noviembre 23, 2009

El blog que nadie lee

Sigo aquí, recibiendo cero comentarios en mis entradas por razones desconocidas. Ojalá sea porque nadie me lee, pero si la razón es que a nadie le importan mis burradas, eso ya es preocupante, tomando en cuenta que quienes tienen la dirección de este blog, se supone, que son personas cercanas de alguna forma a mí.

Los últimos dos meses fueron claves en mi vida para crecer y reencontrarme, lo cual no es nada nuevo si alguien ha estado leyendo en silencio todos mis escritos correspondientes a septiembre, octubre y lo que va de noviembre. Aunque claro, estoy consciente de que cuando uno se desahoga, a veces ya no queda más por decir, pues ni siquiera un "Ánimo, todo va a estar bien" sirve de mucho cuando el corazón está anegado en dolor y en desesperación.

Tal vez debería hablar de cosas más universales en lugar de hacer berrinches personales en cada uno de los posts que conforman este diario virtual, pero por eso hice el otro blog, el de opinión general, en donde toco temas que tal vez puedan o no interesarle a la gente... aunque tampoco nadie comenta, y eso me saca de onda.

Veo que los bloggeros suben y suben entradas y los más populares tienen docenas de seguidores, e igual o mayor número de comentarios en cada tema. Otros blogs son muy buenos pero no tienen nada de comentarios, igual que yo. Entonces digo, "¿Por qué? si esto está interesantísimo" y comento...

En fin, que no acabo de entender este mundillo de los blogs. Yo sólo sé que lo uso para exorcizarme. Públicamente, sí, ni modo, me arriesgo a vivir en estos tiempos que me tocaron, y si de paso a alguien le mueve la intención de decirme algo a cambio, es ganancia adicional, de cuya ausencia prometo no volverme a quejar.



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noviembre 19, 2009

Noviembre: mi canción del mes

Octubre no tuvo canción, no podía tenerla. Pero ya estamos a mitad de Noviembre... y Cecilia Toussaint, mi ídola de ídolas tenía que traerme esta que es una de mis canciones favoritas DE LA VIDA!!

Disfruten Sirena de Trapo, disfruten a Ceci, disfruten la fortuna de amar, aunque uno no sea amado!!!

noviembre 16, 2009

Un sueño compartido

Ella llegó temprano y él la recibió recién bañado. No sabría explicar por qué eligió el pantalón más limpio y una playera nueva, pero ahí se encontraba, como un adolescente ansioso ante su primera vez. Ambos sabían que no sería eso para ninguno de los dos. Él sólo abrió la puerta y la dejó pasar, ofreciéndole asiento como si se tratara de una visita formal.

Por el chat habían quedado en hacerse un favor mutuo: él era buena onda, despreocupado y guapo, y estaba pasando por una racha de mala suerte en cuestión de mujeres. Ella necesitaba recordarle a su piel lo que era vibrar ante el sexo para no llegar vulnerable cuando se entregase al verdadero amor.


Se miraron fijamente, nerviosos, dudosos de lo que anteriormente habían acordado con tanta gracia y sin complicaciones. Él le ofreció algo de tomar y ella sonrió. No era como lo había imaginado. Pensó en pararse de puntillas y treparse hasta la altura de su cuello para luego subir a trompicones las escaleras rumbo a su cuarto... pero ahora estaba ahí, sentada en la vieja sala de los años cuarentas, como una señorita decente con las piernas juntas y esperando una taza de té.


El joven regresó avisando que el agua tardaría un poco en calentarse, y que mientras tanto deberían esperar. Ella lo invitó a sentarse a su lado y él se acomodó en el sillón sin saber qué decir. Ninguno sabía qué seguía, él quería acariciar sus cabellos y ella enredarse en su cuerpo con más premura de la que hubiera imaginado, para acabar de una vez con todo y largarse de ese lugar.


-¿Quieres...que te bese?- preguntó él seriamente. Ella se lo pensó un poco y luego negó con la cabeza.

-No lo sé. ¿Para qué son los besos?

-S-son el preámbulo...

-Entonces no es necesario ya...-contestó mirándolo con las mejillas rojas y la humedad entre las piernas. Recibirlo ahí, en ese sillón, entregarse en un suspiro fogoso, ofrecerle el cuello, arrancarle la ropa, aspirar de su pecho el perfume que acababa de vaciarse encima era todo lo que quería hacer entonces. No había tiempo de cursilerías, de tomarse la mano y acariciarse con cariño, eso no le correspondía a él. No quería dar explicaciones, decirle "Mira, quiero revivir la memoria de mi cuerpo, hace tanto que no estoy con nadie, y él ha estado con tantos, que ahora sólo quiero que me tomes y me hagas sudar. A él sí quiero amarlo, tú sólo poséeme y después acompáñame a la puerta."


El chillido de la tetera interrumpió la intención de lanzarse encima de ella, probar sus labios, amoldar sus enormes manos sobre sus enormes senos, disfrutar ese cuerpo hasta entonces desconocido, excitarse con la idea de que él fuera deseado por ella, de que después seguirían siendo amigos, compartiendo un secreto íntimo ante el cual sonreír con descaro. Se levantó nervioso y corrió hacia la cocina para apagar el fuego que hacía hervir el agua. ¿Debía preparar el té o sólo aplacar el ruido? La respuesta era obvia, así que volvió corriendo y sin pedir permiso se abalanzó en sus brazos llegando directo a probar su boca.


Ella dio un beso forzado, sorprendido, acelerado. No quería entretener más su lengua jugando en la cavidad de su amigo, quería desprenderse de todo pudor y llevó sus manos a despojarlo de la playera. Él entendió el mensaje y desabotonó torpemente su blusa, ella gemía, ya no había agua caliente en la cocina, no estaban el perro ni el abuelo, nadie que interrumpiera la realización de ese momento... pero un ruido insistente la hizo girar hacia la mesita de al lado para callar la alarma del despertador.


Aún con el corazón acelerado abrió los ojos y miró que ya era la hora. Tenía que levantarse y sentarse ante el ordenador. Se acomodó el pijama y se lavó los dientes... sonrió al encontrarlo en línea y se resistió a saludar.


-¿Por qué no me saludas?- parpadeó el mensaje en la barra de tareas...

-Puede que aún esté dormida, es que me acabo de levantar...

-Ah... yo también, estoy desvelado.
-¿Y eso?
- ...anoche soñé contigo...

-...¿Ah, sí? ¿Qué soñaste?

-...que venías a mi casa... y me violabas...-emoticón de sonrisa traviesa.


Emoticón de carcajada y cambio radical de tema. Ya no haría falta proponerlo en serio, pues un sueño compartido podría ser considerado una realidad...



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noviembre 06, 2009

Mucho más que piel

Una simple mirada lo desencadenó todo. Luego cerraron los ojos y se lanzaron al vacío que les aguardaba sobre el edredón. El vértigo fue impresionante, el brinco en el estómago, el mareo y el escalofrío. El beso a profundidad, el abrazo al cual se aferraban como si fuera el paracaídas. Los corazones a cien.

Sería la primera vez que sus pieles se encontraran, y las manos tímidas de él buscaron el contacto bajo la ropa. No había ansiedad, persistía el miedo, ese miedo que por fin dejaría de ser pared para convertirse en puerta. Los labios les temblaban de emoción pero no querían separarse ni un solo centímetro. Temían que al hacerlo y abrir los ojos, volviera ese pánico a hacerlos presa deteniendo aquél instante para siempre. No querían mirarse asustados y soltarse precipitadamente para acomodar sus ropas y decidir guardar compostura. No podía pasarles eso más, ya no más.

Por eso abrieron los ojos decididamente, y ese golpe de mar y tierra en la cercanía los hizo asentir por dentro. Él la miró unos segundos y luego apretó sus labios contra los de ella, no cabía la menor duda. Derritiéndose por dentro bajó a su cuello, buscó su pecho con la mano y lo aprisionó suavemente. Sus pulsaciones se aceleraban al mismo tiempo que el masaje se iba tornando más dulcemente rudo. Él se acomodó entre sus piernas. Con suaves movimientos bailó sobre su cuerpo tendido, elevando la temperatura del cuarto. Parecía una serpiente reptando por las dunas, dibujando curvas con su espalda, impactando la arena de su voluntad en cada fricción. El efecto que tenía sentirlo crecer sobre la ropa le hizo atraparlo entre sus brazos y creerlo suyo... y asumirse suya. Acarició su cabeza y agradeció el cabello escaso, apenas creciente que le permitió seguir con sus manos la redondez de su calavera y palpar la piel que cubría su cráneo. Atrajo su rostro y lamió su boca, luego buscó hambrienta sus orejas, él se estremeció.

Los gemidos acompasados les hacían temer de nuevo que aquello fuera una locura. El miedo no dejaba de soplarles detrás de la nuca con su aliento frío, pero el calor de sus cuerpos rebasaba pronto el aura que estallaría varios minutos después, cuando el blanco de sus pieles se fundiera en uno solo, cuando no hubiera forma de averiguar dónde empezaba uno y terminaba el otro, quién era el hombre, quién la mujer... cuando el canto de los lamentos placenteros se fusionara en un mismo tono, cuando el roce de sus sexos les hiciera sudar, gritar, llorar y adorarse juntos, cuando la danza de sus vientres les hiciera perder la cabeza y encontrar el alma perdida, cuando un beso suave culminara el ritual, cuando el abrazo final les hiciera sonreír plenos de dicha, de juventud, de vida.

No habría más dolor que hiciera ruido. El pasado sería sólo un instante doloroso, una cicatriz bultosa que sólo duele al tocarla, pero que ya no sangra más. Un pasado que alguna vez fuera un insoportable equipaje, pero que ahora es sólo un pequeño tesoro que guardar en la gaveta, mirar de lejos y darle la espalda para besarla de nuevo, para conquistar el secreto oculto detrás de su mirada triste y sonreír porque están vivos, y porque sexo, pudor o lágrimas, nunca más va a dar igual.

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noviembre 05, 2009

Ayer

La tarde cayó sobre mis hombros llevando consigo la pesada carga de las prisas. Llegué al lugar que ya siento como casa y me dediqué al trabajo. Fueron buenas las cinco horas de anticipación, ni más, ni menos. La soledad del camerino me envolvió... soledad como siempre. Y extrañé tu risa, tus manos, tu mirada reflejada en el espejo...

Traté de sentirme una estrella, sentada en ese espacio en donde tantas veces has estado tú. Era inevitable pensar en tí, soñar que entrabas por esa puerta irrumpiendo mis pensamientos con un ramo de rosas. Idear un momento mágico a solas, sin prisas y sin miedo... todo estaba ahí, listo para que tú entraras como cuchillo en mantequilla, pero el corazón me decía que no estarías ni de broma.


Comenzó a llegar la gente, y mi pose de diva se empezó a romper, espiando tras las cortinas para ver quién estaba, quién faltaba, y sonriendo de ver que hay gente que me aprecia y que cumple sus promesas.


La función empezó. Titubeé. Luego los vi, me impuse, les traté de seducir, me valió, me entregué, te tuve de nuevo y te perdí en escena... fingí que no importaba, terminé. Luego recibí los abrazos y después me desmoroné... la penumbra del camerino me rebasó mientras alguien afuera alardeaba del tiempo que pudiste dedicarle un día antes para hablar de teatro... hay quien tiene ese privilegio...


Terminando la noche quedó un solo amigo, el único. Él me regaló un abrazo y una flor seca de cempasúchitl. Ese fue mi consuelo al final... palabras sabias... o necias quizás, o complacientes, no lo sé. El caso es que nadie entiende, si no lo sienten no lo entenderán jamás. Lo que sigo sintiendo es difícil, muy duro de sobrellevar aún. No es sencillo amar así, en silencio, sin esperanza, y con el recuerdo de una complicidad latente que se concretó en un beso, y se hirió con mis palabras.


Hoy le escribí. No quise ponerle ni un "te quiero", aunque ya lo sabe. No quiero que un "te extraño" le haga sentir acoso o presión alguna... pero quiero que recuerde que existo, y que si se olvidó que ayer había una función que esperaba de él aunque sea un "deseo de mierda", lo recuerde y me recuerde... aunque me odie, aunque le fastidie. Yo sólo quería hacérselo saber. En respuesta no espero más que silencio otra vez.


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