinerito" me será de utilidad para algo.

Pero a lo mejor lo que realmente me enoja no es que me tomen en cuenta para un trabajo, sino el hecho de que utilicen mi creatividad como una herramienta que les ayude a "quedar bien". ¡Maldita sea! ¡Creatividad no es eso! ¿Por qué pagan una miseria por algo que puede dar más... mucho más que un "quedar bien"? ¿Por qué limitarme a eso?

"Quiero que sea muy llamativo, muchos colores por favor, 'Horte'"

Y no es LO que tengo que hacer lo que me enfada, sino QUIÉN me lo está encargando. Gente vacía, frívola, deshumanizada, incapaz de hacer "cosas bonitas", por el simple hecho de estar negada para imaginarlas, sentirlas o pensarlas. Cuando no es así, cuando sólo es cuestión de falta de habilidad en el dibujo, siempre estoy de acuerdo en cooperar con lo que sé hacer, incluso dispuesta y entregada; pero cuando sólo es para que hagan reverencia con mi sombrero, me desagrada sobremanera... ¡Me desagrada como no tienen la maldita idea! ...aunque lamentablemente me tenga que callar la boca, pagada con unos cuantos "pesitos"...

agosto 07, 2008

La muñeca

(Inspirada en una anécdota de Ewell Borrero)

A pesar de la hora que en el reloj marcaba las tres cuarenta de la madrugada, la temperatura era agradable camino a mi casa. En aquéllos días solía trabajar en un bar por las noches, y éste no se encontraba a una distancia muy larga de donde entonces vivía, pero aquélla noche era especial, no tenía prisa por llegar a desvanecerme sobre mi viejo colchón. Caminé despacio y despreocupado, me sentía libre. Y aunque no estaba muy agotado, mi andar reflejaba el cansancio con el que a cuestas me había maldecido la vida, y del cual sabía que de ningún modo descansaría al llegar.

El silencio me serenaba, y el poco viento que soplaba, más bien me mantenía despejada la mente. Levanté la vista y miré que una nube ocultaba la luna. Al momento escuché el siempre escalofriante aullido de alguna ambulancia pasar a lo lejos, haciendo a mi mente volar de inmediato imaginando escenas de sangre y de muerte.

Pero no pasó mucho tiempo para que de nuevo sólo se oyera lo hueco de mis pasos sobre lo frío del asfalto. El silencio era como una sombra cómplice que me hacía pensar en lo increíble que era vagar por esta gran ciudad ajetreada y ruidosa, teniendo el privilegio de disfrutar ese pequeño oasis de tranquilidad mientras recorría las calles dormidas.

Iba caminando a mitad de la calle, dándome el lujo de pisar como peatón un camino reservado para los autos, pues los pocos que alcanzaba a escuchar de vez en vez, circulaban desvelando las avenidas principales. Me reí estúpidamente al sentir que profanaba un espacio que no era mío, que pisaba en donde nadie pisa porque no tiene con qué. Aún me faltaban unas cuadras por recorrer a lo largo de una calzada. A mi derecha podía ver y palpar el muro que rodeaba un campo deportivo, tan largo que su única entrada estaba todavía unos metros más adelante. Del otro lado observaba la quietud de las casas con las luces apagadas. No había ni una sola ventana iluminada por el insomnio de algún habitante, y la calle estaba más bien oscura porque algunos postes del alumbrado público tenían los focos fundidos, y aunque la noche era cálida, todavía esa nube escondía a la luna.

De repente pasó algo que estaba fuera de toda lógica: junto al acceso del campo deportivo, sorpresivamente, una pequeña figura salió de la oscuridad dirigiéndose rápidamente hacia mí. Entorné los ojos para asegurarme de que no estaba quedándome dormido, pero lo que pude ver me habría despertado de golpe si así hubiera sido.

El movimiento de esa figura me hizo observarla a detalle, y sentí tanto miedo, que las piernas detuvieron su paso y se aferraron a la tierra, como si temieran levitar en cualquier momento: una muñeca pequeña parecía sonreírme, mientras sus burlones ojillos destellaron con la poca luz que alcanzaba a llegar.

No había nadie más en la calle, yo estaba solo. La muñeca avanzaba sin detener su paso hacia mi persona, haciendo brillar sus vidriosos ojos claros y sonriéndome directamente. Sentí cómo la sangre se congeló en mi cuerpo, aunque al mismo tiempo mi razón me decía que aquello era una vil locura. Sin embargo mis ojos no podían dejar de ver cómo la muñeca se acercaba con su paso corto y saltarín, sin que yo pudiera ordenarle a mis pies que retrocedieran, pues estaban petrificados.

Ese pequeño lapso de sorpresa y terror me duró sólo unos segundos, pues de repente la luna salió detrás de la nube y me dí cuenta de que la mente me había jugado una broma con una ilusión óptica: lo que me había parecido una muñeca, era en realidad un perro que llevaba en el hocico una bolsa de basura. Los ojos del animal habían brillado en la oscuridad y la bolsa parecía ser el vestido de una muñeca. Mi mente había imaginado el resto, y el animal pasó junto a mí sin importarle en lo más mínimo lo desaforado de mis latidos. ¡Podría jurar que el mal nacido pudo escucharlos!

Me senté por un rato en la acera, no estaba seguro si quería reír o gritar, pero me sentí un poco más relajado. Quizá por la repentina y breve tensión, finalmente llegué a mi casa, arrinconé mi guitarra en el lugar de siempre y encendí la pequeña lámpara antes de acostarme. Repasaba el curioso episodio en la mente y no podía sino reírme de mí mismo por mi tonto miedo. Comencé a descalzarme las botas, desatándolas poco a poco armado de infinita paciencia. Noté que mi pecho aún seguía agitado y traté de serenarme. Dejé al lado del colchón mis llaves y el poco dinero que traía en los bolsillos. Acto seguido me desaté el cabello y me recosté por fin rendido en los aún mullidos resortes de mi viejo lecho.

Me quedé mirando al techo. Un viento helado entró por la ventana y sentí que besaba mis brazos desnudos… era extraño. La noche no había sido fría en lo absoluto, pero al parecer la lluvia me había aguardado una vez más, y mojaría las calles ahora que ya reposaba tranquilo en mi cuarto. Agradecí esa coincidencia y me levanté a cerrar el vidrio y las cortinas que colaban esa humedad hasta mi sosegado refugio, notando con extrañeza que el cielo estaba tan despejado o más que cuando yo estaba afuera. Ninguna nube amenazaba tormenta, y la luna parecía mirarme solamente a mí. Miré a ambos lados de la calle y no escuché más que el murmullo del viento.

De pronto un rasguño débil se escuchó detrás de mi puerta. Traté de no sobresaltarme, pero el ruido me alteró de nuevo los nervios. Recorrí inútilmente todo mi cuarto con la mirada. Sabía que el ruido había venido del exterior, pero el lúgubre juego de sombras que la débil luz de la lámpara creaba, me llenaron de terror.

Nuevamente escuché el rasguño, ésta vez acompañado de un suave aullido como de perro herido. ¿Podría ser aquello cierto? ¿Me habría seguido el perro al darse cuenta de que me sentía tan solo? ¿Cómo puede un simple bicho callejero tener el olfato tal para presentir el miedo y la tristeza en alguien?

La sola idea de hallar un amigo me hizo calmarme un poco: si lo pensaba mejor, él no había tenido la culpa. Mi mente apesadumbrada me hizo imaginar espantos sin que el desafortunado perro tuviera modo de adivinar el alcance del cerebro humano. Pero el ruido ya había cesado… seguramente se habría cansado de no obtener respuesta y se habría marchado a buscar otro dueño.

Me disponía a volver a acostarme cuando un aullido nuevo se volvió a escuchar tras la puerta. No me habría alarmado tanto a no ser porque aunque débil, éste sonó lastimero. ¡Quién mejor que yo conocía esa combinación de hambre y frío! ¡Cómo no querer condolerme ante un inocente ser que ante mí se ofrecía como amigo verdadero!

El aullido ahogado del perro se dejó de oír de pronto. Con sigilo tomé la perilla y la giré muy lentamente. Al abrir un discreto charco de sangre dejaba el rastro de un pequeño cuerpo arrastrado hacia la derecha. En esa dirección volteé, y pude ver al infortunado amigo dando un último suspiro. Sentí pena por él… pero una rabia incontenible se apoderó de mi mente y pateé el cadáver que ya no pudo sentirme.

Barriendo una lágrima insolente regresé hasta mi puerta. ¿Por qué el miedo de todo me había arrebatado la suerte de tener compañía? No era un perro lo que había soñado, no era por supuesto lo que le pedía a la vida. Siempre un compañero con quién hablar de todo y con quién reír de nada habría sido mejor que eso… o una mujer amante que me encerrara en sus brazos habría sido el paraíso… pero una simple mascota se había arrastrado hasta mi puerta como una ofrenda a esa soledad que ya se había vuelto sagrada… y ni siquiera eso había podido conservar.

Recargado en el interior de mi puerta, sollocé con la furia callada de un niño que pierde un dulce, y sequé mis ojos con fuerza para dormir y olvidar esa noche maldita.

No pude ni recostarme: una vez que alcé mis ojos secos hacia el fondo de mi cuarto, la muñeca sonreía y me miraba desde el azul celeste que brillaba en sus orbes de porcelana.