enero 21, 2010

Aterrizando poco a poco


Me encuentro sentada en el cuarto piso de la Universidad. Por primera vez después de mucho tiempo releí mi tesis y me puse a buscar bibliografía para la nueva clase que empecé a dar en nivel superior. Confirmé por qué me metí a estudiar esto y me siento feliz. Mi prospecto para nueva asesora de tesis no vino hoy, pero no importa. Estoy aprovechando la poca batería que me queda en la computadora y el acceso gratuito que puedo tener a Internet en el área de cubículos de los profesores para revisar mi correo, actualizar mi Twitter y escribir en mi blog.


Como no sé de qué escribir, hago uso del estilo de bitácora y narro lo que estoy haciendo. Así he empezado varios escritos y luego resultan cosas. La gente pasa y se me queda viendo raro, pero bueno, ya estoy acostumbrada a ello... ayer le envié una carta... sí, cambio abrupto de tema. Yo pensé que ya no iba a escribir de esto, pero tendré que aguantarme a mí misma todavía otro poquito: cuando un amor se siembra en el corazón como una espina, es difícil no hablar del dolor, o de la costumbre de tener a ese diablillo intruso anidado en el pecho.


Una carta escrita de puño y letra, así sea dentro de la misma ciudad, en el domicilio de su oficina, puesto que el de su hogar lo desconozco; puede dar la sensación de lejanía que en realidad tenemos: no sé en qué ciudad andará ahorita, tengo idea de que anda por el norte y me siento tranquila. Una carta con intención de amistad, de compañerismo, de solidaridad. Hice algunos borradores que deseché porque aún tenían el tono satírico que siempre suele ser mal interpretado. Opté por relajarme y hacer una carta "buena onda", como se la describí a mi pequeña, cómplice de mi corazón herido y de mi cerebro revuelto.


Hoy veo que se ha metido a Twitter... de pena ajena si ubicó mi cuenta entre sus seguidores y viendo que cada estado habla de él... me sonrojo. Lo bueno es que nadie lo tiene, al menos eso creo yo.


Desde el momento mismo en que deposité la carta en el buzón, mi alma se liberó. Yo ya no sé qué efecto tenga, no escribí la dirección remitente para no esperar inútilmente alguna respuesta. Simplemente me nació hacerlo: se cumplían cuatro meses de aquél acercamiento íntimo, y por alguna razón la fecha me puso nostálgica. Como dije antes, sin Internet en casa, mi antigua caligrafía despertó de su sueño y se puso a garabatear luego del consabido inicio "Querido Pedro:"


Dicen que le llegará en tres días, no sé cuándo regresará de sus viajes para poder leerla. Pero ahora sí no espero nada, sólo que vuelva a aparecer en su facebook para saber que está bien. Mientras tanto a darle a la tesis, al ensayo de las obras y a sobrevivir en esta tierra. Me siento alegre y no sé por qué exactamente. Sé que la vida es bella, y que escribir cartas a mano tiene parte en este encanto de sentir el pulso de la escritura sangrar, y dirigirse honrosamente hasta las manos de aquél a quien aman.


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enero 05, 2010

Renuncias


Empieza el año en serio: el trabajo se asoma como isla desierta en el horizonte, se avista como platillo volador en lo despejado del cielo, se percibe como el perfume del amor en el aire.


Hoy ya sé qué no va a pasar: tú no llamarás porque mi teléfono no sirve, porque no uso celular o simplemente porque no tienes la más mínima intención de hacerlo. No escribirás porque no tienes tiempo, porque tienes más de 1500 amigos que seguramente actualizarán sus estados muy seguido, y yo no apareceré en tu página de inicio, y por lo tanto, en tu memoria, a menos que me haga presente.


Aquí estoy, entendiendo que no tengo un lugar en tu vida, acechando como hacker psicópata, esperando el momento en que anuncies que asistirás solito y tu alma, a la esquina de Dr. Lucio y Av. Chapultepec para tomarte por asalto y besarte hasta que no quede un aliento en tu pequeño cuerpecito de cachorro travieso.


Renuncié a la idea de esperar que hicieras algo, que esos cambios de los que alardeabas tuvieran que ver con una decisión respecto a mí... pero bueno. Ya comencé a trabajar, y eso no va a detenerse hasta que nos volvamos a encontrar en el camino.


Nadie lo entiende y ya no pido comprensión: no amo a cualquiera, no soy generosa como tú, me enamoro sólo cada vez que pasa el cometa, soy una romántica incorregible, pero cuando me entrego como en esta ocasión, soy muy peligrosa. Sí señor, soy peligrosa también: para el ser que amo y para conmigo misma... pero soy inteligente, no tengo enemigos ni me gusta ganármelos, no colecciono afectos, sólo me quedo con aquéllos que valen la pena. Y usted vale la pena.


No sé cuántas veces he dicho lo mismo con distintas palabras, pero no me interesa. ¿"te amo hasta la médula", dije? Sí... es lo más sabio y sensato que he dicho últimamente.


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enero 01, 2010

Mein Herr

Sabiduría y sensatez, dices. Las tendré así esté muriendo por querer estar loca, perdidamente loca.

Siempre he sabido cuál es mi lugar, sólo que a veces se me olvida.

Te amé sin culpa y tú mismo me obligaste a sentirla.

Hoy renuncié a ti sinceramente... bye, bye mein lieben herr, aunque todavía te ame hasta la médula.