julio 27, 2009

Aprendiendo del cine

Antes había dirigido obras de teatro...antes había hecho documentales...antes había dirigido en cine a una sola actriz... Ayer dirigí por primera vez una grabación con cinco personajes, en locación natural y en condiciones paupérrimas. Y lo anterior me dejó de momento sin ganas de volver a intentar cine experimental por un rato, con los nervios de punta y la desilusión flotando como una nube sobre mi cabeza, pero hoy con la mente un poco más fría, puedo ennumerar las importantes cosas que aprendí en carne propia, ya que aunque antes supiera de ello, ahora lo he vivido y es distinto.

  • Lo más importante fue aprender que, a pesar de ser la directora, no todas las cosas que giran alrededor de la producción están bajo mi control. Eso fue lo más duro, ya que uno se esfuerza por recrear una idea, por darle vida, por preparar los detalles, por estar pendiente del casting, los escenarios, el ambiente de trabajo... pero siempre hay cosas que escapan de mis manos. Comprendí que no soy omnipotente, y para un artista soñador que sale a la calle y se encuentra cara a cara con sus limitantes, esto es muy, pero muy fuerte.


  • Lo primero fue la impuntualidad, y el correr del tiempo que me tuvo como el Conejo de Alicia durante todo el día. Mantener parada la producción porque el casting no estaba completo fue verdaderamente desesperante, y empezar dos horas más tarde de lo previsto tuvo sus inevitables consecuencias.

  • Lo segundo fue lo ambicioso del proyecto: desarrollar una historia en tan sólo cuatro horas sin que los actores tuvieran preparación previa y ensayos suficientes para montar el personaje fue devastador. Me gusta trabajar con gente amateur para rescatar la espontaneidad que no da un actor ya viciado, pero no puedes convertir a una persona naturalmente buena en un asesino creíble en menos de dos horas. Terrible error.

  • Lo tercero fue la química traicionera. El descarado flirteo que se propició entre dos de mis actores también fue shockeante, me arruinó la escencia de la escena, me distrajo, me quitó tiempo, me estresó. No era algo que esperaba ver surgir de la manera en que ocurrió, eran mis cartas fuertes, las dos personas en quienes confiaba ciegamente por su experiencia y supuesto profesionalismo, pero me rebasó y me incomodó bastante: uno presenta a la chica con el chico, detecta la naciente química pero todo parece ir bien, ensayan correctamente y hay respeto. Una vez caracterizados se les mete el diablo y huele a hormonas por dondequiera que paso.


  • Lo cuarto fue el rigor del trato a terceros. Creí que con tener el permiso de la gente del departamento era suficiente, y pasé por alto avisar a todo el edificio. Algunos vecinos pueden ser realmente agresivos cuando piensan que algo raro está pasando en el lugar donde viven. Me confié en no estar haciendo nada malo, por lo tanto no esperaba la descortesía que terminó en sorpresiva violencia. No esperaba un susto, me vi extremadamente inocente y vulnerable. Se me recordó de la peor manera que aquello que denuncio en mi cortometraje es peor en la vida real que en la ficción, y que puede ser tan macabro que me haga un daño tal, que ahora sigo escribiendo para exorcizar la impresión de ser corrida del edificio por un loco cara de asesino. No bastó llorar como una niña, reír después intentando bajar la tensión que me ahogaba, soñar pesadillas semi conscientes en las que mi mente se resistía a que todo acabara mal, platicarlo, volver a llorarlo. Ahora vengo aquí al blog y lo expreso de nuevo.
Pero así las cosas, también hubo algo bueno:
  • Aprendí que a pesar de que los malos espíritus se adueñaron de la producción desde el momento en que fue planeada, tengo amigos que me quieren, y gente que confía en mí y me sigue casi ciegamente. Saben que conmigo también pueden aprender y se suman al proyecto con la plena intención de dar lo mejor de sí. Esto es a pesar de TODO, a pesar de la pobreza, del tiempo, del hambre, la fatiga o el enamoramiento. Como lo hice con ellos, sé que puedo contar con otros, y que fue importante para conocernos más, para saber por dónde sí y por dónde no, quién arriesga más, quién obedece menos, quién aporta, quién dificulta la acción, y por esta ocasión, todos arriesgaron, obedecieron y aportaron.


Lamento que haya sido más lo malo, pero con la edición confirmaré que no hay casualidades, y que es probable que salga un buen trabajo con el poco material que pudo grabarse.

En fin, que ya regresaré para subir el post por el que más se ha votado. Pero eso será hasta mañana, pues por ahora ya he compartido un día en mi vida, por mucho, de los más inolvidables.
*

julio 24, 2009

De vuelta

Sí, sí, lo sé. Fue casi un mes de ausencia, pero no me arrepiento. Hoy de momento sentí la necesidad de volver a escribir luego de un intenso mes en donde puse en orden las cosas del hogar, saqué lo que no servía, vi televisión hasta hartarme, fui al cine tres veces, lloré, busqué trabajo, me desesperé, me enfermé, se me olvidó ocasionalmente tomarme las medicinas, conviví con mis amigas -de parte de las cuales hubo tanto buenas como malas noticias- y dejé abandonado no sólo el blog, sino que también abandoné por completo los avances de mi trabajo recepcional. ¡Un mes sin escribir nada! Lo siento mucho, pero me hacía falta reposar los dedos.

Tal vez nadie por aquí me extrañó porque no me lee mucha gente, pero ya estoy de vuelta y quiero escribir de muchas cosas. Y como quiero recuperar a los pocos lectores que he leído, por favor, participen en la encuesta que está en la columna derecha del blog. Me gustaría saber qué de todas las cosas que tengo en la cabecita preferirían leer próximamente, así que no sean malos, dejen su voto y estimulen mi escritura, ya que hay que aceitar de nuevo la máquina para que opine, para que nunca deje de opinar.


Abrazos.