Dicen que si es mal pan y mal circo, mucho mejor... pero a pesar de que la intención de Juvenal cuando escribió esta frase, era criticar a los gobiernos por tener a la gente entretenida en tonterías mientras el país se acaba poco a poco; el circo de los domingos en la TV mexicana amerita del poeta romano el beneficio de la duda: una guerra de Reality Shows que, para quien no conozca esa parte oculta de mis aficiones, constituyen una gran debilidad en mis gustos de entretenimiento.
La Academia de TV Azteca ha sido desde su primer año de vida, el pan nuestro de cada ocho días, y ahora que a Televisa se le ha ocurrido continuar con las súper producciones de los hermanos Galindo en donde juntan famosos y desconocidos para realizar un "sueño", mi control remoto es esclavo del zapping entre el canal 13 y el 2.
No es para menos: La Academia es un proyecto probado, los profesionales opinarán que es "pan con lo mismo", pero yo diría que "lo mismo siempre sabe diferente". Salvo algunas cosas como el pesado del director de la casa, un tal Héctor Martínez, o el patiño de jurado que es Enrique Guzmán, yo veo el programa por las cosas rescatables. ¿Cuáles son esas? La frialdad de Arturo López Gavito, el profesionalismo de Raúl Quintanilla (aunque hable como abuelito) y la impecable conducción del chilenito Rafael Araneda. Además del talento de la mayoría de los concursantes, cuya inmadurez e imagen prefabricada no demerita la voz con la que a pesar de su corta edad fueron dotados por la naturaleza.
Tal vez cantarán canciones comerciales, muchas de ellas sin chiste, y la escenografía enoooorme para darle peso al asunto, así como las coreografías, en su mayoría espantosas, pueden ser algunas de las cosas que opaquen otras cosas que pueden verse detrás de la parafernalia. El morbo nos llama, al menos conmigo es así.
En mi vida carente de emociones los domingos de lluvia, en los cuales mirar la tele en compañía de la familia se convierte casi en un ritual obligado, La Academia cumple su cometido. Ver llorar a los concursantes, conmoverme o burlarme de ellos, han sido desde hace ya algunos años, desde la primera generación de donde salieron Miriam, Yahir, entre otros; las emociones que me han supuesto un aprendizaje, una reflexión. El estar de acuerdo o no con mis adorados jueces (que ya no están) Regina Orozco, Lola Cortés y Oscar Sarquiz, o hacer corajes con la mediocridad de ciertos conductores, productores y concursantes que acabé por no desear ver ni en pintura.
Por otro lado, Adal Ramones fue la diversión de cada martes allá por mis años mozos, y a pesar de tener ciertas actitudes que no me gustan mucho, el reality que ahora conduce y que lleva por nombre El Show de los Sueños tiene, para beneplácito del público, la hermosa voz de Ernesto D'Alessio (lástima de familia, pero ella y la Lupe se cuecen aparte); el talento aparentemente sin límites del buen Kalimba Marichal (que le hace honor a su apellido), y la naquez de Gloria Trevi como cereza en el pastel. Los demás no son muy brillantes que digamos (aunque mi amigo Daniel me mate porque adora a la Edith Márquez), y los jurados...mmm...serán muy conocedores los tales Emma Pulido y Félix Greco, pero nomás no me hacen click. Me enternecen mis compadres los Kabah yendo a apoyar a la Josa que, seamos sensatos "da las notas más altas" pero toda su vida ha gritado, eso le encanta... ni modo, aunque la quiera, tengo que decirlo.
Total que aquí está mi humilde opinión, y aunque se me acuse de coprófaga, no me interesa. Ahí les dejo un link que actualiza los detalles de cada emisión...(http://derealitys.com/)
Háganme saber qué opinan de estos programas del demonio, ¡que viva la interacción!...y para quien guste de críticas sabias, aunque no sean positivas, léanse a Álvaro Cueva, amante número uno de la caja idiota.
Hasta luego :)