septiembre 28, 2009

Cinco días

Tenía sólo cinco días para esperarlo. Cinco días en los que la consigna era reasumirme entera antes de sentirme completa en sus ojos de mar.

Ya estaba tatuado su nombre en mi brazo, pero los encajes conseguían cubrirlo muy bien y así podría vivir de no ser porque el calor me invadía. Sentía un deseo profundo de recorrer a nado esa trayectoria que su barco pesquero andaría en su viaje de ida y vuelta. Quería quedarme esperando en la orilla como sirena amante mirando la luz del farol... pero no lo hice.

Tomé mi maleta y guardé todos mis miedos: guardé el luto, guardé el silencio. Allí también quedaron empacadas la vergüenza y la cobardía. Rebusqué en la humedad de mi cuarto las telarañas que empañaban mi ventana y también las guardé. A través del cristal limpio pude ver que había camino en donde antes había un muro.

Salí a la frescura del puerto y anduve serenamente escuchando el ruido sordo de los tacones golpear la madera, dejando a la brisa marina enredar mis cabellos. Me sentía libre, limpia, ansiosa. Los marinos me miraron como si fuera la primera vez que me paseara por esos lugares: un olor distinto se despedía de mi esencia. La sal del mar llegó a mis labios y la probé desde el viento: él estaba detrás de esa línea de agua que separaba su vida de la mía.

¿Qué encontraría al regresar? Ese era el verdadero problema a solucionar.

-Cinco días... dame cinco días y el tiempo de excusa por si se enfurece el temporal.

Una semana completa, tómate tu tiempo. Hoy tengo el asa del veliz asida por mi mano firme y decidida: esperaré a que vengas para mostrarte el tatuaje en mi hombro, y dejarte despojar mis encajes, trepar en tu barco, refugiarte en mi casa. Espero. Lanzaré el equipaje al mar quizá un minuto antes de que aparezca el asta de tu embarcación en el horizonte. Tal vez aún veas pasar el recuerdo de lo que fui cuando las olas acaricien el cadáver flotante y éste bese tu proa.

Los viajes cambian la forma de pensar de las personas, pero a tu regreso veré que sigas siendo el mismo: yo soy quien será otra, despojada de todo ese peso que he guardado en mi maleta, hambrienta de tu abrazo, tu sonrisa y tu voz.

*

1 comentario:

AnDRóMeDa dijo...

Genial, exquisito como siempre. Elocuente y conmovedor.
Me encanta cuando creas historias breves como ésta.
Un beso y cuidate.