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agosto 13, 2009

El cine y los desórdenes alimenticios

-¿Es usted "de buen comer", verdad?- Eufemismo usado por mi doctor para no decirme tragona.

Aún recuerdo esos días cuando me negaba a comprar en el cine algo que no fuera una botella de agua: la pantalla grande se había hecho para ver las historias contadas en gran formato, asombrarse, maravillarse con los trabajos de tantos creativos que recreaban la vida de magistral manera. Si optaba por comprar palomitas de maíz, siempre las compartía, no me acababa la cubeta y me quedaba con ganas de más.


Hoy las cosas han cambiado: la monstruosa combinación de los complejos de salas y el estrés de la vida cotidiana, han hecho del cine un antro de perdición casi igual que los bares y las discotheques. En dichos espacios puede uno hacerse adicto al sexo, a las drogas, el tabaco y el alcohol, pero en los cines uno se hace adicto a otra cosa igual de dañina: la comida chatarra.


Muchas emociones se ponen en juego al disfrutar el realismo de las imágenes que la tecnología ha permitido construir a los directores talentosos, y a las grandes productoras de filmes taquilleros. Uno puede ir a asustarse, a reírse, a ponerse nervioso o a llorar a mares. El negocio de los cines es la emoción: películas excitantes, deprimentes, terroríficas se apoderan de nuestras voluntades por periodos de una a tres horas, acudimos a las salas para olvidarnos un poco de la monotonía de nuestras propias vidas, para ilusionarnos, para pensar un poco, para dejar correr las lágrimas en la penumbra que nos permite ser sensibles sin avergonzarnos, para permitirnos brincar de un susto y reírnos después, para permitir abrazar al novio, a la novia, estar muy juntitos en un lugar íntimo y a la vez público, para tomarnos de la mano, para provocarnos emociones que no siempre nos dan nuestras mal gastadas vidas comunes.

Y por supuesto, si a eso le agregas una cosa que te dicen que es queso derretido, cuando más bien es una mezcla tremenda de grasas saturadas y calorías al por mayor, el efecto producido en el cuerpo es equiparable a un viaje de marihuana, a una inyección de heroína, a una borrachera completa.

No exagero: los "Nachos con queso" son el producto más exitoso del cine para mí. Ahora es un reto titánico el resistirme a comprarme unos, y acompañarlos de refresco. ("¿Coca está bien?" ¡Y por inercia contestas "¡Sí!"!) Además de robarle palomitas a mi acompañante y terminarme el producto mucho antes de la mitad de la película.


Si alguien ama el cine como yo, puede fácilmente estar consumiendo esta combinación explosiva una vez cada mes, cada dos meses, cada que hay estreno, cada que hay festivales, muestras o foros. Por fortuna el dinero no me da para irme a gastar doscientos pesos en boletos y snacks, así que entonces, cuando no puedo, opto por mirar cine en la tele y alistar el escenario para hacerlo mejor: Palomitas de Microondas, refresco, papas, algo que truene en la boca, en pocas palabras: comida chatarra.


Y por si esto fuera poco, la relación vista-pantalla/boca-alimento es tan fuerte, que una vez viendo televisión o estando frente a la computadora, la ansiedad se vuelve algo incontrolable, y hay que tener café y galletas mientras se hace la tarea, se escribe en el blog o se navega.


No es que uno quiera siempre echarle la culpa a terceros de los errores que uno comete en la vida, porque finalmente el caer en no cuidarme ha sido una decisión mía y sólo mía, pero no puedo dejar de lado los procesos inconscientes, y concluyo que además de la injerencia de otros factores, así fue como me fregué el sistema nervioso al relacionarlo directamente con el sistema digestivo. Emoción, estrés, presión=problemas gastrointestinales.


Uno busca el origen cuando hace un alto, cuando el médico te dice cómo estás por dentro, cuando menea la cabeza con desaprobación cuando le vas narrando los excesos de tu vida. Entonces vuelves a casa y decides cuidarte, pero el llamado de la droga es fuerte, la compulsión no se ha terminado.


-"Necesito desintoxicarla como lo haría con un drogadicto"- me dijo. Me sentí terrible...


"Comer no debe ser tan malo..." piensa uno inocentemente. Es crucial para estar vivo, para seguir andando... pero el mundo en el que vivimos, la imparable cantidad de estímulos visuales, olfativos, auditivos y subliminales que nos rodean, hacen de este mundo algo muy peligroso, más peligroso de lo que llegué a pensar, más diabólico, más arrasador. Ahora hay que andar con pies de plomo, porque el cine y los desórdenes alimenticios han hecho una complicidad malsana.


Hay que amar el arte, pero no dejar que se nos meta nada raro por la boca mientras hacemos corajes porque Harry Potter se da arrumacos con la odiosa de Ginny Weasley. :P



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abril 02, 2009

"A mí no me conoce casi nadie..."

Dolor, amor.
PLAY

marzo 23, 2009

Slumdog Millionaire

Decir que una película me deja sin palabras sería demasiado, porque de ser así, no tendría caso escribir mi opinión sobre ella en un espacio de mi blog.

El día de ayer tuve la oportunidad de ver la gran triunfadora de los premios de la Academia, que en español se intitula "Quisiera ser millonario".

Paseándome por la red, no me extrañó encontrarme críticas desfavorables, y no voy a repetir aquí los datos famosos que los buenos cinéfilos ya han de conocer.

Lo importante de esta película es que me dejó con el corazón estrujado, la mandíbula desencajada y el rostro bañado en lágrimas. Creo que basta con esta breve descripción sobre sus efectos en mi persona para decir que es altamente recomendable.

No voy a decir la trama porque nunca me ha gustado que alguien me platique de qué se trata sin yo haberlo solicitado. Como aquella vez que leí en un blog que El Niño con el Pijama de Rayas se moría, y maldije a la chismosa que lo puso. No me dieron ya ganas ni de leer el libro ni de mirar el filme. Comentarios como ese queman el interés, lo cual podría ser lo equivalente a estar sentado en la sala de cine y escuchar cómo el de atrás está platicando lo que viene a continuación. Eso no se vale. -Pido de paso una disculpa a quien no sabía el desenlace de la citada historia-. :P

El caso es que Slumdog Millionaire me mantuvo con las tripas hechas nudo de principio a fin... aunque si se trata de honestidad, creo que el final que me inventé es muy superior al que se imaginaron los creadores, pero ustedes véanla y luego lo discutimos...

Lo mejor fueron estos preciosos escuincles que ya me tenían en su bolsillo desde los primeros minutos, y lo mismo pasó cuando "fueron creciendo" ¡Qué chulada de casting!. Interesante el guión, muy buena la música, padrísimas tomas, carismáticos personajes, y sobre todo, mucho realismo.

¡Pensar que fue filmada en la India y yo podría jurar que he visto eso en México! ¡Por Dios! ¡El mundo es un pañuelo y los mocos son lo mismo en todas partes!

Véanla, no pueden perdérsela... nada más no se fijen en el musical tipo High School Musical, que desentona en absoluto con el resto del filme, pero no ganó por nada los 8 Oscares, ni los Globos de Oro, ni los premios de la BAFTA. Yo sé que muchas veces los premios no son muy confiables, pero ya no les digo más.

Ahora sólo sé que la Pedagogía sigue reafirmando mi amor por el Séptimo Arte, y este último reafirma cada vez más mi vocación de ser pedagoga... pero sobre todo, especializarme en adolescentes. ¡Gracias, Danny Boyle!
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febrero 01, 2009

De cine y otros placeres

Intentando estirar la felicidad como tantas veces, esa con la que inicié el año y con la que me propuse continuar aferrada hasta que cuerpo y alma aguantaran, aquí estoy escribiendo de nuevo. Y debo decir que para el mencionado propósito, el séptimo arte me ha sido de una ayuda insustituíble

La primera película que vi en el año fue El curioso caso de Benjamin Button, acompañada de mi mejor amiga (o bueno, una de mis mejores, para que nadie se sienta ofendido ;D). Sobra decir que el impacto que en mí causó fue más favorable de lo que ya imaginaba...y no sólo por el ENORME placer de volver a ver unos segundos (y gracias a la tecnología) a un Brad Pitt tan suculento como lo vimos hace casi veinte años, sino porque además del garantizado taco de ojo que significa verlo en pantalla grande, también ha sido siempre garantía de una actuación impecable. Las tres horas de película casi ni se sienten, la fotografía es de una belleza sublime, y la historia propuesta es una invitación a replantearse el amor en todas sus facetas, la belleza, la inocencia, la vida misma.

Después volví a ver El Bulto, de Gabriel Retes. Una película que vi hace años y que tenía muchas ganas de volver a ver precisamente por esas incongruencias entre la edad biológica y la edad mental. Necesitaba justificarme el hecho de que aunque a los ojos ajenos mi fisonomía represente aún más edad de la que tengo, los ojos de mi alma me siguen impidiendo crecer más allá de los quince...(el ya famoso Síndrome de Peter Pan). No me arrepentí. Además de todo, me entraron unas ganas enormes de involucrarme en un proyecto más ambicioso de cine, rodeada por mis seres queridos, subidos todos en un mismo barco que nos lleve a la aventura de la creación.

Luego fui a ver la película de El Argentino. Doble placer porque tenía unos veinte años que no iba con mi madre al cine, y que por fin se diera el tiempo de acompañarme, y más aún, que fuera con toda la disposición de ver un filme que seguramente no entendería, fue el premio que por anticipado se me concedió. No tengo que contar la trama para que sepan que trata del movimiento guerrillero que dio pie a la Revolución Cubana. Y además de que, muy a pesar de que nos resistimos a reconocerlo, disfrutamos como locas el ver a toda esa bola de HOMBRES DE VERDAD (encabezados por -mmh!- Benicio del Toro) envueltos en tan apasionante trama; también es cierto que la película me dio un madrazo a mí, que había desistido del acaloramiento que produce el indignarse y luchar por causas sociales, a mí que había decidido no ver las noticias, y como Susanita, la amiga de Mafalda, prefería pensar que el mundo quedaba muy lejos y que era mejor no pensar en los pobres, dedicarse a ser mamá y soñar con el príncipe azul... ¡qué pendeja me he sentido!

Y por si fuera poco, un tanto apenada con un amigo francés que me refirió El Violín, película mexicana que a pesar de haber adquirido hacía muchos meses, no había tenido tiempo de ver, decidí ponerla hace unos minutos para ver de qué se trataba, y las lágrimas insoportables no se hicieron esperar. Más madreador todavía. Independientemente del infalible blanco y negro, la belleza de la música y los paisajes campiranos, y el excelente casting de actores, cada segundo del filme parecía preguntarme: ¿todavía crees que el mundo está demasiado lejos?

Un final más para llorar de rabia, y para cuestionarme la manera en que desde mi pequeño mundo y mi corta edad mental puedo ser aún útil y benéfica para el futuro que se aproxima.

¿Será a través del cine, el teatro o la literatura, contando historias poco a poquito hasta adquirir la experiencia necesaria y decir cosas duras con la belleza de una flor en mitad del asfalto? ¿Será a través de la educación, poniendo el granito de arena, llegando a menos personas, pero más a fondo, inspirándoles amor por la vida y la pasión por ayudar a vivir mejor? Todavía no lo sé, y tal vez me pase la vida indagando de qué forma puedo estar sin cruzarme de brazos, pero de una cosa estoy segura: el arte y la educación son los motores de este mundo. No podría haberme dedicado a otra cosa en donde no fuera requisito rebanarse el corazón en delgadas capas, para que alcance a alimentar un poco a tantas almas hambrientas de un impulso cardíaco, de la imprescindible esperanza en un mañana mejor.

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enero 08, 2009

Inevitable no escribir de ello

Pues entre que son peras o son manzanas, y antes de que se fuera de cartelera (lo cual todavía no sucede), fui la semana pasada a ver la dichosa película de Crepúsculo. Asistí con la plena intención de disfrutar la función, me preparé psicológicamente para sentirme de 16 años otra vez y me puse "flojita y cooperando". Qué cosa tan espantosa.

Por supuesto que tiene partes muy lindas, sobre todo de la mitad hacia el final, y así, sintiéndome una joven puberta del cerebro, no pude evitar la risa en ciertas escenas. Traté de que mi malicia de mujer adulta no me estorbara, pero hay cosas que sí son un insulto a la inteligencia, como bien decía mi amigo Abraxam en su crónica, el dichoso brillo de vampiro (que quién sabe de dónde se lo inventó Stephenie Meyer) parece el brillo del hada Campanita, y el maquillaje de talco de bebé con los pupilentes de plástico, no, no, no...

Pudiendo hacer una superproducción con toda la lana que se iban a embolsar, decidieron hacer una propuesta barata. O no le apostaron demasiado porque el miedo a que Harry Potter se estrenara por las mismas fechas y no vendiera lo suficiente, o bien decidieron hacer una peli que se va a quedar como si fuera de culto, por lo mal hechota que está, al cabo ya sabían que serían mayores las ganancias que la inversión.

En la película encontré personajes que, sin haber leído el libro, me cayeron bien a primera vista: los vampiros malvados. ¡¡Y es que quién les dijo que un vampiro decide ser "vegetariano"!! ¡¡Por las barbas de Germán Robles!! ¡¡Ya ni el Louis de Anne Rice que era casi un santo!! Pero la familia Cullen haciéndose los excéntricos bebiendo sangre animal en lugar de humana, francamente me parece inverosímil.

Mi acompañante había leído ya el libro y a pesar de tener trece años y poseer la frescura de la adolescencia, tampoco quedó muy complacida. (Cosa que me produce gran alivio, ya que reafirmé que no es una fanática enceguecida) Para empezar, los actores protagonistas no son PARA NAAAAADA dignos de interpretar tales papeles. Simplemente se aseguraron de buscar una cara bonita para la tal Bella, con la boca entreabierta toooooooooooooodo el tiempo, exigiendo un beso hasta dormida (excesivo). Y el modelo de la cara chueca no me convenció en lo absoluto como el vampiro irresistible del que se enamora la joven desorientada y calenturienta -triste retrato de muchas adolescentes en la actualidad-

En fin que no me gustó. Rescato algunas escenas de amor, algunos personajes, una que otra escena de acción, pero otras cosas son por demás exageradas, la carga sexual es intensa a lo largo de toda la película, y eso es un gancho poderoso para atraer la atención de los iniciados en los placeres de la carne, o para los ansiosos por descubrir sus secretos.
Lamento que haya chicas que confiesen haber visto hasta ocho veces la película. Me asusta que la delgada línea entre lo real y lo fantástico se esté desapareciendo con la acción de peligrosos borradores. Idealizar a un chico, engañarse diciendo que en el fondo es bueno aunque a todas luces se sabe que es malo, con tal de sentirse vulnerable y protegida, deseando morbosamente sentirse lastimada por él, es inconcebible.

Ya no digo más, porque corro el riesgo de parecer fatalista y hablar como mi abuelita solía hacerlo, pero escribo lo que pienso, y lo que pienso es que es lamentable que se haya inventado una saga como esta.