Mostrando las entradas con la etiqueta UPN. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta UPN. Mostrar todas las entradas

enero 01, 2010

Mein Herr

Sabiduría y sensatez, dices. Las tendré así esté muriendo por querer estar loca, perdidamente loca.

Siempre he sabido cuál es mi lugar, sólo que a veces se me olvida.

Te amé sin culpa y tú mismo me obligaste a sentirla.

Hoy renuncié a ti sinceramente... bye, bye mein lieben herr, aunque todavía te ame hasta la médula.

marzo 11, 2009

Después de todo nada es tan malo...

Hay cosas que no se solucionan tan fácilmente... por ejemplo mi gordura, esa que cariñosamente se suele llamar sobrepeso, no va a desaparecer de la noche a la mañana. Lo que sí puedo hacer es empezar a sentirme valiosa con o sin kilitos de más, bonita, interesante.

A menos que me meta a negocios ilícitos y de baja estatura moral, no creo conseguir de un modo más rápido la cantidad de dinero que requeriré para pagar todo lo que implica convertirse en licenciada -nueva tarjeta de video para mi compu incluida-.

¡Los libros perdidos de la biblioteca aparecieron! Gracias a Graciela -no existen las coincidencias-, un alma caritativa que los halló y tuvo a bien devolverlos al lugar de donde nunca debieron salir. Y para terminar, mi actuación me dejó satisfecha y con ganas de comerme el mundo nuevamente.

Ayer mismo nos tomamos la foto de la generación y mis compañeros me dieron una gran ternura, vestidos con sus togas, coronados por sus birretes, las muchachas muy pintadas y con el pelo empistolado, de tacón alto y colores formales... disfrazados todos de graduaditos, aunque me dicen que eso de Disfraz como yo le llamo, suena feo.

Pero ahí estábamos todos, portando el disfraz para la placa del recuerdo, emocionados aunque algunos lo ocultaban más que otros, vestidos para una ocasión especial, confundiéndonos unos con otros por el hecho de usar por vez primera un uniforme, sintiéndonos parte de algo, parte de todos, identificados con algo, con todos.

Ahora que ya casi salimos, cuando todo espieza a verse en retrospectiva como la balanza de lo que fue y lo que ya no será, es cuando la identidad upeniana inunda el aire de las aulas de octavo semestre. Algunos maestros expertos dicen que es el Síndrome del Pasante, un extraño mal que aqueja a quienes ya estamos a un paso de decir adiós a la casa de estudios que durante cuatro largos años nos acogió entre sus gruesas paredes...

Y yo siento más bonito que feo... no sólo porque una amiga insiste en que deje de escribir cosas negativas en mi blog, férreamente convencida de que "uno atrae lo que declara", no; más bien porque por vez primera dejo de ver lo gris de la vida: los flojos, los inmaduros, los infantiloides, los desmadrosos... todo aquéllo que alguna vez me fastidió, hoy es parte de mi paso por la UPN, y lo aprecio enormemente, aprecio el afecto que me ha nacido por su gente, las ganas enormes de abrazar a todo el mundo, y después largarme y echarme a correr con lágrimas en los ojos.

Todavía falta, por eso ya no me quiero adelantar más...


*

febrero 10, 2009

*


Ya huele a regreso a clases…




… se acabó la diversión.


*




noviembre 03, 2008

Atrapada en la propia telaraña

Ha pasado un tiempo relativamente largo en el que no me había pasado a publicar nada por aquí. No es que no tenga nada que decir, de hecho los temas nunca se acaban, pero a veces tales temas son tan complejos, que nos dejan amordazados y atados de manos por miedo a tocarlos siquiera.

Así me pasa ahora. He estado leyendo con las antenas bien paradas, intentando percibir finamente lo que pasa a mi alrededor: desde las conversaciones fugaces que atrapo de otras personas, hasta las ligeras discusiones aparentemente sin sentido que tengo en mi familia. Todo tiene un por qué pedagógico, creo yo. El chiste es encontrarlo, pero no sé si aferrarme a esa idea o simplemente dejar que fluya y aparezca de repente.

Y es que al parecer me metí en camisa de once varas con el tema de mi tesis. ¡Lo sabía! Debí hacerle caso a las voces en mi cabeza que me aconsejaban sabiamente no meterme demasiado en el asunto. He revisado libros de historia del arte, psicología del desarrollo, corrientes filosóficas de la ética, semiótica y psicoanálisis, por mencionar algunos, y cada vez que me siento a escribir me enmaraño con tanta idea que tengo volando y que no logro aterrizar… y no es que no pueda, lo que pasa es que me da miedo. No creí que el miedo a descubrir verdades y tejer las tramas me diera tanto pavor.

¿Es la adolescencia la edad ideal para aprender los principios fundamentales que rigen la vida social?
¿Es el arte el mejor medio para darles a los jóvenes esa contención que requieren, o es tan peligroso que en las manos equivocadas puede ser un arma fabricante de locos psicópatas al por mayor?

No lo sé todavía, y con las dos inocentes preguntas anteriores, ya se vislumbra una tímida respuesta, pero ¿cómo darle soporte científico? ¿Cómo debo moderar la pasión que para mí representa el arte con la objetividad que requiere la elaboración de un trabajo recepcional? ¿Cómo contagiar a mis maestros de esta locura para que aprueben mi hipótesis, si la que tiene que salir de esto sola y convencerse debo ser yo?

¿Cómo combinar la sensibilidad que siento hacia los adolescentes? ¿Cómo decirles que es maravilloso volverse adulto? ¿Cómo intentar enseñar a las nuevas generaciones las convenciones sociales con las que no estoy totalmente de acuerdo? ¿Debo aprender a ser más práctica que reflexiva? ¿Qué con el Arte? ¿Te enseña a ser práctico o reflexivo? ¿Qué tipo de Arte elijo?

Menudo aprieto en el que me he metido, y el jefe del campo en el que estudio ya se ha dado cuenta de ello: por eso me ha puesto a “pensar más allá”. ¿Qué es lo que quiso decir? ¿“Date cuenta de tus alcances y limitaciones”? Tiene toda la razón del mundo, pero el problema es que tengo miedo. De esto depende mi futuro, sin exagerar, y por eso tengo mucho miedo. No quiero arrepentirme, equivocarme, no en algo en lo que creo tanto, no otra vez, no!!!. No soportaría la pérdida de mis ideales, no quiero pensar que no existe futuro, pero a veces sí lo pienso, y eso es lo que en realidad me jode…

octubre 15, 2008

Lo que el paro nos dejó

Hace un mes que en mi Universidad regresamos de un paro de labores cuyas demandas (al parecer) finalmente fueron resueltas , y hoy la resaca de la huelga parece estársenos bajando poco a poco. ¿El resultado? Muchas ganas de vivir.

Yo no sé, pero como una maestra decía: con el paro, todos salimos perjudicados... de una u otra manera. Totalmente cierto: dicen que mata más la duda que el desengaño, y el mes completito, con sus días, que estuvimos en la incertidumbre del regreso, fue un trancazo psicológico para todos en general: desde los que estaban muy involucrados con los motivos del movimiento sindical, preocupados por que sus peticiones no fueran resueltas, hasta los que aparentemente eran felices por no tener presiones de tareas, desmañanadas y demás. Todos queríamos regresar a la escuela, estabamos ciertísimos de que el tiempo apremiaba, y que nuestros estudios estaban parados, cuando éstos tienen prioridad máxima en nuestras vidas.

Así las cosas (o al menos hablo desde este humilde punto de vista, con lo que me tocó percibir alrededor), mis compañeros y yo entramos a clases con la inercia del descanso prolongado, ya que a pesar de que una parte de nosotros deseaba reanudar la vida académica, otra muy fuerte se estaba acostumbrando a echar la hueva y ocupar libremente el tiempo.

Pero entonces las cosas comenzaron a tener color: cuando pensé que moriría enclaustrada entre la apatía de mis compañeros, que me descompondría entre su desinterés manifiesto por integrarnos como grupo, llegó Julien Le Gargasson, actor francés de teatro profesional. Vino con la generosa intención de (prácticamente) regalarnos parte de su tiempo y su enorme sensibilidad. Desde que lo vi actuar en un monólogo que trajo a la UPN, quedé prendada de su trabajo escénico (no perdí el tiempo clavándome en su belleza física, cuyo encanto salta a la vista), así que decidí que si impartía un curso, haría hasta lo imposible por matricularme en él. ¿Cuál fue mi sorpresa? ¡Que no tuve que hacer ningún esfuerzo! El taller se ajustó el día preciso en que salgo temprano. ¿Coincidencia, o destino? :)

Desde la primera clase aprendí que él traía lo que yo quería, y al término de la segunda sesión, supe que, a pesar de las dificultades, cumpliría su promesa de estar ahí porque simplemente ama lo que hace.

Por otro lado, surgió la convocatoria que mi amigo Santiago, alias "Don San", tuvo la oportunidad de lanzar con bombo y platillo: "Del trabajo al corazón", una invitación a toda la comunidad universitaria, para desempolvar ideas, pasarle un trapo húmedo al alma y compartir alguna inquietud artística (ya huele a Arte a mi alrededor).

Después, recibo gustosa un correo que me confirma que en poco más de un par de meses, regresa el espacio que tanta vida me dio dentro de la UPN: el Taller de Arte de mi amada amiga Valeria Marruenda. Nada pudo alborotarme más.

Ayer comencé a hacer mi servicio social en el Centro de Atención a Estudiantes de mi escuela, y estuve en la Feria de Servicios, que fue un esfuerzo enooooorme por darle vida al espacio. En dicho evento di informes, me di de alta en la Biblioteca para servicios en línea, los de Fomento Editorial me regalaron un libro y los de Comunicación Audiovisual, un documental. Me inscribí al Cineclub de mi escuela, y ahí estuvo el nuevo Jefe de Difusión Cultural, Rodrigo Johnson, quien ha tenido a bien la iniciativa de acercarnos cual vaso de agua en el desierto, los eventos más diversos y de la más alta calidad en los últimos meses. (Mis más grande agradecimiento y mi más sincero aplauso)

Así, en este día tenía que llegar un orgasmo, cuando después de una larga espera (yo pensaba que vendría desde el miércoles pasado ¬¬), llegó a ofrecer un concierto el preciosísimo (sí, así se dice) y además de hermoso, bello Pedro Kóminik. (¿Ya no hay más adjetivos de éstos?)

Hubo chance de escucharlo, de sentirlo, de tocarlo, de abrazarlo, de besarlo y de otras cosas más (cada quien se imagina lo que quiere, que con eso que no menciono, me quedo yo.)

¿Qué más puedo pedirle a la vida, si lo único que quería es que me volviera el alma al cuerpo?

Ya entendí todas las señales. Ahora sí, mundo perdido y loco, prepárate, que ahí te voy.

mayo 29, 2008

Derecho de réplica

Sin retractarme en lo absoluto de las opiniones vertidas en la entrada anterior, creo que es importante darle voz a quienes me pidieron dejara de ser negativa y poner las cosas bonitas. Así que aquí va lo bueno de mi paso por la UPN (mismo que aún no termina y que estoy segura, se enriquecerá en los siguientes semestres). Cabe aclarar que debido a que las cosas buenas son muchísimas más que las malas, esta entrada será un poco injusta, ya que no podré abarcar a toda la gente que conocí y de la cual he aprendido tanto…

En primer semestre conocí al buen Arturo, que luego desertaría de la carrera y se iría a estudiar Odontología, pero que se convirtió en un excelente amigo que me hizo reír hasta dolerme la panza. Él y la flaka (conocida en el bajo mundo como “la estrella del grupo de jazz de la UPN”), se convirtieron de inmediato en mis mejores amigos.
También conocí a Mayra, Gina y Mirna, quienes junto con Gaby, una antigua conocida de mis ayeres como administrativa en un colegio, llegaron a conformar mi equipo de trabajo base, el equipo con el que he trabajado durante largas horas de ardua labor, discusiones interminables, solidaridad y fatiga compartida.

Mi primera clase en esta escuela fue con el maestro Fernando, Ciencia y Sociedad. Me quedé pasmada con su sapiencia y a pesar de que me daba miedo en un principio, terminó por ser uno de mis maestros más respetados y queridos. El maestro Samuel se convirtió en un cuate con el que comparto gustos y aficiones, ahora es mi tutor y una de las pocas personas con quien puedo hablar sinceramente de lo que me pasa. El maestro San Miguel es un hombre muy perspicaz, gracioso y buena onda, además de un verdadero apasionado de la cultura helénica.

Mención aparte merece la maestra Amada Elena, única en su tipo: serena, conciliadora, muy humana y muy inteligente. La amiga que todo el mundo desearía tener.

Entré a estudiar Inglés al CELEX de la UPN, y conocí a Belinda, una mujer modelo, gran persona y entregada al estudio de los idiomas. También allí conocí a Brenda, una mujer muy valiente por defender su sexualidad ante el asombro y el juicio de todos… y además de todo, apasionada por Harry Potter igual que yo. En CELEX tuve el gusto de conocer a Mandy Mason, una trotamundos muy culta y divertida, así como a algunos otros compañeros con quienes pude practicar el idioma y sentirme como en casa.

En el Taller de Teatro conocí al buen Benja, y a entrañables compañeras como Joss, Irma, Iris y Viridiana. También me hice amiga de Don San, un maravilloso ser humano. En el taller de Arte fui simple y sencillamente FELIZ. Tendría que dedicar una entrada aparte para recuperar esas experiencias y la gente querida que conocí y a quienes aún tengo en la más alta estima…

En segundo semestre tuve a la maestra Ana María, que aunque me hizo ver mi suerte en un momento dado, ha sido de las personas de quien más he aprendido en la carrera. Ahí también conocí a Dany, Carmen y Liliana, junto con quienes compartí momentos inolvidables y han sido de las mejores amigas que he podido hacer en la carrera. En tercero tuve a la maestra Virginia, quien dominaba impresionantemente la materia que impartía, y a quien admiré por su profesionalismo y sinceridad en la asesoría.

En cuarto semestre César indudablemente me salvó la vida… y el profesor Jorel me hizo reflexionar en que las Matemáticas podían tener su encanto. En quinto semestre todos mis maestros fueron buenos, la maestra Sara de Comunicación, la maestra Guadalupe de Currículum, la maestra Clara de Gestión, el maestro Carlos de Investigación y el maestro Mario de Orientación. De todos podría decir algo bueno, pero en general puedo decir que me inspiraron. En sexto semestre he conocido a la maestra Patricia de Didáctica, y he empezado a descubrir la pasión que siente por su trabajo y de la cual carecen la mayoría de los profesionales de la educación.

En fin que haciendo un resumen muy sintetizado de las cosas buenas que he vivido en la UPN, puedo sentirme orgullosa de que me han tocado los compañeros y maestros que merezco, ni más ni menos.

Puedo hablar con orgullo de tener dos sietes en mi boleta, mismos que como es sabido, no reflejan lo aprendido, pero sí lo duro que ha sido el paso por la vida mientras he estudiado en esta institución.

Afortunadamente he tenido compañeros que han sido “matados”, “ñoños”, “huevones”, desobligados, de todo… he podido estar cerca de gente que piensa de manera diametralmente opuesta a la mía, lo que me ha hecho aprender endemoniadamente de la vida. Por fortuna nunca me junté ni con los muy holgazanes y frívolos que me hubiesen inducido al vicio y los placeres (ja!) y hubiese desatendido mi estudio; ni me junté con los que se creen muy sabios, ya que habría estado en constante competencia por ser el pensador que México esperaba.

Estuve con gente normal, con gente que tiene un pensamiento común, muy similar al resto del mundo, gente que me da cuenta de lo que soy y en dónde estoy situada, gente que no me dejó viajar al Olimpo, que me bajó a tierra cuando fue necesario, y que me levantó del suelo cuando así lo requerí.

Conocí a gente con un nivel intelectual inferior al mío, pero también gente que me superaba llevándome años luz de distancia, dejándome siempre con la boca abierta y sin un parpadeo. Todo el tiempo estuve en el centro, quejándome de todo, criticando, no estando conforme, pero aprovechando esta situación de caos para aprender a mi propio ritmo, para darme mis pausas, para darme mis gustos y darme chance de disfrutar hasta el más mínimo detalle, de disfrutar inclusive el sufrimiento.

Sí, efectivamente nada fue cien por ciento malo.

El sexto semestre está por terminarse, y una nostalgia inaudita comienza a invadirme de pronto: lo no aprovechado ya no se aprovechó, las palabras lindas que no dije en su momento, ya no se dijeron… pero lo bueno que he vivido ya está escrito en esta historia. Todavía falta… pero hasta aquí habrá un cierre. Lo que ocurra el otro año… es algo de lo que aún no quiero preocuparme…

mayo 03, 2008

Mi historia en la UPN


Estudiar una carrera no es fácil… pero el panorama cambia cuando al entrar a estudiar Pedagogía llevas diez años trabajando en el ramo, no has dejado de estudiar y de leer, y tienes la misma cantidad de años de ser madre: todo parece que será más sencillo.

Los dos primeros semestres pareces conocerlo todo. Empieza a volar sobre ti la idea de que te metiste a estudiar algo complicado, pero te encanta aprender a cada momento, te apasiona la educación. Has dado clases antes en varios niveles, y has estado en tantas escuelas y has conocido a tantos maestros, que te las sabes de todas, todas. Te gusta participar y tienes “la verdad en la boca”. Entran personas nuevas en segundo semestre y el grupo parece rechazarlas, pero tú sin más ni más, las conviertes en tus amigas.

Llegas al tercer semestre y todo parece cambiar de pronto: aquél que era tu grupo amable y buena onda, se convierte de pronto en una división de incómodos grupitos, generando un ambiente tan desagradable, que ni tu amada maestra de Psicología Social con sus dinámicas y su buena voluntad logra unificar.

Empiezas a tener maestros deshonestos que abusan del poder que tienen, algunos otros son desobligados y no asisten a sus clases, y por si fuera poco, hay un proceso electoral de por medio en tu país. El futuro es incierto, parece avecinarse una revolución debido al fraude del que somos víctimas todos los mexicanos, pero tras la tensión, nadie sospecha que finalmente no va a pasar nada: el fraude se hará efectivo.

Tu mente se empieza a preparar psicológicamente para la guerra: ¡es en serio! Mitad norte azul, mitad sur amarilla, así están las estadísticas. Nunca antes habías notado con tanta fiereza la división de clases, y por si esto no fuera suficiente, es el tercer semestre, ¿recuerdas? Todas las materias son eminentemente sociales.

Sientes que encajas menos que nunca en un grupo donde antes te sentiste cobijada, no tienes motivación alguna por entrar a clases que te van a doler. ¡Tú y tu maldita sensibilidad! Entras en conflicto con los maestros, ya no te conformas con escuchar a alguien que tiene conocimientos, quieres oír a alguien que es honesto consigo mismo, de no ser así, no te satisfacen ya las cátedras.

El grupo empieza a mirarte feo. Sienten que les has fallado… para algunos eras una persona inteligente, certera, franca. Ahora ya no eres nada. Tu silencio es una protesta ante tanta necedad, pero ellos lo ven como desinterés. ¡Vaya que si me interesa, por eso me duele! pero quien no sabe ver más allá, o no tiene por qué perder el tiempo en psicoanalizarte, simplemente te juzga.

Ya no te sientes cómoda, y eso sin contar que estás por cumplir treinta años y dejarás de pertenecer a la población de los veintitantos. Eso pesa… no te imaginabas que así iba a ser, pero es inminente: estás en crisis. Eres una mujer joven, como cualquier otra, pero te sientes como de la tercera edad.

Nunca faltan amigos que te animan, pero a pesar de todo, piensas que nada tiene sentido…entonces unos ojos oscuros te miran, y te dan la alerta roja de que estás por perderte los últimos minutos de la infancia de tu hija. Ella está cursando el último año de primaria y luego ya nada será igual.

Entonces sacas fuerzas de no sabes dónde…(hace mucho que no le hablas por teléfono a Dios) y tomas una decisión: deberás cambiarte de grupo en cuarto semestre para probar nuevos aires, conocer nuevas personas, volverte a ganar un lugar en un grupo nuevo.

Pero sucede un desastre: tienes crisis también en tu pareja, él parece no querer dejarte ir… y te enamoras de alguien más sin que llegue a pasar nada con él. ¡Maldita la cosa! Una maestra te hostiliza, el grupo es el más apático que pudiste imaginarte, la mayoría de los maestros son pésimos de verdad, la única amiga que tienes en el grupo falta mucho a clases, y estás por lo general, sola.

No es esa soledad que siempre procuras, y la que te hace estar contigo misma y poder concentrarte, no. Es una soledad pesada, de esa soledad que hiere, es el sentirte sola de verdad, abandonada por la gente que no tiene el más mínimo interés en preguntar si te pasa algo, esa gente que tendrá sus propias broncas y no le interesará más que salvarse a sí misma… esa gente de la cual no pides nada, pero desearías que supiera que aún existes.

Mueres por un abrazo, el cual no te falta en los pequeños brazos de tu hija de once años, y cuando llegas a casa todo parece mejor… pero hay presión de tareas, hay hojas en blanco en la computadora que te gritan que les escupas algo… y tus dedos no pueden escribir ya nada… te sientes vacía, sólo quieres que el semestre se termine.

Por fin llegas al número cinco. Las aguas están mansas y regresas con tu grupo. Ahí parece no haber pasado el tiempo, la mayoría te conoce y te saluda como si nada… otros cuantos te miran raro, como al soldado que regresa derrotado: las heridas se te ven por todas partes. ¡Pero no importa! Tienes buenos maestros y eso es muy motivante… ojalá que siempre pudiera ser así.

Tu hija entra en la secundaria… la miras crecer y convertirse poco a poco en mujer. Lo mejor de tu etapa como madre está sucediendo ahora, superaste la crisis de pareja y estás por fin libre, libre para enamorarte de nuevo si fuera posible, si al menos alguien notara que andas por ahí...

Estás de nuevo con tu grupo de siempre y la mayoría de tus maestros no te decepcionan. Un semestre pesado, pero que ayuda a recuperar tu nivel. Ya no te importa sacar dieces, los dieces no reflejan lo que aprendes. Te das cuenta que los dieces no siempre se ganan con conocimientos, sino más bien con productos, muchos de ellos hechos bajo presión con la mano en la cintura, productos que no sirven para otra cosa que no sea para poner un puntito en la lista, productos vacíos que nadie leerá; así que sigues buscando lecturas y actividades que te interesan más que lo que dicen los maestros, y esto empieza a convertirse en prioridad para ti.

Ahora estás en sexto semestre… se podría decir que has terminado. Estás por elegir campo de concentración (sic) y te sientes indecisa. Sabías que este momento llegaría y ya estás en medio de él. No dejas de leer libros sobre adolescentes, y sonríes al mirar que vas por el camino correcto como mamá. Tu convivencia con tu hija es más que hermosa, y eso se refleja en la confianza que tiene para hablar contigo de cualquier tema, vuelves a creer que un Ser Supremo existe, y que vive en el amor que sientes por tu familia y tus amigos. Te apasiona más que nunca la relación entre el Arte y esa juventud que sientes dentro, y que se antoja eterna. Sabes que tu camino te llevará a especializarte en eso, y nunca faltan personas que te orienten de verdad.

A tu alrededor todo el mundo se estresa de más. Al parecer tú ya has encontrado lo que te funciona, pero ellos tienen su propio proceso.
"¡Hakuna Matata! "
Pareces gritarles, y eso no hace más que restarte seriedad. ¡Sea por Dios! Como si el ser intelectual y responsable estuviera peleado con divertirse y disfrutar… (por eso hay tanta gente loca para quien el entretenimiento es pérdida de tiempo).

Siguen molestándote algunas cosas, tal vez una de ellas sea precisamente esa: que tus compañeros más cercanos han estado tan ocupados en centrarse en sus estudios y en sacarse dieces, que tal vez no han sido conscientes de su propio proceso como seres humanos. Algunos son ya unas máquinas que repiten las palabras que están en los textos. Nadie se atreve a decir su propia opinión, tienen miedo a cuestionar a los autores y a los profesores. Han hallado la fórmula de cómo darles gusto a los maestros, mientras tú sigues resistiéndote a ello, pues tienes tus convicciones personales que al parecer ninguno comparte.

Sabes que es el último respiro. De ahora en adelante podrás trabajar sola. Has logrado aprender cómo trabajar en equipo, pero no te has topado con nadie que comparta tus ideas, así que has tenido que ceder muchas veces a su forma de trabajo aunque te ha sido difícil. En el campo trabajarás sobre tu tesis, pero prepárate para los obstáculos, que nunca faltarán.
Nadie sabe que tu rebeldía no es una necedad de juventud: tienes edad, experiencia e inteligencia suficientes para defender razonablemente tus intereses… pero nadie te ha dado tiempo… nadie te ha dado oportunidad de justificarte ante los otros. Cuando te has expresado, nadie parece oírte o tomarte en serio.

Este es el momento tal vez. No sé qué alcance tenga, pero yo, ya me he desahogado.

junio 18, 2007

Viajes propios, pasos ajenos

Sensación de estar solos, de no encajar en el rompecabezas social que nos rodea... obscuridad, amargura, estrés permanente: mal de nuestro tiempo.

De pronto un destino, la magia de las cartas del Tarot, el descontrol, el descubrimiento del otro ser que habita dentro de uno mismo y que clama por salir a la luz... los aromas, los sonidos y las texturas que despiertan tanto a los demonios como a los ángeles que pueblan nuestro interior... esos que conviven juntos en eterna lucha y que por fin se han decidido a firmar la tregua y disfrutar de un tiempo de paz...

Los caminos andados por esos seres ahora luchando por permanecer en tregua, un nuevo par de zapatos, no el propio, sino el de otro: la odisea de ponerse el calzado de alguien más que no está hecho a mi medida, y otras experiencias más que se adivinan a través de las obras, son las que pueden verse reflejadas en la muestra colectiva que presenta el Grupo de Arte Contemporáneo de la Universidad Pedagógica Nacional, titulada "Viajes propios, pasos ajenos"

La Galería El Último Río, dentro del Foro Cultural de la Magdalena Contreras, es el lugar donde inicia este nuevo viaje que el grupo pretende emprender a través de diversos espacios en donde puedan dar a conocer ésta y muchas más vivencias y procesos creativos que los lleven a consolidarse como artistas completos.

La exposición estará abierta de Lunes a Viernes de 10:00 a 20:00 horas
del 15 al 29 de Junio del presente 2007.

Una muestra que aunque breve, es altamente recomendable para todos aquéllos que gusten del arte moderno y de sentir la obra sin necesidad de mayores argumentos.

¡Felicidades!

septiembre 13, 2006

¿Qué pedo con la pedagogía?

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

De acuerdo, no es una frase muy inteligente, pero no dudo que más del 50% de los pedagogos se lo hayan preguntado antes. Y digo más del 50 si quiero ser optimista, pues deseo pensar que somos mayoría a los que no nos vale lo que estamos estudiando, pues no está a discusión que al resto le importa un reverendo cacahuate, mientras saliendo de la carrera tengan a quién darle clases...

Es que síiiiiiiii!!!!! he andado medio depre, medio down, medio blue o como le quieran decir. No sólo por mis recién cumplidos treinta años, en los que me siento como flotando en medio de una menopausia prematura, sino porque es de esos momentos en los que te cae el veinte de muchas cosas (qué rezagada ironía). Lo malo es que no todas son para bien, o al menos no parecen serlo cuando recién las descubres.

Peleada ya no solo con Dios, (con quien me doy mis tiernos agarrones a cada rato), ni con mis demonios, con quienes me voy llevando mejor cada día que pasa, sino que ni el Diablo ni mis dioses me dejan saber qué diantres es eso de la Pedagogía, y para qué canijos sirve.

Enfrascada en eternas discusiones internas: que si cuando quería estudiar teatro me dije: ¿y para qué?, si cuando quise ser artista plástica me dije: ¿y para qué?, o cuando quise hacerle a la cantada con mayor razón me dije ¿pa´qué chinga's?... si lo que sobra en este mundo son artistillas...

Mejor -me dije- ponte a estudiar algo que valga la pena, algo en lo que también puedas ser buena, innovar, descubrir el hilo negro, proponer, ser especial más fácilmente. Pues como tengo experiencia de maestra y conozco bien -según yo- el ambiente educativo, ¡pus fácil: Pedagogía!

Y ¡Tómela, muñeca! que me voy dando cuenta a inicios del tercer semestre, que nunca voy a saber si existe Dios o si existe el Diablo, o si existe la Pedagogía o es una quimera. Tanto quemarse las pestañas y asarse el cerebro en debrayes filosóficos para que a la mera hora me salgan con que : "Allá tú lo que quieras creer. La ciencia misma está plagada de subjetividades"

¡Mta! Y pues bueno, ya iré saliendo poco a poco de este trance y volveré con más bríos a opinar de alguna cosa, porque ahorita, me cae que no sé ni quién soy yo misma... en balde tan buenas notas... da tristeza, deveras.

¡¡Necesito un abrazo!!

Quien me encuentre por el camino, no olvide darme el pésame por la muerte de mi último resquicio de inocencia... aunque luego vuelva a las profundidades del averno para traerlo de nuevo a la vida. (Soy una idealista nata, qué quieren... y también una maldita artista... y funciono con emociones...aunque sea ésta la última vez que me autonombre así: ARTISTA)

SNIF!

agosto 09, 2006

Ángel de mi Guarda

Un pueblo mexicano dormido, deprimido y al borde del abismo. Es una realidad en pleno 2006, cuando después de las elecciones del pasado 2 de julio nos hallamos en medio de un callejón aparentemente sin salida, y casi forzados a militar en uno u otro bando.

Eso es lo que Adam Guevara quiso plasmar hace más de diez años, cuando en pleno sexenio de Ernesto Zedillo, vino a escribir “Ángel de mi Guarda”, una farsa pensada para que en medio de personajes irreales, podamos situarnos en el centro de esta lucha donde estamos atrapados, y donde no hay otra que repensar a nuestro tan amado y padecido país, dentro del cual seguimos sufriendo en mayor o menor medida, los estragos de la desigualdad, la injusticia y la pobreza.

Le invitamos a presenciar esta maravillosa puesta en escena, donde recordamos que estos males, tal como la situación de las mujeres, no han cambiado mucho, no sólo desde el momento en que fue escrita, sino desde muchos, muchos siglos antes.

ASÍ ES, QUERIDOS... YA LES AVISARÉ CON TIEMPO, PERO ESTAMOS CON FECHAS TENTATIVAS PARA PRESENTARNOS:

1 2, 8 y 9 DE SEPTIEMBRE DE 2006 FUNCIONES: Viernes 12.00 y 6.00, Sábado 12:00 horas. AUDITORIO LAURO AGUIRRE, UNIVERSIDAD PEDAGOGICA NACIONAL

APÚNTENLO EN SU AGENDA, QUE YA LES CONFIRMARÉ