Hablando sobre el amor propio, compartí con mis estudiantes una lectura de Erich Fromm, el famoso texto titulado "El Arte de Amar". Dar clases sobre afirmación personal me sigue cambiado la vida. Al igual que mientras creo una nueva obra, cuando preparo una clase me preocupo principalmente por aclararme yo, entenderme yo. Una vez logrado más o menos eso, me dispongo a ponerme al frente.Sucedió que una noche antes de llegar a dar mi clase, hice junto a mi hija un poema dadaísta -mucho he intentado aclarar en la Universidad que la teoría es para darle seriedad al asunto, que hay que tener cuidado de no caer en lo esotérico- pero el mencionado poema fue surgiendo de las entrañas del sombrero tejiendo como una araña poseída las verdades de mi inconsciente... ¡fue impactante!
Descubrí a través del mismo que mi persona sigue frágil ante los caprichos del amor. Me vi suspirando de nuevo, temblando por el recuerdo de una cercanía que ya no tengo, escribiendo luego en una libreta que lo seguía amando, sintiéndome casi obligada por una fuerza superior a mí . Luego repasé el texto de Fromm y corroboré lo que sentía: no estoy loca, sé muy bien que amo cuando digo que amo.
Llegué a dar mis clases. Una de mis alumnas es todo lo contrario al significado del término: una iluminada señora que elabora cartas astrales. Así que ¡cómo decirle a la respetable dama que no hay que ser esotérico, si muero de ganas de aprender de sus experiencias, seguramente interesantísimas! Esceptiscismo en mi exposición, cierta resistencia a la tarea dejada para la próxima semana. Yo, respeto.
Segundo grupo, me asomé a ver si estaba ella, la alumna que justo una semana antes me reclamara que el texto de Fromm era muy elemental y que había sentido agresiones de mi parte por algunos comentarios que hice. Hablando del amor me había apasionado, y no había medido las consecuencias de, literalmente "estarme saliendo del texto", como quien prepara un discurso cabaretero y a la mera hora se pone a criticar la última noticia del día. Así me pasó.
En efecto, ahí estaba. Yo tenía que esperar una hora y la aproveché para volver a estudiar la lectura, buscar argumentos, repasar apuntes, recordar teorías...¿qué pasaría cuando entrara en el aula? Sabía que entre el público habría una estudiante crítica que no se tragaba a primer golpe mis peroratas. No pude más... estaba vulnerable.
Dije un no sé qué de excusa, pedí que me apedrearan, que me sacaran de la fantasía de que todos amaban mi clase, que me dijeran de frente si mis sugerencias bibliográficas y filmográficas eran baratas, justifiqué el hecho de que Fromm tampoco era de mis favoritos, pero que era bueno leerlo, confrontarlo, y valorar el hecho de que se haya atrevido a tratar de explicar algo tan complejo como el amor...
...más de uno se sorprendió de mi inusual forma de llegar a la clase. La estudiante bajó la cabeza esperando en cualquier momento escuchar su nombre acusándola de ser el fiscal de este caso, pero no ocurriría nunca, y eso nos alivió a ambas. Agradecí la opinión de todos -la de ella ya la tenía de antemano- y me dispuse a dibujar un esquema.
-¿Por qué nos pregunta eso? ¿Alguien le dijo alguna cosa? ¿Es de este salón? ¿Hicimos algo malo?
Negué con la cabeza y supe que en verdad no tenía importancia, que no estaba ahí por complacer a nadie, y que no era la primera vez que aclaraba no tener la verdad absoluta...sólo que no todos sabían escucharme. Sacudí mi tensión y me di por vencida.
-Debe ser que estoy sensible...-dije- releyendo sobre el amor últimamente he pensado muchas cosas...me encuentro aún en la etapa en que uno no sabe distinguir nada de nada...-ojos expectantes, curiosidad preocupona- ¡Es que estoy enamorada!- dije asumiendo mi derrota. Se escuchó un gemido tierno del público asistente, empático, lleno de gusto. -Mejor pasemos directo al tema.- les dije. No tenían por qué saber que no soy correspondida."









