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marzo 22, 2010

"Es que estoy enamorada"

Hablando sobre el amor propio, compartí con mis estudiantes una lectura de Erich Fromm, el famoso texto titulado "El Arte de Amar". Dar clases sobre afirmación personal me sigue cambiado la vida. Al igual que mientras creo una nueva obra, cuando preparo una clase me preocupo principalmente por aclararme yo, entenderme yo. Una vez logrado más o menos eso, me dispongo a ponerme al frente.

Sucedió que una noche antes de llegar a dar mi clase, hice junto a mi hija un poema dadaísta -mucho he intentado aclarar en la Universidad que la teoría es para darle seriedad al asunto, que hay que tener cuidado de no caer en lo esotérico- pero el mencionado poema fue surgiendo de las entrañas del sombrero tejiendo como una araña poseída las verdades de mi inconsciente... ¡fue impactante!

Descubrí a través del mismo que mi persona sigue frágil ante los caprichos del amor. Me vi suspirando de nuevo, temblando por el recuerdo de una cercanía que ya no tengo, escribiendo luego en una libreta que lo seguía amando, sintiéndome casi obligada por una fuerza superior a mí . Luego repasé el texto de Fromm y corroboré lo que sentía: no estoy loca, sé muy bien que amo cuando digo que amo.

Llegué a dar mis clases. Una de mis alumnas es todo lo contrario al significado del término: una iluminada señora que elabora cartas astrales. Así que ¡cómo decirle a la respetable dama que no hay que ser esotérico, si muero de ganas de aprender de sus experiencias, seguramente interesantísimas! Esceptiscismo en mi exposición, cierta resistencia a la tarea dejada para la próxima semana. Yo, respeto.

Segundo grupo, me asomé a ver si estaba ella, la alumna que justo una semana antes me reclamara que el texto de Fromm era muy elemental y que había sentido agresiones de mi parte por algunos comentarios que hice. Hablando del amor me había apasionado, y no había medido las consecuencias de, literalmente "estarme saliendo del texto", como quien prepara un discurso cabaretero y a la mera hora se pone a criticar la última noticia del día. Así me pasó.

En efecto, ahí estaba. Yo tenía que esperar una hora y la aproveché para volver a estudiar la lectura, buscar argumentos, repasar apuntes, recordar teorías...¿qué pasaría cuando entrara en el aula? Sabía que entre el público habría una estudiante crítica que no se tragaba a primer golpe mis peroratas. No pude más... estaba vulnerable.

Dije un no sé qué de excusa, pedí que me apedrearan, que me sacaran de la fantasía de que todos amaban mi clase, que me dijeran de frente si mis sugerencias bibliográficas y filmográficas eran baratas, justifiqué el hecho de que Fromm tampoco era de mis favoritos, pero que era bueno leerlo, confrontarlo, y valorar el hecho de que se haya atrevido a tratar de explicar algo tan complejo como el amor...

...más de uno se sorprendió de mi inusual forma de llegar a la clase. La estudiante bajó la cabeza esperando en cualquier momento escuchar su nombre acusándola de ser el fiscal de este caso, pero no ocurriría nunca, y eso nos alivió a ambas. Agradecí la opinión de todos -la de ella ya la tenía de antemano- y me dispuse a dibujar un esquema.

-¿Por qué nos pregunta eso? ¿Alguien le dijo alguna cosa? ¿Es de este salón? ¿Hicimos algo malo?

Negué con la cabeza y supe que en verdad no tenía importancia, que no estaba ahí por complacer a nadie, y que no era la primera vez que aclaraba no tener la verdad absoluta...sólo que no todos sabían escucharme. Sacudí mi tensión y me di por vencida.

-Debe ser que estoy sensible...-dije- releyendo sobre el amor últimamente he pensado muchas cosas...me encuentro aún en la etapa en que uno no sabe distinguir nada de nada...-ojos expectantes, curiosidad preocupona- ¡Es que estoy enamorada!- dije asumiendo mi derrota. Se escuchó un gemido tierno del público asistente, empático, lleno de gusto. -Mejor pasemos directo al tema.- les dije. No tenían por qué saber que no soy correspondida."

marzo 12, 2010

Homenajeando a las mujeres

Los pasados días 10 y 11 de marzo de 2010, Hortensia Martínez presentó en el marco de las conmemoraciones por el Día Internacional de las Mujeres, su Espectáculo Unipersonal titulado "Homenaje a mí misma... y a las demás", en donde tuvo la fortuna de contar con dos públicos muy distintos que la apreciaron tanto en el Auditorio Lauro Aguirre de la Universidad Pedagógica Nacional, como en el Centro Cultural Raúl Anguiano, invitada por la Dirección General de Igualdad y Diversidad Sexual -organismo de la Secretaría de Desarrollo Social de la Ciudad de México- a través de la Unidad de Atención y Prevención a la Violencia Intra Familiar (UAPVIF).

"Ambos públicos fueron muy diferentes entre sí"-comenta la actriz y pedagoga-"he aprendido mucho en estos últimos dos días justamente sobre mí misma y sobre las demás."

Entrevistada personalmente por Marja Citlalli Alvarado, encargada de la jefatura de la citada Unidad, comenta: "Este es el segundo año que hago este espectáculo. En 2009 surgió precisamente por estas fechas, con el pretexto de una celebración que poco a poco se va haciendo más y más comercial, y cuyo sentido verdadero se está perdiendo de igual forma; pero a la vez partiendo de una necesidad interior de afirmarme a mí como persona, como mujer completa y compleja. Esta obra la concebí mucho antes de conocer lo que era el cabaret como tal, como una serie de lecturas dramatizadas y canciones a capella de otros autores. Básicamente el concepto es el mismo, sólo que ahora la mayoría de los textos son míos, con excepción de una 'rola' de Jaime López y unos cuantos chistes de dominio público. El cambio sustancial está en la convivencia directa con la gente, en abrir espacios dentro de la misma obra para hablar de la situación actual, de reírnos juntos y pensar juntos. Antes era un espectáculo un tanto sobrio, más silencioso, más minimalista. Ahora lo he 'cabareteado' agregando elementos que lo hacen más vistoso, pero esencialmente es la misma historia, la misma problemática."

Al cuestionarle esto último, añade: "En esta última función me comentaba una asistente algo sobre las cosas que faltan por hacer, por ejemplo la congruencia que debe haber entre las leyes y la sociedad, la obediencia que les debemos cuando compartimos un mismo mundo al que hay que buscarle la armonía. Por eso, lamentablemente la situación de las mujeres no ha cambiado desde hace un año que hice la obra, y en algunas cosas sigue igual desde hace siglos, y esto es historia universal. Por eso es que el problema sigue siendo actual, la lucha por la equidad sigue y seguirá por mucho tiempo, tal vez no nos toque ver un mundo en el que el trato sea igualitario, pero por eso hay que creer que se puede, si no, no tiene caso venir a dar mis brincos frente a un grupo de estudiantes universitarios, frente a actores, intelectuales, académicos o frente a amas de casa golpeadas. Hay que creer en que lo que uno hace puede tener un poder... no hay que buscarlo conscientemente, hay que pretender simplemente que es posible que alguien se lleve rumiando algo a casa..."

¿Cuál es la diferencia que sentiste al actuar frente a mujeres que vienen con este problema de la violencia intrafamiliar? ¿Fue más difícil?
"Cuando supe para quiénes iba a actuar esta tarde no supe si reír o llorar. No es lo mismo dar un mensaje preventivo que uno correctivo. Es muy difícil estar en esa situación, no quisiera estar en su pellejo. El abuso por parte de la persona que alguna vez dijo amarte debe ser devastador para la autoestima, para el autoconcepto, sufrir vejaciones y a la vez muestras de supuesto cariño y protección, enloquece a cualquiera.

Fue muy triste para mí saber que una de las asistentes padecía esquizofrenia, y que la canción de Jaime López que canto en algún momento de la obra lleva precisamente ese nombre. Me refieren que primero le brincó mucho la palabrita y se agarró la cabeza, luego la vi tener un ataque de risa, después sonó su teléfono a media función -situación que aproveché para hacer un chistecillo bobo-, y al finalizar me tomó fuertemente de las manos pidiéndome consejo porque precisamente el que llamó fue su novio, quien no deja de checarla y acosarla. Fue un momento muy difícil para mí. ¿Qué le dices a alguien con esas características, en esa situación? No pude más que darle ánimos y exhortarla a pedir ayuda profesional. Ahí es cuando uno ve lo limitado que está para resolverle a vida a otros. Todo empieza por uno mismo, por darse cuenta a tiempo, antes de que sea demasiado tarde."


¿Cuál crees que es el público más apropiado para mirar tu espectáculo? ¿Alguien que no lo haya vivido? ¿Preventivo como decías?
" No quise diferenciar tan tajantemente a ambos públicos, el de ayer en la UPN y el de ahora. Uno nunca sabe quién por ahí de todos esos que lo están viendo, pueda estar pasando un problema similar, ¡o el que sea! Yo creo que no hay un público más o menos adecuado para esto. ¡Hoy, por ejemplo, cuando vi niños, me quería morir! Pero cuando al quedar yo en camisón, empezó a haber ciertas reacciones, entendí que la gente necesita relajarse, y que mi tarea en ese momento era hacerles ver que todo era parte de una historia, y que peores cosas ven en la tele sin taparse los ojos o las orejas.

Ayer, al contrario, los estudiantes entraron rápidamente en la convención 'cabaretil' de la deshinibición tanto para mostrar el cuerpo como para decir lo que se piensa y se siente...no hubo tanto problema...todo además, está sujeto a interpretaciones, y es interesante escuchar siempre todas y cada una de ellas, aunque uno no esté de acuerdo.

Por ejemplo una mujer me preguntó hoy directamente si lo que escribí, lo había hecho partiendo de experiencias propias. Tal vez habría deseado escuchar que yo también había sido golpeada y que ahora estaba feliz y liberada, pero no puedo mentirles, afortunadamente nunca nadie me ha agregido físicamente. La gente va y se identifica con todo, con algo...¡o con nada, también pasa!, y en este caso la señora relacionó mi ficción con una posible realidad mía, pero viéndolo tal vez dese SU propia realidad.... no sé... es sumamente interesante todo lo que ocurre al lograr que el público se meta dentro de tu espectáculo...aún estoy empezando en esto que hago, pero las experiencias son tan intensas, que el aprendizaje que me llevo es igual de grande. Esto que hago me encanta y si hay un símil para lo que ellas pasaron, entonces sí: he sido varias veces golpeada por la vida, pero ahora estoy en proceso de mi propia liberación, siempre en busca de una felicidad compartida. Porque creo que es posible."
Concluyó.

enero 21, 2010

Aterrizando poco a poco


Me encuentro sentada en el cuarto piso de la Universidad. Por primera vez después de mucho tiempo releí mi tesis y me puse a buscar bibliografía para la nueva clase que empecé a dar en nivel superior. Confirmé por qué me metí a estudiar esto y me siento feliz. Mi prospecto para nueva asesora de tesis no vino hoy, pero no importa. Estoy aprovechando la poca batería que me queda en la computadora y el acceso gratuito que puedo tener a Internet en el área de cubículos de los profesores para revisar mi correo, actualizar mi Twitter y escribir en mi blog.


Como no sé de qué escribir, hago uso del estilo de bitácora y narro lo que estoy haciendo. Así he empezado varios escritos y luego resultan cosas. La gente pasa y se me queda viendo raro, pero bueno, ya estoy acostumbrada a ello... ayer le envié una carta... sí, cambio abrupto de tema. Yo pensé que ya no iba a escribir de esto, pero tendré que aguantarme a mí misma todavía otro poquito: cuando un amor se siembra en el corazón como una espina, es difícil no hablar del dolor, o de la costumbre de tener a ese diablillo intruso anidado en el pecho.


Una carta escrita de puño y letra, así sea dentro de la misma ciudad, en el domicilio de su oficina, puesto que el de su hogar lo desconozco; puede dar la sensación de lejanía que en realidad tenemos: no sé en qué ciudad andará ahorita, tengo idea de que anda por el norte y me siento tranquila. Una carta con intención de amistad, de compañerismo, de solidaridad. Hice algunos borradores que deseché porque aún tenían el tono satírico que siempre suele ser mal interpretado. Opté por relajarme y hacer una carta "buena onda", como se la describí a mi pequeña, cómplice de mi corazón herido y de mi cerebro revuelto.


Hoy veo que se ha metido a Twitter... de pena ajena si ubicó mi cuenta entre sus seguidores y viendo que cada estado habla de él... me sonrojo. Lo bueno es que nadie lo tiene, al menos eso creo yo.


Desde el momento mismo en que deposité la carta en el buzón, mi alma se liberó. Yo ya no sé qué efecto tenga, no escribí la dirección remitente para no esperar inútilmente alguna respuesta. Simplemente me nació hacerlo: se cumplían cuatro meses de aquél acercamiento íntimo, y por alguna razón la fecha me puso nostálgica. Como dije antes, sin Internet en casa, mi antigua caligrafía despertó de su sueño y se puso a garabatear luego del consabido inicio "Querido Pedro:"


Dicen que le llegará en tres días, no sé cuándo regresará de sus viajes para poder leerla. Pero ahora sí no espero nada, sólo que vuelva a aparecer en su facebook para saber que está bien. Mientras tanto a darle a la tesis, al ensayo de las obras y a sobrevivir en esta tierra. Me siento alegre y no sé por qué exactamente. Sé que la vida es bella, y que escribir cartas a mano tiene parte en este encanto de sentir el pulso de la escritura sangrar, y dirigirse honrosamente hasta las manos de aquél a quien aman.


*

enero 01, 2010

Mein Herr

Sabiduría y sensatez, dices. Las tendré así esté muriendo por querer estar loca, perdidamente loca.

Siempre he sabido cuál es mi lugar, sólo que a veces se me olvida.

Te amé sin culpa y tú mismo me obligaste a sentirla.

Hoy renuncié a ti sinceramente... bye, bye mein lieben herr, aunque todavía te ame hasta la médula.

diciembre 18, 2009

La amante eterna

Se repite una vez más a sí misma. No lo quiere así, sueña con casarse de blanco y que vuelen palomas a su alrededor, pero empieza a pensar que ha nacido para ser subterránea. Su físico y su nombre no le ayudan: cualquiera que la ve a primera vista cree efectivamente que nació para ser mujer de la vida galante. Sus rubios rizos vuelan al aire, se mira al espejo, se sabe sexy. Se admira esperando que otros la secunden y le digan lo guapa que se ve hoy... pero ella lo sabe, y por eso nadie le dice nada. Como segunda estrategia empieza a repartir halagos, con la esperanza de que como un boumerang regresen a ella recargados en fuerza... pero no sucede.

La función va a dar comienzo. Quiere un abrazo, requiere el cuerpo de un hombre a su lado, la fuerza, el poder que le da a su alma lo que ésta no tiene...lo busca, rechazo otra vez. Actúa y no pasa nada, regresa al camerino y cada quien está en su asunto, no hay nadie que le diga sinceramente que ha estado bien, regresa al espejo, se mira... sigue buscando la aprobación, huele a hormonas, descubre a un caballero mirarle el trasero a través del cristal. Él está esperando su escena y se distrajo de pronto, no es nada importante... sin embargo para ella es suficiente. Se acerca a él, le susurra un coqueteo, él se sorprende.

Pasado el aplauso hay que ir a festejarlo. Ella no puede esperar más el momento de abrir la pista con él, y ofrecerle bailar un tango: si lo piensa bien, no está nada mal, es joven, atractivo y varonil. Bailan juntos, él se divierte, ella se invade de emoción al sentir el roce de su mano en la cintura. Quisiera que la pieza no parara, pero es imposible, todos los demás conviven de manera diferente. Se acaba el sonido de la música y ella se siente sola. Siente que todo este tiempo ha estado bailando sola, en medio de un sueño que nadie compartió.

Su compañero de baile ahora se va a beber con los demás, y ella se recluye en la esquina de un sofá a mirar cómo todos se integran. Piensa que su imagen de diva solitaria llamará la atención de alguien que le pregunte por qué está apartada. Sólo la mujer más vieja de la fiesta lo hace, le ofrece llevarla a su casa, ella se entristece. Pronto alguien más le roba la atención de la vieja, y ella vuelve a quedar sola... el anfitrión se acerca a preguntarle si no se le ofrece nada, y ella aprovecha para hacer plática... pero no, Déborah: él es caso perdido, la novia está en la fiesta, no pierdas la conciencia, no pierdas una posible amistad.

El compañero de baile regresa un tanto ebrio a refugiarse en su regazo. ¡Por fin! ¡Por fin! ¡Un triunfo esta noche! ¡No se irá con la vieja a casa! Habrá alguien más que la llevará sana y salva hasta su hogar, no sin antes compartir unos besos y unas cuantas caricias, o hacer el amor...

La noche pasa breve, y él se arranca de sus brazos delicadamente, casi sin que ella apenas lo perciba... luego se retira sin decirle adiós siquiera.

Ella se va a casa en el auto de la vieja, suspira y agradece la velada: después de todo, es mejor amanecer sola en casa, sin huella de besos o semen encima, que amanecer también sola otra vez en un viejo hotel... vuelve a su casa y llora letras. Nadie habría pensado que detrás de ese cuerpo sensual y esa alborotada cabellera hay un cerebro brillante, poblado de poesía y palabras sangrantes. Nadie creería el corazón que palpita detrás de ese busto redondo y perfecto, que hay sapiencia y amor detrás de su imagen vulgar.




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noviembre 05, 2009

Ayer

La tarde cayó sobre mis hombros llevando consigo la pesada carga de las prisas. Llegué al lugar que ya siento como casa y me dediqué al trabajo. Fueron buenas las cinco horas de anticipación, ni más, ni menos. La soledad del camerino me envolvió... soledad como siempre. Y extrañé tu risa, tus manos, tu mirada reflejada en el espejo...

Traté de sentirme una estrella, sentada en ese espacio en donde tantas veces has estado tú. Era inevitable pensar en tí, soñar que entrabas por esa puerta irrumpiendo mis pensamientos con un ramo de rosas. Idear un momento mágico a solas, sin prisas y sin miedo... todo estaba ahí, listo para que tú entraras como cuchillo en mantequilla, pero el corazón me decía que no estarías ni de broma.


Comenzó a llegar la gente, y mi pose de diva se empezó a romper, espiando tras las cortinas para ver quién estaba, quién faltaba, y sonriendo de ver que hay gente que me aprecia y que cumple sus promesas.


La función empezó. Titubeé. Luego los vi, me impuse, les traté de seducir, me valió, me entregué, te tuve de nuevo y te perdí en escena... fingí que no importaba, terminé. Luego recibí los abrazos y después me desmoroné... la penumbra del camerino me rebasó mientras alguien afuera alardeaba del tiempo que pudiste dedicarle un día antes para hablar de teatro... hay quien tiene ese privilegio...


Terminando la noche quedó un solo amigo, el único. Él me regaló un abrazo y una flor seca de cempasúchitl. Ese fue mi consuelo al final... palabras sabias... o necias quizás, o complacientes, no lo sé. El caso es que nadie entiende, si no lo sienten no lo entenderán jamás. Lo que sigo sintiendo es difícil, muy duro de sobrellevar aún. No es sencillo amar así, en silencio, sin esperanza, y con el recuerdo de una complicidad latente que se concretó en un beso, y se hirió con mis palabras.


Hoy le escribí. No quise ponerle ni un "te quiero", aunque ya lo sabe. No quiero que un "te extraño" le haga sentir acoso o presión alguna... pero quiero que recuerde que existo, y que si se olvidó que ayer había una función que esperaba de él aunque sea un "deseo de mierda", lo recuerde y me recuerde... aunque me odie, aunque le fastidie. Yo sólo quería hacérselo saber. En respuesta no espero más que silencio otra vez.


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octubre 14, 2009

Tortura en Tierra de Ciegos

He tenido semanas para pensar, atar cabos y descubrir que es probable que nos hayamos enamorado al mismo tiempo, al mismo ritmo y con el mismo miedo.

Curiosamente mi blog de opinión se llama Tortura en Tierra de Ciegos, y esta vez creo que la ciega fui yo. Presumida de tener siempre una visión distinta, de mirar lo que otros no miran, esta vez me puse la venda sin querer creer lo que estaba pasando, sin querer sentir, sin querer pensar en posibilidad alguna. Hoy me llegan como oleadas de calor tus sutiles insinuaciones, tus miradas especiales, las miradas especiales y las insinuaciones de otros que se dieron cuenta mucho antes que yo de lo que estaba pasando, y aún sigo sin poder creerlo.

El día de ayer me atacó el insomnio en la madrugada, y por la tarde prácticamente di una clase en condición de sonámbula porque no recuerdo bien lo que estaba diciendo. Le explicaba al niño mil cosas que he aprendido a decir como autómata: el verbo To Be y el Presente Simple, pero el sopor de sueño que me cubría me hacía oscilar entre una realidad alterna y la que en verdad pisaban mis pies. Fue muy raro, nunca me había sentido así, salvo la última vez que me resistía a dormirme en una clase de historia: el contenido me interesaba, a la maestra la respetaba, pero mi falta de sueño era más fuerte y mis ojos luchaban por no cerrarse en sus narices.

Creo que de la misma manera ocurrió lo...(¿)"nuestro"(?). La costumbre de estar dormida siempre fue más grande que la realidad de estar viva y tener la posibilidad de sentr y hacer sentir. Hoy no sé si eso fue favorable o no, pero simplemente así pasó. Descubrir que había cariño especial y mutuo me hizo renacer, y hoy ya puedo decir que tengo toda la posibilidad de cantar ópera si se me da la gana, de mostrar una foto mía semidesnuda y con sobrepeso sin sentir vergüenza, de exponer ante el mundo mi concepto de la vida con todos los riesgos que ello implica. Ya no quiero permanecer ciega, quiero ser La Mujer del Médico y ver más allá de lo evidente como Leon-O con su Espada del Augurio. No quiero que la falta de dinero y el exceso de problemas y responsabilidades me detenga ahora, menos que nunca. Es el momento de demostrar quién soy con plena consciencia de ello, de decidirme a ser otra, y aunque sé que he venido tratando de cambiar durante todo este tiempo, es Hoy el momento en el que debo desempolvar a Mrs. Hyde y salir a comerme al mundo. Como llevo mucho tiempo siendo comida por él, ahora quiero meter la cabeza en sus fauces, burlarme en su cara y tratar de domarlo. Sé que en el camino puedo terminar con la cabeza triturada y el corazón embarrado en mitad de la pista, pero me importa un comino.


Tu amor me dio la fuerza, y ojalá que algún día esa fuerza me lleve de regreso a tu amor.


*

septiembre 30, 2009

Fruto prohibido

Hoy me comí la única manzana que había en el frutero. Lucía su redondez perfecta y brillante. Cada vez que acudía a la mesa me gustaba contemplarla en toda su esbeltez: tentadora y solitaria exhibía una belleza casi artificial.

"Seguramente es de plástico o madera", me dije. Esto no puede ser obra sino de un artista que le ha dado el realismo necesario para engañarme la vista y excitarme el paladar.

Supuse que mi madre la había colocado ahí para adornar la mesa, para hacer más armónico el espacio que compartimos y en donde no hay dinero suficiente para comprar manzanas.

Pero entonces la tomé y ensarté una mordida mortífera que pudo haberme tirado los dientes.

Sin pensarlo ya sentía el sabor entre mi lengua: dulce y generosa: no me habría perdonado dejarla podrir y seguir pensando que era irreal, inalcanzable. Sabe mucho mejor de lo que se ve.

septiembre 28, 2009

Cinco días

Tenía sólo cinco días para esperarlo. Cinco días en los que la consigna era reasumirme entera antes de sentirme completa en sus ojos de mar.

Ya estaba tatuado su nombre en mi brazo, pero los encajes conseguían cubrirlo muy bien y así podría vivir de no ser porque el calor me invadía. Sentía un deseo profundo de recorrer a nado esa trayectoria que su barco pesquero andaría en su viaje de ida y vuelta. Quería quedarme esperando en la orilla como sirena amante mirando la luz del farol... pero no lo hice.

Tomé mi maleta y guardé todos mis miedos: guardé el luto, guardé el silencio. Allí también quedaron empacadas la vergüenza y la cobardía. Rebusqué en la humedad de mi cuarto las telarañas que empañaban mi ventana y también las guardé. A través del cristal limpio pude ver que había camino en donde antes había un muro.

Salí a la frescura del puerto y anduve serenamente escuchando el ruido sordo de los tacones golpear la madera, dejando a la brisa marina enredar mis cabellos. Me sentía libre, limpia, ansiosa. Los marinos me miraron como si fuera la primera vez que me paseara por esos lugares: un olor distinto se despedía de mi esencia. La sal del mar llegó a mis labios y la probé desde el viento: él estaba detrás de esa línea de agua que separaba su vida de la mía.

¿Qué encontraría al regresar? Ese era el verdadero problema a solucionar.

-Cinco días... dame cinco días y el tiempo de excusa por si se enfurece el temporal.

Una semana completa, tómate tu tiempo. Hoy tengo el asa del veliz asida por mi mano firme y decidida: esperaré a que vengas para mostrarte el tatuaje en mi hombro, y dejarte despojar mis encajes, trepar en tu barco, refugiarte en mi casa. Espero. Lanzaré el equipaje al mar quizá un minuto antes de que aparezca el asta de tu embarcación en el horizonte. Tal vez aún veas pasar el recuerdo de lo que fui cuando las olas acaricien el cadáver flotante y éste bese tu proa.

Los viajes cambian la forma de pensar de las personas, pero a tu regreso veré que sigas siendo el mismo: yo soy quien será otra, despojada de todo ese peso que he guardado en mi maleta, hambrienta de tu abrazo, tu sonrisa y tu voz.

*

septiembre 02, 2009

Si no es definitivo, no sirve

Nunca pensé que terminar una amistad fuera un proceso tan difícil, y los motivos que llevan a terminar con una vieja amiga no siempre son claros.

No supe por qué, pero simplemente me urgía dar por sentado que ya no quiero nada. Cuando una persona ya no aporta nada bueno a tu vida es mejor dividir los caminos. No sé si fui cruel al no darle una oportunidad más, pero me siento tranquila. Ya no éramos nada más que un recuerdo de sonrisas, historias compartidas y sueños, pero nada en el presente y mucho menos en el futuro.

Un buen día entró la desconfianza y se perdió todo. Ojalá no volvamos a saber nunca una de la otra, creo que nos hace mal, o por lo menos a mí me molesta recordarla. Es terrible este sentimiento, es monstruoso, pero está dentro de mí. No vale la pena fingir, sonreír, inventar cosas que no se sienten más. Hubo daño de ambas partes y no sé ni cómo llegamos a eso. Es una lástima que las diferencias separen a las personas en lugar de que se enriquezcan más, pero lamentablemente no siempre se puede. Esta vez no pudo ser así.

Adiós para siempre, Adriana.
*

agosto 31, 2009

Esa mujer extraña

La miré caminar solitaria esa fría mañana de agosto. Llovía ligeramente y a pesar del sorpresivo frío matutino, sus pasos parecían no inmutarse. No pude más y la seguí a distancia. A pesar de que no volteó para verme, no creo que ignorara mi presencia vigilante detrás de sus huellas. Su andar era hueco y etéreo como si posara para la lente de un cineasta invisible. No supe a dónde me llevaría, pero avanzando a contraflujo de los vehículos sabía que no podía perderme. Caminaba en línea recta y no me sería difícil regresar por mi propio pie hasta el lugar donde la ví pasar frente a mis ojos.

Aminoró la velocidad al pasar frente al panteón y se quedó mirando mientras yo fingía observar las fragantes flores que vendían al lado de la necrópolis. Luego el semáforo le indicó que ya podría cruzar la avenida y así lo hizo. Por un momento creí que me miraba al detenerme a su lado y cruzar juntos hasta la otra acera, pero no fue así: yo era un simple peatón más cuyo instante imperecedero se juntaba con el suyo como el de tantas otras personas que deambulan en mañana de domingo bajo el manto de una lluvia imperceptible.

Fingí rebasarla y doblar la esquina. Quería verla pasar de largo y observar su perfil semioculto tras la gruesa bufanda que le servía de impermeable, pero mi sorpresa fue mayor. Cuando esperaba ver el delgado contorno de su nariz afilada, su mirada altiva me encontró de frente tropezando con mi torpeza al sentirme descubierto. Hizo un suave movimiento simulando un saludo oriental y se abrió paso haciendo que automáticamente me hiciera a un lado como quien se quita el sombrero ante una real majestad. Yo pretendí que estaba a punto de abrir una puerta de madera que daba acceso a una casa con ángeles pintados en la pared, esperando que ella se fuera haciendo más pequeña conforme se alejaba a una distancia prudente para seguir mi espionaje... pero un par de casas adelante se detuvo en seco: era un viejo teatro cuya puerta esperaba se abriera para ella.

Hice lo posible por volver sobre mis pasos y esperar en la esquina para ver qué hacía. Si descubría que yo no era un vecino del teatro, seguramente estaría perdido. Por algún motivo mi curiosidad se había despertado al querer por todos los medios enterarme de su destino. La vi presionar el timbre pero nadie le abrió. Sacó un libro de su bolso y se recargó en la pared a leerlo. Seguramente no esperaba a nadie que estuviera dentro, tal vez ella había llegado muy temprano. Refugiada de la lluvia en el quicio de la puerta, sus ojos parecían perdidos en la lectura, pero su alma seguramente no estaba con ella. Pareció aburrirse pronto porque cerró el libro y vino hacia mí, pero antes de llegar a encontrarme, cruzó la calle y siguió su caminata. La vi desaparecer y me quedé en mi sitio, seguramente volvería y así lo hizo.

Una mujer muy delgada aguardaba a bordo de una camioneta. Cuando la vio llegar, bajó a saludarla y juntas intentaron entablar conversación. Poco a poco fueron llegando varios personajes raros que hacían verla a ella como una mujer común. Apartada del resto, fingía sonreír. Pretendía estar ahí, no haber olvidado su alma antes de salir de casa. Después llegó el dueño de las llaves y todos entraron. Me quedé esperando unas cuantas horas, marcando cada una de ellas en los dedos de la mano. Compré un aperitivo en la tienda de la esquina y aguardé pacientemente a que saliera de nuevo.

Subió en la camioneta de la mujer delgada, al lado de una graciosa rubia de extraños pantalones y un moreno larguirucho de rostro agresivo. De prisa tomé un taxi y ordené seguir la trayectoria de la camioneta gris. A través del vidrio podía notar que la mujer delgada hablaba mucho. Pronto la graciosa rubia se bajó en medio de la lluvia, y más adelante la mujer extraña bajó con el moreno larguirucho. Pagué mi cuota al taxista y abordé el mismo camión sentándome delante de ellos. La voz de la mujer extraña sonó detrás de mi nuca. Algo quería hablar sobre lo que todos ellos hicieron dentro del viejo teatro, pero el moreno larguirucho parecía no querer conversar. Silencios mortales me hicieron tener ganas de intervenir de pronto. Quería abogar por la mujer extraña, quería hacerle saber al moreno larguirucho que se había dejado el alma guardada en algún ropero, que atendiera a sus preguntas, que dijera más que un monosílabo insolente... pero la mujer extraña entendió al momento. Algún residuo de alma le quedaría, o ésta comenzaba ápenas a olerse conforme se acercaba a su casa. Preguntó un no sé qué de escritores y el moreno larguirucho se sintió motivado a brindarle cátedra. Luego se despidieron y yo bajé detrás de ella. Abordé un taxi justo atrás del que ella tomara y llegamos juntos hasta un mercado callejero.

La tarde caía seca y áspera, sin rastro de la lluvia que había plagado de romanticismo la persecución a que dediqué todo el día. Subió una calle empinada mostrando ya su cabello suelto cubriendo su cara, tal como la oscura bufanda lo hiciera por la mañana. Sacó un juego de llaves del bolso que traía consigo y accedió a su casa. Como pude me escurrí y subí la escalera tras ella. Podía adivinar el cansancio en sus piernas, su frustración, su sofoco. Abrió con su llave la puerta interior y me miró a los ojos.

-¡Así que aquí estabas!- murmuró como en un reclamo. La miré primero con pena y bajé la mirada para asumir mi culpa. Podía sentir yo mismo el hueco en su estómago, el nudo en su garganta, la punzada en su cabeza. Nos miramos fijamente a los ojos, aunque al parecer seguía molesta y sin querer tocarme un pelo. Pasé saliva y me tiré al vacío. Sin pensar en las consecuencias me lancé como un niño en sus extraños brazos.


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agosto 23, 2009

Quiero clonarme

Me despierto temprano a leer los seis libros que debo leer para el martes, a escribir una publicación periódica que tengo en un foro, a checar mis correos y dejar de paso que éstos me lleven a mis redes sociales y a contestar mensajes.

Mi madre se levanta y comienza a hacerme plática sobre su hermana, sobre su trabajo, sobre la comida... mi hija se levanta y me pide ver con ella unos videos coreanos que desea compartirme, quiere charlar conmigo sobre sus preocupaciones de volver a la escuela el día de mañana, sobre el acné que la ataca y sobre la limpieza facial que prometí hacerle.

Debería conectarme al Messenger para conversar con alguna amiga, debería echar un telefonazo a otros amigos y charlar con ellos, no dejar que se perdiera la amistad, debería ir a la biblioteca a atender mi tesis y escribirla tranquilamente, debería pensar en el show de cabaret que estoy preparando, componer las canciones y escribir el guión que debe estar listo para el domingo, debería decirle a mi cabeza que suprima algunas ideas mientras debo pensar en otras, pero simplemente no puedo concentrarme en una sola cosa.

Estoy preparando un material para mi clase y viene a mi mente una idea para escribir... me viene la inspiración de pronto y debo tomar fotografías, leer, editar, escribir otra cosa, atender a mi familia, trabajar...

¡Quiero clonarme! ¡Ya no me conformo con estar próxima a cumplir años, sino que quiero que de mí salga una Hortensia por cada año que cumplo, y aún así serían insuficientes!



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agosto 21, 2009

La otra mesa de regalos

Hace un año publiqué una frívola lista de cosas que deseaba tener y que hasta la fecha no tengo. Hoy mi mesa de regalos para mi cumpleaños viene cargada más de necesidades que de obsequios deseados, así que si alguien quiere regalarme algo, ahí les van mis opciones.

            1. Una mochila para estudiante de secundaria... de preferencia que sea de Pucca o de alguna otra cosa japonesa o coreana, colores serios (digo, nada pastel para que aguante más sin lavarse)

            2. Unos zapatos tenis del número cinco para la clase de Educación Física de mi hija... (no urgen mucho, al menos hasta que se le salga el dedo a los que ya trae :D)

            3. Una cuenta vencida de teléfono (y que pronto derivará en un corte al servicio de llamadas ¡¡¡y de Internet!!!)

            4. Una suscripción vencida a la revista Selecciones del Reader's Digest (y que los hijos de perra no van a descansar hasta que se las pague)

            5. Unas medicinas que cuestan $1200 pesos y que hasta que no me las tome, no voy a dejar de sentirme invadida por los residuos de mis excesos.

            6. Un mes de renta.

            7. Un recibo vencido de Luz y Fuerza del Centro

            8. La consulta al dentista para que dé seguimiento a mi reciente extracción de muela y me diga qué más procede hacer.

            9. El tóner de mi impresora que ya saca manchas blancas.

            10. El cable de mi laptop (sin él no puedo encenderla y saber lo que dejé guardado ahí)

            11. La hospitalización de mi compu de escritorio que necesita una buena formateada para que esté al cien.

            12. Dos pares de anteojos: uno con graduación de 0.5 en cada ojo y otro dependiendo del examen de la vista de mi hija (creo que es más ciega que yo)

            13. La impresión de 8 tomos de mi Tesis de Licenciatura (todavía no la termino, pero no pasa de este año, así que necesitaré también eso)


            En fin... como trece es el número de la suerte, ¿para qué le sigo? No necesito mencionarles que no me haría daño algo de ropa, la despensa de cada día y los pasajes que hay que gastarse... pero van a decir que ya quiero que me mantengan...

            En fin... ya saben qué regalarme en mi próximo cumple. Con un sueldo mínimo entre mamá y yo no hemos podido cubrir los gastos que arriba se ennumeran, y si a eso le sumamos que debe uno mantener esa fresca sonrisa ante lo que pasa, mejor no les platico.


            Lo escribo en el blog para que cuando llegue a tener dinero, no me olvide de lo que significa estar francamente DESESPERADA!!



            Gracias por atenderme hasta aquí.



            See U later...



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            julio 27, 2009

            Aprendiendo del cine

            Antes había dirigido obras de teatro...antes había hecho documentales...antes había dirigido en cine a una sola actriz... Ayer dirigí por primera vez una grabación con cinco personajes, en locación natural y en condiciones paupérrimas. Y lo anterior me dejó de momento sin ganas de volver a intentar cine experimental por un rato, con los nervios de punta y la desilusión flotando como una nube sobre mi cabeza, pero hoy con la mente un poco más fría, puedo ennumerar las importantes cosas que aprendí en carne propia, ya que aunque antes supiera de ello, ahora lo he vivido y es distinto.

            • Lo más importante fue aprender que, a pesar de ser la directora, no todas las cosas que giran alrededor de la producción están bajo mi control. Eso fue lo más duro, ya que uno se esfuerza por recrear una idea, por darle vida, por preparar los detalles, por estar pendiente del casting, los escenarios, el ambiente de trabajo... pero siempre hay cosas que escapan de mis manos. Comprendí que no soy omnipotente, y para un artista soñador que sale a la calle y se encuentra cara a cara con sus limitantes, esto es muy, pero muy fuerte.


            • Lo primero fue la impuntualidad, y el correr del tiempo que me tuvo como el Conejo de Alicia durante todo el día. Mantener parada la producción porque el casting no estaba completo fue verdaderamente desesperante, y empezar dos horas más tarde de lo previsto tuvo sus inevitables consecuencias.

            • Lo segundo fue lo ambicioso del proyecto: desarrollar una historia en tan sólo cuatro horas sin que los actores tuvieran preparación previa y ensayos suficientes para montar el personaje fue devastador. Me gusta trabajar con gente amateur para rescatar la espontaneidad que no da un actor ya viciado, pero no puedes convertir a una persona naturalmente buena en un asesino creíble en menos de dos horas. Terrible error.

            • Lo tercero fue la química traicionera. El descarado flirteo que se propició entre dos de mis actores también fue shockeante, me arruinó la escencia de la escena, me distrajo, me quitó tiempo, me estresó. No era algo que esperaba ver surgir de la manera en que ocurrió, eran mis cartas fuertes, las dos personas en quienes confiaba ciegamente por su experiencia y supuesto profesionalismo, pero me rebasó y me incomodó bastante: uno presenta a la chica con el chico, detecta la naciente química pero todo parece ir bien, ensayan correctamente y hay respeto. Una vez caracterizados se les mete el diablo y huele a hormonas por dondequiera que paso.


            • Lo cuarto fue el rigor del trato a terceros. Creí que con tener el permiso de la gente del departamento era suficiente, y pasé por alto avisar a todo el edificio. Algunos vecinos pueden ser realmente agresivos cuando piensan que algo raro está pasando en el lugar donde viven. Me confié en no estar haciendo nada malo, por lo tanto no esperaba la descortesía que terminó en sorpresiva violencia. No esperaba un susto, me vi extremadamente inocente y vulnerable. Se me recordó de la peor manera que aquello que denuncio en mi cortometraje es peor en la vida real que en la ficción, y que puede ser tan macabro que me haga un daño tal, que ahora sigo escribiendo para exorcizar la impresión de ser corrida del edificio por un loco cara de asesino. No bastó llorar como una niña, reír después intentando bajar la tensión que me ahogaba, soñar pesadillas semi conscientes en las que mi mente se resistía a que todo acabara mal, platicarlo, volver a llorarlo. Ahora vengo aquí al blog y lo expreso de nuevo.
            Pero así las cosas, también hubo algo bueno:
            • Aprendí que a pesar de que los malos espíritus se adueñaron de la producción desde el momento en que fue planeada, tengo amigos que me quieren, y gente que confía en mí y me sigue casi ciegamente. Saben que conmigo también pueden aprender y se suman al proyecto con la plena intención de dar lo mejor de sí. Esto es a pesar de TODO, a pesar de la pobreza, del tiempo, del hambre, la fatiga o el enamoramiento. Como lo hice con ellos, sé que puedo contar con otros, y que fue importante para conocernos más, para saber por dónde sí y por dónde no, quién arriesga más, quién obedece menos, quién aporta, quién dificulta la acción, y por esta ocasión, todos arriesgaron, obedecieron y aportaron.


            Lamento que haya sido más lo malo, pero con la edición confirmaré que no hay casualidades, y que es probable que salga un buen trabajo con el poco material que pudo grabarse.

            En fin, que ya regresaré para subir el post por el que más se ha votado. Pero eso será hasta mañana, pues por ahora ya he compartido un día en mi vida, por mucho, de los más inolvidables.
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            junio 16, 2009

            Último día

            ¿Has estado alguna vez a punto de concluir algo y no saber siquiera por dónde empezar? Seguramente sí... así estoy yo ahora que tengo exactamente 24 horas para entregar el primer borrador de mi tesis con propuesta pedagógica.

            Resulta que la propuesta está terminada, aunque como nunca quedo conforme, siempre la siento perfectible y me desespero... el problema está en que no tengo ni un capítulo terminado de fundamentación teórica, y ahora que busco y busco el respaldo que estoy segura debe de existir por algún lado, ¡no lo encuentro!

            Y como debe hacerse con un diario confidente como es este blog, me vine a escribir tantito en lo que se descarga un video que necesito para mi propuesta. Dice que el tiempo estimado de descarga son veinte minutos, y como la cochina máquina se traba si abro otra aplicación, entonces prefiero tumbarme un rato en la cama y aprovechar el beneficio de la lap para escupir un poco de realidad.


            Ya me ví mañana, despidiéndome de mis profesores formalmente, discutiendo brevemente las cosas buenas y malas del curso, y si son corteses, seguramente preguntarán los planes que tenemos para los próximos veinte años. Yo, como es costumbre, sentiré muy feo al ver por última vez a mis compañeros sentados en su banca de estudiantes, y evitaré ponerme sensible, ya que para eso estará el viernes, cuando a toda la perrada de la carrera nos entreguen nuestros diplomitas y nos andemos tomando fotos a diestra y siniestra.

            En fin, no quiero pensar en eso... ni en eso ni en el evento especial del próximo lunes, en donde con toga y birrete presumiremos con nuestra gente cercana, que ya somos licenciados... puf! Parece poca cosa llamarse así en estos tiempos, pero el título cuesta, y mucho. Todavía tendré que trabajar más para dejar una tesis concluida satisfactoriamente, para eleborar un trabajo que sirva y no nada más que sea un trámite. Pero el final se acerca ya... lo esperaré serenamente. Viví y disfruté no sé si más que otro cualquiera, y sí: todo esto fue... a mi maneeeeeeeeeeeeera!!!!
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            Snif!

            junio 11, 2009

            La rubia con huaraches

            Con la frente en alto llegó al pueblo. Llevaba una criatura en brazos, mientras la niña de ocho años y el mocoso de dieciséis le ayudaban a cargar sus pocas pertenencias. Su joven marido había muerto de pulmonía: la pobreza lo había matado dejándola a ella sola con sus tres retoños.

            Con la mirada desconfiada extendió un papel en la mano de aquel mozo. Él le miró los huaraches con desprecio, sintiéndose por un instante el patrón. El hombre rico del pueblo le había dicho que podía usar un pequeño jacal y hasta él la condujo indicándole sin palabras que lo siguiera. Ella hizo avanzar a sus hijos detrás del mozo con un apenas perceptible movimiento de cabeza y ellos caminaron descalzos, con la piel curtida de tanto andar, terrosos y con un hueco en la panza. Entraron en la oscura morada y la niña buscó acomodarse en un raído petate que parecía dispuesto para el descanso, ensayando una risa apenas practicada, recién aprendida. Una mirada hosca de su joven hermano le hizo apartarse de pronto y dejarle el lugar a esa rubia que le había dado la vida y que le parecía tan distante.

            Belén se desenredó el rebozo y depositó a la blanca criatura en el polvoso petate, procurando espantarle algunos bichos que rondaban por ahí. Habría que poner en orden ese espacio, pero habría que descansar primero, sacar el pañuelo con los pocos pesos que le quedaban para salir a buscar leche y pan. Buscó instintivamente los claros ojos de su primogénito, pero no lo encontró: se había ido a explorar las afueras del jacal machete en mano. Ya se había acostumbrado a lidiar con nauyacas y ahora era su deber procurar el bienestar de esas mujeres: mientras él viviera nadie se atrevería a humillarlas o a hacerlas menos... pero una sola ojeada al pueblo le hizo entender que esa tarea sería muy dura, pues todo el que pasaba lo miraba a él como si fuera una de esas peligrosas nauyacas de tierra caliente, bicho que se arrastra por el suelo y que sólo causa repulsión.

            Los ojos negros de su hija morena la miraron desde esa posición servicial que mantendría el resto de su vida. Belén se quebró: esa mirada pequeña le recordó la primera vez que vio a Delfino pasar frente a su hacienda, su blanca sonrisa iluminaba su tez tostada, y sus brazos fuertes le dieron la ilusión de protección eterna. En ese momento no sabría que enamorarse de un campesino sería una maldición a su estirpe, la desaparición de su nombre en el testamento y el comienzo de un matriarcado que se extendería en su familia por dos generaciones más.

            Quiso llorar pero las lágrimas eran un lujo en su cuerpo debilitado. Por un momento creyó odiar a esa pequeña que la miraba silenciosa, con ese espíritu tan pesado que tienen los niños al mirar. Ella era la única que le había heredado el color de piel y los ojos a su difunto padre, ella era la única que a veces sonreía en medio de toda esa miseria... pero ahora observaba a su madre sentada frente a ella con esa larga trenza rubia que le caía sobre el pecho, sumida en sus recuerdos, dubitativa, con un miedo que había aprendido a disimular muy bien, y con un orgullo que no había perdido a pesar de tanto dolor. La pequeña quiso encontrar en su madre un gesto de esperanza, algo que le dijera remotamente que existía un motivo para estar viva, para no avergonzarse de ser la hija morena de la rubia con huaraches, pero así permaneció largo rato sin ver resultados.

            La humilde cara de su hermano mayor se apareció de pronto, y las dos supieron que aquel no era más que un chiquillo asustado obligado a ser hombre. Belén se sintió por primera vez sola, desposeída, percibió la punzada del hambre y del frío, e intuyó una lágrima contenida en el rostro endurecido de ese muchacho flaco y pálido que se había convertido en la figura paterna de sus dos hijas. La menor de ellas despertó de su sueño exigiendo atención y cuidados, tal como lo haría el resto de su vida. El joven le dio a su madre la espalda al notar cómo esta se disponía a acomodarla para dejar que absorbiera su savia vital con desespero. Se acomodó en un rincón y se negó a ver el pecho desnudo de su madre, se negó a verse las heridas de los pies, se negó a ver la realidad lapidaria que se burlaba en su cara, y con esta actitud permanecería entonces y por el resto de su vida.

            Belén cerró los ojos y se dejó llevar por el delicado placer de amamantar a su pequeña. Quería imaginar que al despertar todo habría desaparecido, quería olvidar que ya no vivía en la hacienda, que ya no usaba vestidos bonitos y que ahora era una viuda extraña en un pueblo ajeno... pero una delicada mano inoportuna se posó encima de la suya. Cuando abrió los ojos se encontró de frente con la sonrisa morena que hasta ahora no había dejado de verla. No lo soportó. Un arranque de rabia le hizo apartarla de una bofetada: ¡lo que menos necesitaba era compasión, lo que menos deseaba era recordar a Delfino! ¡El ya estaba muerto, se había ido, la había dejado sola, con tres hijos, pobre, triste...y para siempre!

            ¿Por qué ella? ¿Por qué la morena? ¿Por qué no dejaba de verla con esa mirada tierna que sólo tienen los perros? ¿Por qué ella? ¿Por qué siempre ella? ¿Por qué nunca dejaba de verla? ¿Por qué nunca dejó de verla hasta el último momento de su existencia? ¿Por qué curó sus fiebres, vendó sus heridas? ¿Por qué nunca se casó? ¿Por qué la niña morena sería quien sacrificara su propia vida? Porque siempre intentó hacer feliz a su amada e incomprensible madre: esa distante mujer a quien conocían en el pueblo con el mote de la Rubia con Huaraches...




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            junio 07, 2009

            Él no es una loca

            Aparece en la reducida escalinata del escenario, enfundado en elegante bata de seda y una copa de vino en la mano, entonando las delirantes notas que iluminan de un brillo especial sus hermosos ojos verdes. Camina, sonríe, coquetea. Esa es la última noche de cabaret de la temporada, lo espera un diván rojo. Las suaves líneas de un cuerpo femenino irrumpen en la escena, dejando caer las prendas y recogiéndolas en una canasta. Todo empieza bien pero mi acompañante se sorprende: imaginaba conocer a un gorila de dos metros cantando como barítono, pero no. Todo indica que es una loca.

            -¿Por qué seremos tú y yo tan asquerosamente heterosexuales?- le pregunto mientras recorro con la vista a la concurrencia que seguramente aprobaría que yo le hiciera un cariño a mi mejor amiga. Ella se ríe inocentemente como siempre, y yo le agradezco la solidaridad de estar conmigo en un lugar de esos que no frecuenta.


            Él sigue cantando mientras la mujer ronda por ahí, hermosa y callada como debe de ser. Él bromea, sale de la trama frecuentemente para mostrar su felicidad al ver el lugar repleto. Busca rostros conocidos en la penumbra que rodea nuestro lugar de espectadores, los distingue con los ojos borrachos de reflectores, ubica amigas, amigos, les manda indirectas, se desviste, canta, se contonea. Las chicas de la música están ahí, clavadas en la partitura con mirada desvelada, rasgando cuerdas y golpeando teclas como autómatas, conscientes de ser indispensables en el éxito del suceso.

            Yo quiero estar ahí arriba, tener el cuerpazo de esa mujer, vestir ese traje de sirena que porta mientras baila como Magdalena, y mientras resbala tras bambalinas causando preocupación en el divo de la escena.


            Con la magia que nos envuelve, ella reaparece ilesa pero algo está pasando: esos dos ya no se aman, o se aman demasiado, tal vez se detestan o bien dependen uno del otro. Llueve a cántaros en pantalla mientras el mesero insiste en preguntar si no queremos beber nada más."Deja de estar chingando" dice mi mente respondona, pero mi sonrisa amable finge un "No, gracias"


            Un ventanal virtual, un salto mortal, un alma que vuelve mojada mientras atormenta al hombre que deja salir su dolorosa voz... talk to me like lovers do..., al tiempo en que me atrapa creando una excitante y conmovedora atmósfera que está a punto de arrancarme de mi asiento para volar hasta el diván, envolverlo yo misma lentamente con la sábana, tocar con mi espíritu su encantador rostro y robarle un beso que profane el momento y corte la melodía. Muero. Lamo el borde del vaso y saboreo los últimos granos de sal, bebo la cerveza y reaparece: camisa blanca y calzoncillos finos, fálico símbolo atado en el cuello al rojo vivo, mirada pícara, cercanía. Parece ser un íncubo que se acerca a devorarme, pero al momento es lo contrario, avanza entre las mesas haciendo las delicias de los presentes que están dispuestos a la marcha. Sube de nuevo, se toca el sexo delicadamente. Se coloca frente al pedestal y me canta. No mira a nadie pero imagino que me canta a mí: Ángel.


            No sé en qué orden ocurren las cosas, he perdido la noción del tiempo. Lo que dice es lo de menos comparado con lo que me hace sentir, es un demonio. Me entrego a él, lo disfruto, lo absorbo. De un momento a otro estoy presenciando la reencarnación de un Freddy Mercury renovado, desinhibido, talentoso, orgulloso y mucho más guapo. Ya no es un diablo: es un chiquillo que se divierte sobre las tablas y abajo de ellas. Devora fresas, comparte, juega con una tetona voluntaria del público, chulea a una espectadora, echa desmadre. Pronto estoy sonriendo, relajada, mi amiga graba con su celular Perfume de Gardenias, sorprendentemente integrada, divertida, enamorada. Ese fino objeto del deseo tiene a hombres y mujeres en la bolsa, extasiados, ebrios, dispuestos.


            Es el pleno momento de las complacencias, hay que exprimir al artista. Las chicas de la música se ven cansadas, probablemente quieran largarse a su casa, pero aguantan vara como muchas otras veces...no traen suficientes partituras para darle gusto a todos. Mi corazón sólo murmura No me dejes, no... y sus primeras notas suenan paralizando mi respiración. La lágrima final podría haber sido mi mayor regalo: el brote del sentimiento, el trozo verdadero de un alma sensible, apasionada, inigualable.


            -¿Por qué no vas y lo saludas?
            -Quién sabe si se acordará de mí. Tiene muchos amigos de carne y hueso aquí esta noche.
            -Acaba de salir y me mandó un beso, anda, se ve que es buena onda.
            -Está bien, me voy a asomar, pero si se amontonan mejor nos vamos...

            Quería quedarme secretamente con la idea de que estaba hecho de otra materia, que aquéllo había sido un holograma intocable, un sueño que no se va a repetir. Pero ya viajaba a casa con su perfume en mi ropa, su sincero agradecimiento y su abrazo cariñoso. I am fish and blog, he is flesh and blood: su corazón también se parte, su voz también se quiebra.
            Ella supo que él no es una loca, aunque se divierta como una. Yo comprobé que es un espíritu travieso, un hombre pleno, intenso y un artista excepcional.

            Hoy puedo contarlo entre la gente querida y decir sin rodeos:

            ¡Feliz cumpleaños, querido Pedro!
            ¡Gracias por esa increíble noche!
            ¡Salud (con agua -salada-) por tu eterna felicidad!


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            mayo 16, 2009

            Do you need a hug? I do...


            El día de hoy sufrí una caída. Mordí el polvo sintiendo que el total de mis vísceras explotaban, desgarré mi garganta en un grito que no pudo salir de mi cuerpo debido a la falta de aire. Imploré al cielo que un vecino piadoso saliera en mi auxilio, o que un buen transeúnte acudiera a preguntarme al menos si podía ayudarme en algo.

            Me sentí tan mínima y sucia como un cerdo revolcada en el lodo, mareada, adolorida, a punto del desmayo y tirada en el suelo como un boxeador fracasado, luchando con todas mis fuerzas por no dejar caer mi cabeza al piso, dándome cuenta de a poco que estaba sola, realmente sola a pesar de que unos ojos curiosos me miraban a lo lejos, y a pesar de que detrás de la puerta en donde resbalé, se escuchaba que alguien regaba las plantas. Nadie escuchó mi llamado, nadie fue capaz de percibir el sonido de lobo marino que intentaba externar mi voz, nadie superó el miedo de creer que podría estar drogada, prefirieron mirar a distancia.

            Yo tenía ganas de echarme a llorar en brazos del primer extraño que se acercara... pero nadie llegó. De nueva cuenta me quedé esperando sin obtener lo que tanto me urgía en esos momentos. Deseaba sentir el abrazo silente de alguien pidiéndome calma. Pude imaginar incluso que era levantada y recostada en un mullido lecho, unas manos desconocidas acariciando mi cabello, vendando mi pierna y mi mano, revisando mi abdomen, preocupándose por mí...

            Pero tuve que ponerme en pie con duros trabajos, recuperar mi equilibrio por mis propios medios y emprender el camino al trabajo. Nadie percibió mis heridas en todo el camino, tal vez ni siquiera yo misma pude. La dulzura de mi hogar fue lo único que logró entibiarme el alma, y pudo el agua de mis ojos lavar la sensación de angustia, miedo, vergüenza y soledad que me invadieron en ese instante.


            Si tú que lees ahora estas líneas, pudiste verme aullando de un dolor incierto, a mitad de la calle y con el llanto ahogado, acércate y tiéndeme una mano. Dime que me quieres o que estás conmigo. Hoy necesito tu abrazo para que el púrpura del mal recuerdo se despinte y ya no duela. Dime que me quieres hoy,dame hoy un sincero abrazo...
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            abril 22, 2009

            De tu hijo, sus mujeres y otros cuentos.

            -Adivina quién se está casando ahorita ¡y en grande!- me dijo mi madre para hacerme plática y aminorar la fiebre que me invadía esa fría tarde en noviembre. Yo me debatía entre la vida y la muerte al dar a luz, mientras el chico que me gustaba en el barrio celebraba su boda con bombo y platillo. Agradecí la intención de mi madre por contarme un chisme, pero la verdad fue que el acontecimiento me dolió en vez de arrancarme una sonrisa. -Daniel... hasta la casa se oye la música.

            Trece años después las coincidencias siguen apareciendo en mi vida. Gracias a la red descubrí que la esposa de aquél que trapeara el suelo conmigo, falleció dejándolo viudo y con un hijo pequeño; que el padre de mi hija se graduó de abogado hace un año, y que el hijo que tuviste con ella tiene toda la cara tuya.

            Dicen que el que busca encuentra, y así descubrí que él y su madre viajaron a Disney mientras tú no aparecías en ninguna de las fotos de su perfil -descuidadamente-público. No pude evitar imaginarme a ese niño con mi color de piel y la sazón de mi cariño, con tus ojos inocentes y tu sonrisa pícara -mismos que por fortuna le has heredado-.

            Quise regresar el tiempo y al abrir los ojos mirarnos ahí, visitando a Mickey Mouse, felices como alguna vez imaginé que seríamos... pero el monitor me devolvió un niño hermoso con el color de la piel de ella, y la sazón de su crianza cuyo sabor desconozco...

            Las coincidencias me hicieron recordar mi propia etapa como madre de una criatura que va por vez primera al kinder, y anduve clueca toda la semana enterneciéndome al ver cuanto niño pequeño se me cruzaba enfrente. Jugué con mis sobrinos tratando de revivir esa alegría que sentirás hoy día al alzarlo entre tus brazos...imaginé, soñé, desperté.

            Entonces me encontré conversando con una mujer joven, sencilla y bella, relatándome haber sido seducida por el mismo sujeto que me hizo creer hace poco, que el hombre ideal podía ser posible. Las charlas se fueron dando y descubrí a muchas otras que engrosaban la lista de las mujeres a quienes les había hecho creer lo mismo. Si aún conservaba en mi hombro algo de ese polvito mágico del hada madrina, los interminables rumores terminaron por sacudírmelo para siempre, llevándose el aire mi último pedazo de Cenicienta insulsa.

            Hoy recordé una canción que, te cuento... pudo haber sido un bote salvavidas, y lo dejé marchar.

            Cuando una vez me dijiste que nunca olvidara Los Dioses Ocultos de Caifanes, me aferré a lo que decía esa letra hasta que me convencí de que me amabas profundamente, y te dolía igual que a mí terminar con lo nuestro. Un par de años después, aquél hombre que trapearía conmigo me dijo "No te olvides nunca de esa canción que suena". Quise ignorarla al escuchar la palabra "Love" en la letra. Jamás había puesto atención a esa canción que a todas luces parecía ser romántica. Decidí no investigar como otras veces lo que había querido decirme, fingí que no me importaba, pero mi inconsciente se ilusionó sin remedio. Supuse que era una canción de amor y que al sonar en nuestra primera cita, sería el augurio de un buen comienzo... hasta que años después, luego de convertirme en el cenizo trapeador del futuro viudo, escuché atentamente cada una de las palabras cantadas con una voz naturalmente apasionada. Así fue como la imagen de un barco salvavidas tratándome de salvar del tiburón vino de pronto a mi mente. Ignoré ese barco, no indagué en lo que esa canción intentaba decirme.

            "¿Qué tiene que ver el amor en todo esto?
            ¿Qué es el amor, sino un sentimiento de segunda mano?
            ¿Qué es el amor, sino una dulce noción pasada de moda?"


            Gracias, Tina Turner... puse atención demasiado tarde a tu grito desesperado.




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            marzo 31, 2009

            Subterráneo amor...miedo súbito...

            Hay muchos tipos de besos... besos robados, besos tiernos, besos apasionados, besos fugaces, besos fingidos, besos piadosos... pero pocas veces puede colgársele a uno la etiqueta de Inolvidable. Uno que cual cruz de madera a la orilla del pavimento, parece emerger como fantasma invisible cada vez que, como ahora, vuelvo a pisar el lugar donde ocurrió.

            Era temprano. El frío de la mañana nos sorprendía caminando por la Colonia Guerrero después de haber pasado una noche delirante al lado de amigos comunes. Todavía sentía el sueño en los ojos, y las piernas se doblaban de cansancio por no haber dormido cómodamente. Tu risa se escuchaba detrás mío como si la estuvieras dirigiendo exclusivamente a mis oídos, y la mía fingía desinterés mientras charlaba de nimiedades con las personas que nos hacían compañía. Se acercaba la hora de partir caminos una vez que llegáramos a la estación del Metro.

            Yo no podía despedirme por más que mi cuerpo me exigiera un descanso urgente. Lluvia de besos sociales para despedirnos de todos. Mi mano discreta en la manga de tu camisa emitiendo un mensaje que entendiste sin palabras: "Todavía no te tienes que ir".

            "Aquí me voy a esperar otro rato" fue tu traducción directa, mientras contestabas a la pregunta de "¿No te vas a ir de una vez?" que te formulara tu amigo. Un chispazo de inteligencia le hizo darnos la espalda y dejarnos relativamente a solas, seguramente encogiéndose de hombros por dentro, y murmurando para sí las posibles consecuencias de estar rompiendo ese mal tercio.

            Como ya era habitual, las sombras de la gente yendo y viniendo fluían de un lado a otro envolviéndonos como olas amenazantes, y a la vez cobijándonos de anonimato: éramos sólo una pareja más, como cualquier otra que se ve en la ciudad, un par de amorosos sabinescos que a nadie le importa detenerse a observar.

            Tus ojos se fijaron en los míos y nos miramos con seriedad funesta. Nos recargamos en un rincón para no estorbar la prisa de los viajantes. Nos tomamos de las manos y permanecimos casi inmóviles, como haciendo guardia a un cadáver imaginario. Así, por un tiempo incalculable. No había palabras ni de reproches, ni de amor. Se nos habían agotado los recursos para explicarnos todo este cuento. Un abrazo fue lo siguiente. Un abrazo denso, caluroso y relajante, un lazo tan semejante a la nada, y tan parecido a la inmensidad del universo entero.

            Después el roce de los rostros, lo rugoso de la barba a medio crecer, lo tibio de tus mejillas..., la búsqueda tímida y ciega de dos bocas rogando alimento para el alma herida. Un roce de labios, caricias miniatura, temblor y deseo, para después darle paso a la profundidad, al abismo inexplorable, a las cosquillas de placer y al ímpetu de la rabia... más el agua salada subiendo por la cabeza y agolpándose en los ojos.

            Silbido del primer tren avisando su llegada, abriendo sus puertas como fauces, insistiéndonos en llevarnos hacia direcciones opuestas, lejanas. Ruido de pasos, voces, relojes. Uno tras otro, desesperados por separarnos de esa paradójica sensación, mezcla de abandono y de posesión. Tú me asiste con fuerza y yo no me resistí. Había que sellar el pacto con un beso irrepetible, indeleble. Las lágrimas corrían hacia dentro inundándonos de dolor, haciéndonos sentir mínimos y mediocres, y a la misma vez enormes y omnipotentes.

            No fue por falta de oxígeno, más bien por exceso de vida. Así fue que los cuerpos se separaron por temor a volverse adictos, y nos lloramos sin llanto en silencio, abriendo por fin los ojos a la ciudad que nos devoraba, y penetrando cada quien en su rumbo, asumiendo que la vida es cruel.


            "Amo a una mujer clara,
            que amo y me ama sin pedir nada...

            ...o casi nada...
            que no es lo mismo, pero es igual."


            Nunca fui la misma después de que citaste esa mañana a Silvio. ¿Fue un epílogo para un cuento de hadas? ¿Tu apologética Fe de Erratas? ¿Firma con sangre para la inmortalidad? O sólo el uso de palabras robadas, para rezarme un adiós que no existió jamás.
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