Por el chat habían quedado en hacerse un favor mutuo: él era buena onda, despreocupado y guapo, y estaba pasando por una racha de mala suerte en cuestión de mujeres. Ella necesitaba recordarle a su piel lo que era vibrar ante el sexo para no llegar vulnerable cuando se entregase al verdadero amor.
Se miraron fijamente, nerviosos, dudosos de lo que anteriormente habían acordado con tanta gracia y sin complicaciones. Él le ofreció algo de tomar y ella sonrió. No era como lo había imaginado. Pensó en pararse de puntillas y treparse hasta la altura de su cuello para luego subir a trompicones las escaleras rumbo a su cuarto... pero ahora estaba ahí, sentada en la vieja sala de los años cuarentas, como una señorita decente con las piernas juntas y esperando una taza de té.
El joven regresó avisando que el agua tardaría un poco en calentarse, y que mientras tanto deberían esperar. Ella lo invitó a sentarse a su lado y él se acomodó en el sillón sin saber qué decir. Ninguno sabía qué seguía, él quería acariciar sus cabellos y ella enredarse en su cuerpo con más premura de la que hubiera imaginado, para acabar de una vez con todo y largarse de ese lugar.
-¿Quieres...que te bese?- preguntó él seriamente. Ella se lo pensó un poco y luego negó con la cabeza.
-No lo sé. ¿Para qué son los besos?
-S-son el preámbulo...
-Entonces no es necesario ya...-contestó mirándolo con las mejillas rojas y la humedad entre las piernas. Recibirlo ahí, en ese sillón, entregarse en un suspiro fogoso, ofrecerle el cuello, arrancarle la ropa, aspirar de su pecho el perfume que acababa de vaciarse encima era todo lo que quería hacer entonces. No había tiempo de cursilerías, de tomarse la mano y acariciarse con cariño, eso no le correspondía a él. No quería dar explicaciones, decirle "Mira, quiero revivir la memoria de mi cuerpo, hace tanto que no estoy con nadie, y él ha estado con tantos, que ahora sólo quiero que me tomes y me hagas sudar. A él sí quiero amarlo, tú sólo poséeme y después acompáñame a la puerta."
El chillido de la tetera interrumpió la intención de lanzarse encima de ella, probar sus labios, amoldar sus enormes manos sobre sus enormes senos, disfrutar ese cuerpo hasta entonces desconocido, excitarse con la idea de que él fuera deseado por ella, de que después seguirían siendo amigos, compartiendo un secreto íntimo ante el cual sonreír con descaro. Se levantó nervioso y corrió hacia la cocina para apagar el fuego que hacía hervir el agua. ¿Debía preparar el té o sólo aplacar el ruido? La respuesta era obvia, así que volvió corriendo y sin pedir permiso se abalanzó en sus brazos llegando directo a probar su boca.
Ella dio un beso forzado, sorprendido, acelerado. No quería entretener más su lengua jugando en la cavidad de su amigo, quería desprenderse de todo pudor y llevó sus manos a despojarlo de la playera. Él entendió el mensaje y desabotonó torpemente su blusa, ella gemía, ya no había agua caliente en la cocina, no estaban el perro ni el abuelo, nadie que interrumpiera la realización de ese momento... pero un ruido insistente la hizo girar hacia la mesita de al lado para callar la alarma del despertador.
Aún con el corazón acelerado abrió los ojos y miró que ya era la hora. Tenía que levantarse y sentarse ante el ordenador. Se acomodó el pijama y se lavó los dientes... sonrió al encontrarlo en línea y se resistió a saludar.
-¿Por qué no me saludas?- parpadeó el mensaje en la barra de tareas...
-Puede que aún esté dormida, es que me acabo de levantar...
-Ah... yo también, estoy desvelado.
-¿Y eso?
- ...anoche soñé contigo...
-...¿Ah, sí? ¿Qué soñaste?
-...que venías a mi casa... y me violabas...-emoticón de sonrisa traviesa.
Emoticón de carcajada y cambio radical de tema. Ya no haría falta proponerlo en serio, pues un sueño compartido podría ser considerado una realidad...
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