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febrero 09, 2010

Los Secretos de Cupido

Ya no había venido a este blog porque se ha vuelto tan personal, que ya hasta da un poco de penita, pero me digo: si no tengo a quién contarle lo que siento, y poseo un blog en donde puedo escupir lo que se me dé la gana, ¿por qué reprimirme?

La posibilidad de que él se haya enamorado de alguien más, me mata. No pones en tu estado del facebook la palabra Love tres veces sin estar pensando en alguien...sí, ya sé, es tonto sentir que se sabe todo de alguien sólo por el seguimiento que uno le hace en sus redes sociales, pero en mi caso es todo lo que tengo. Anoche me atreví a enviarle un mensaje de texto diciéndole que me había acordado de él viendo un programa, y así fue: anoche estuve viendo "Los Secretos de Cupido", pasaron todos los capítulos de este documental en donde se explican científicamente los síntomas del enamoramiento, y pude reconocernos en cada uno de los detalles.


Lamentaría sentirme patética, o convertirme en un stalker, como alguna vez me dijo Luis (un amigo en común), pero creo que he de llevar lo que siento con dignidad, como al principio, como cuando decidí que no debía avergonzarme de esto, cuando asumí con dolor que en verdad estaba amando a alguien difícil, a alguien con quien iba a ser doloroso en adelante convivir y resistir. A pesar de que todo alrededor, incluso él, lucharon por hacerme sentir vergüenza de lo que sentía, reconozco perfectamente al amor cuando lo siento, y sé distinguirlo de otros sentimientos que pueden causar confusión.


Ahora, sentir que tal vez no fui la opción para que él se olvidara del pasado e intentara comenzar de nuevo, me causa inquietud. No estoy segura de nada, pero si lo compruebo, sé que me dolerá. Trato de empezar a prepararme para el golpe, pues seguramente llegará en cualquier momento: él no parece de esos que pueden estar solos, y yo no he recibido señales importantes que hagan apuntar su corazón hacia mí. Una señal de ternura, de agradecimiento, pero nada más.


He aquí un capítulo más de esta historia. Cuando dije que era amor, no estaba exagerando. No puedo extirpármelo como si fuera un barrito en la frente, es un tumor que crece, y que no podré saber si es benéfico o cancerígeno, hasta que vea los efectos secundarios en mi cuerpo y en mi persona. Ojalá fuera amor compartido, nótese que sigo diciendo ojalá... U__U



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enero 21, 2010

Aterrizando poco a poco


Me encuentro sentada en el cuarto piso de la Universidad. Por primera vez después de mucho tiempo releí mi tesis y me puse a buscar bibliografía para la nueva clase que empecé a dar en nivel superior. Confirmé por qué me metí a estudiar esto y me siento feliz. Mi prospecto para nueva asesora de tesis no vino hoy, pero no importa. Estoy aprovechando la poca batería que me queda en la computadora y el acceso gratuito que puedo tener a Internet en el área de cubículos de los profesores para revisar mi correo, actualizar mi Twitter y escribir en mi blog.


Como no sé de qué escribir, hago uso del estilo de bitácora y narro lo que estoy haciendo. Así he empezado varios escritos y luego resultan cosas. La gente pasa y se me queda viendo raro, pero bueno, ya estoy acostumbrada a ello... ayer le envié una carta... sí, cambio abrupto de tema. Yo pensé que ya no iba a escribir de esto, pero tendré que aguantarme a mí misma todavía otro poquito: cuando un amor se siembra en el corazón como una espina, es difícil no hablar del dolor, o de la costumbre de tener a ese diablillo intruso anidado en el pecho.


Una carta escrita de puño y letra, así sea dentro de la misma ciudad, en el domicilio de su oficina, puesto que el de su hogar lo desconozco; puede dar la sensación de lejanía que en realidad tenemos: no sé en qué ciudad andará ahorita, tengo idea de que anda por el norte y me siento tranquila. Una carta con intención de amistad, de compañerismo, de solidaridad. Hice algunos borradores que deseché porque aún tenían el tono satírico que siempre suele ser mal interpretado. Opté por relajarme y hacer una carta "buena onda", como se la describí a mi pequeña, cómplice de mi corazón herido y de mi cerebro revuelto.


Hoy veo que se ha metido a Twitter... de pena ajena si ubicó mi cuenta entre sus seguidores y viendo que cada estado habla de él... me sonrojo. Lo bueno es que nadie lo tiene, al menos eso creo yo.


Desde el momento mismo en que deposité la carta en el buzón, mi alma se liberó. Yo ya no sé qué efecto tenga, no escribí la dirección remitente para no esperar inútilmente alguna respuesta. Simplemente me nació hacerlo: se cumplían cuatro meses de aquél acercamiento íntimo, y por alguna razón la fecha me puso nostálgica. Como dije antes, sin Internet en casa, mi antigua caligrafía despertó de su sueño y se puso a garabatear luego del consabido inicio "Querido Pedro:"


Dicen que le llegará en tres días, no sé cuándo regresará de sus viajes para poder leerla. Pero ahora sí no espero nada, sólo que vuelva a aparecer en su facebook para saber que está bien. Mientras tanto a darle a la tesis, al ensayo de las obras y a sobrevivir en esta tierra. Me siento alegre y no sé por qué exactamente. Sé que la vida es bella, y que escribir cartas a mano tiene parte en este encanto de sentir el pulso de la escritura sangrar, y dirigirse honrosamente hasta las manos de aquél a quien aman.


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enero 05, 2010

Renuncias


Empieza el año en serio: el trabajo se asoma como isla desierta en el horizonte, se avista como platillo volador en lo despejado del cielo, se percibe como el perfume del amor en el aire.


Hoy ya sé qué no va a pasar: tú no llamarás porque mi teléfono no sirve, porque no uso celular o simplemente porque no tienes la más mínima intención de hacerlo. No escribirás porque no tienes tiempo, porque tienes más de 1500 amigos que seguramente actualizarán sus estados muy seguido, y yo no apareceré en tu página de inicio, y por lo tanto, en tu memoria, a menos que me haga presente.


Aquí estoy, entendiendo que no tengo un lugar en tu vida, acechando como hacker psicópata, esperando el momento en que anuncies que asistirás solito y tu alma, a la esquina de Dr. Lucio y Av. Chapultepec para tomarte por asalto y besarte hasta que no quede un aliento en tu pequeño cuerpecito de cachorro travieso.


Renuncié a la idea de esperar que hicieras algo, que esos cambios de los que alardeabas tuvieran que ver con una decisión respecto a mí... pero bueno. Ya comencé a trabajar, y eso no va a detenerse hasta que nos volvamos a encontrar en el camino.


Nadie lo entiende y ya no pido comprensión: no amo a cualquiera, no soy generosa como tú, me enamoro sólo cada vez que pasa el cometa, soy una romántica incorregible, pero cuando me entrego como en esta ocasión, soy muy peligrosa. Sí señor, soy peligrosa también: para el ser que amo y para conmigo misma... pero soy inteligente, no tengo enemigos ni me gusta ganármelos, no colecciono afectos, sólo me quedo con aquéllos que valen la pena. Y usted vale la pena.


No sé cuántas veces he dicho lo mismo con distintas palabras, pero no me interesa. ¿"te amo hasta la médula", dije? Sí... es lo más sabio y sensato que he dicho últimamente.


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enero 01, 2010

Mein Herr

Sabiduría y sensatez, dices. Las tendré así esté muriendo por querer estar loca, perdidamente loca.

Siempre he sabido cuál es mi lugar, sólo que a veces se me olvida.

Te amé sin culpa y tú mismo me obligaste a sentirla.

Hoy renuncié a ti sinceramente... bye, bye mein lieben herr, aunque todavía te ame hasta la médula.

diciembre 26, 2009

Esperación


Una palabra mezcla de esperanza y desesperación... no quisiera seguir aguardando un milagro, como si estuvieras esperando a que se alinearan los astros para sacar el soplete y derretir el hielo que me hace castañetear los dientes.


A veces pienso que tu silencio y tu misterio tienen que ver conmigo... inocentemente. Pero a veces sueño con que aparece en tu estado un mensaje de amor para alguien más... no sabría qué hacer. Sueño a veces con que me lees, con que en secreto me has seguido como yo te he acompañado en tu dolor calladamente, pero sólo es eso: fe y sueño.


La gente a mi alrededor y la vida me dicen que crea, pero la verdad es que me estoy muriendo de frío.


He aprovechado el tiempo para decirle a la gente que quiero, que la quiero, que me hace falta un abrazo, una risa, el buen humor. Me ha dado gusto ver a mi familia de alguna manera feliz, como un boceto de algo nuevo, con una sonrisa apenas dibujada en sus rostros, que yo interpreté como esperanza en el futuro. Yo no sé si sea el modo en que yo quiero ver las cosas, pero lo he visto todo muy luminoso últimamente.


Por desgracia cada vez que entro a visitar tu red me deprimo un poco... porque no hay respuesta, ni siquiera un guiño que me diga que todo está bien, que todo es normal, que soy aunque sea una persona más en tu vida, pero por lo menos un alguien. Has ignorado mis mensajes y eso me duele. Quisiera pensar que es una estrategia que al final terminará en sorpresa, pero no me gustaría elevarme y luego caerme de muy alto.


Esperación es lo que siento. Esa es la palabra: esperación :(


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noviembre 05, 2009

Ayer

La tarde cayó sobre mis hombros llevando consigo la pesada carga de las prisas. Llegué al lugar que ya siento como casa y me dediqué al trabajo. Fueron buenas las cinco horas de anticipación, ni más, ni menos. La soledad del camerino me envolvió... soledad como siempre. Y extrañé tu risa, tus manos, tu mirada reflejada en el espejo...

Traté de sentirme una estrella, sentada en ese espacio en donde tantas veces has estado tú. Era inevitable pensar en tí, soñar que entrabas por esa puerta irrumpiendo mis pensamientos con un ramo de rosas. Idear un momento mágico a solas, sin prisas y sin miedo... todo estaba ahí, listo para que tú entraras como cuchillo en mantequilla, pero el corazón me decía que no estarías ni de broma.


Comenzó a llegar la gente, y mi pose de diva se empezó a romper, espiando tras las cortinas para ver quién estaba, quién faltaba, y sonriendo de ver que hay gente que me aprecia y que cumple sus promesas.


La función empezó. Titubeé. Luego los vi, me impuse, les traté de seducir, me valió, me entregué, te tuve de nuevo y te perdí en escena... fingí que no importaba, terminé. Luego recibí los abrazos y después me desmoroné... la penumbra del camerino me rebasó mientras alguien afuera alardeaba del tiempo que pudiste dedicarle un día antes para hablar de teatro... hay quien tiene ese privilegio...


Terminando la noche quedó un solo amigo, el único. Él me regaló un abrazo y una flor seca de cempasúchitl. Ese fue mi consuelo al final... palabras sabias... o necias quizás, o complacientes, no lo sé. El caso es que nadie entiende, si no lo sienten no lo entenderán jamás. Lo que sigo sintiendo es difícil, muy duro de sobrellevar aún. No es sencillo amar así, en silencio, sin esperanza, y con el recuerdo de una complicidad latente que se concretó en un beso, y se hirió con mis palabras.


Hoy le escribí. No quise ponerle ni un "te quiero", aunque ya lo sabe. No quiero que un "te extraño" le haga sentir acoso o presión alguna... pero quiero que recuerde que existo, y que si se olvidó que ayer había una función que esperaba de él aunque sea un "deseo de mierda", lo recuerde y me recuerde... aunque me odie, aunque le fastidie. Yo sólo quería hacérselo saber. En respuesta no espero más que silencio otra vez.


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octubre 22, 2009

Menta y chocolate

Son menta y chocolate, tus ojos y los míos:
son el calor de la tierra, son la frescura del mar.
El mirarme en tu mirada me arrebata del vacío
y me va atando de a poco a la aventura de amar.

Cabello castaño y suave, tu delicadeza interna
cabello negro y rebelde, la fuerza que da el dolor.
Mujer de expresión voraz y de naturaleza tierna,
caballero de fina estampa, guerrero y emperador.


Mensajes que hicieron veces de disfrazados flirteos,
muchos abrazos claves, más silencio y más temor.
Y las voces, las miradas, las caricias, los deseos...
...los sueños y dudas tontas invadiendo el interior.

Un beso desesperado te arrebató la sonrisa,
en medio de tu amplio duelo y mi amarga gestación,
mas la realidad maldita, absorbente e insumisa
lastimó nuestro amor puro reduciéndolo a ilusión...

Somos menta y chocolate, la combinación perfecta:
sabores amargo y dulce provocan paz o explosión.
Somos dos locos de atar, la combinación correcta
para dar sentido al mundo e ignorar toda opinión.
...

octubre 08, 2009

Frase corta que aún siendo corta, no cupo en el Twitter

Me aterra sentir lo que siento, aunque no lo creas, siento exactamente lo mismo que tú, pero ojalá que coincidamos nuevamente en tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio. Te adoro. Esto no es un adiós.

octubre 05, 2009

Que la fuerza me acompañe

Lo aprendido es lo valioso. Es importante hacer un alto, poner distancia, aterrizar un segundo. No puedo creer aún lo que ha sido mi vida desde mi cumpleaños de 2008 hasta este momento que estoy pasando.

No me quise olvidar de los amigos y lo hice, no quise olvidarme del estudio y lo hice, no quise olvidarme de mi familia, pero lo hice. Aunque creo que en cierta manera era justo exagerar en la forma en que me veía a mí misma para empezar a quererme, a volver a sentir en mí la chispa del amor, y en el camino me volví obsesiva... y fui excesiva.

Hoy creo que alejarme es la mejor opción. Voy a luchar por mi felicidad, así ésta sea o no sea al lado suyo. Me dolerá saber que de pronto ya encontró a alguien más y que yo sigo aquí, tejiendo y destejiendo, pero resistiré, sobreviviré, estoy segura. Andaré un viaje y rondaré como mosca su habitación para susurrarle molestamente al oído sin que apenas me perciba.
Todo va a estar mejor... todo mejor...

Quise ser el conquistador que cortejaba a la reina, pero la amenaza de cortarme la cabeza si fallaba me hizo desistir en mi empeño. Prefiero cabalgar libremente como un pobre trovador hasta que la hermosa pueda dejar a un lado sus obligaciones de mandataria y se digne a escuchar mis versos en la plaza... por supuesto que esa es una posibilidad muy lejana, pero existe.


Ojalá esta no se desdibuje con el tiempo, que esta bella locura que empezó el día en que pude pisar el salón real y tocar para ella, el día en que me atreví a besar su mano sin guante, no termine con el recuerdo de este humilde caballero perdido entre los rostros hermosos de su corte de honor. Ojalá no haya otra guerra en puerta y yo tenga que ir, y muera. Ojalá esté lo suficientemente completo para el día en que eso suceda. Ojalá me ame... lo sé, ingenuo soy.


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septiembre 28, 2009

Cinco días

Tenía sólo cinco días para esperarlo. Cinco días en los que la consigna era reasumirme entera antes de sentirme completa en sus ojos de mar.

Ya estaba tatuado su nombre en mi brazo, pero los encajes conseguían cubrirlo muy bien y así podría vivir de no ser porque el calor me invadía. Sentía un deseo profundo de recorrer a nado esa trayectoria que su barco pesquero andaría en su viaje de ida y vuelta. Quería quedarme esperando en la orilla como sirena amante mirando la luz del farol... pero no lo hice.

Tomé mi maleta y guardé todos mis miedos: guardé el luto, guardé el silencio. Allí también quedaron empacadas la vergüenza y la cobardía. Rebusqué en la humedad de mi cuarto las telarañas que empañaban mi ventana y también las guardé. A través del cristal limpio pude ver que había camino en donde antes había un muro.

Salí a la frescura del puerto y anduve serenamente escuchando el ruido sordo de los tacones golpear la madera, dejando a la brisa marina enredar mis cabellos. Me sentía libre, limpia, ansiosa. Los marinos me miraron como si fuera la primera vez que me paseara por esos lugares: un olor distinto se despedía de mi esencia. La sal del mar llegó a mis labios y la probé desde el viento: él estaba detrás de esa línea de agua que separaba su vida de la mía.

¿Qué encontraría al regresar? Ese era el verdadero problema a solucionar.

-Cinco días... dame cinco días y el tiempo de excusa por si se enfurece el temporal.

Una semana completa, tómate tu tiempo. Hoy tengo el asa del veliz asida por mi mano firme y decidida: esperaré a que vengas para mostrarte el tatuaje en mi hombro, y dejarte despojar mis encajes, trepar en tu barco, refugiarte en mi casa. Espero. Lanzaré el equipaje al mar quizá un minuto antes de que aparezca el asta de tu embarcación en el horizonte. Tal vez aún veas pasar el recuerdo de lo que fui cuando las olas acaricien el cadáver flotante y éste bese tu proa.

Los viajes cambian la forma de pensar de las personas, pero a tu regreso veré que sigas siendo el mismo: yo soy quien será otra, despojada de todo ese peso que he guardado en mi maleta, hambrienta de tu abrazo, tu sonrisa y tu voz.

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agosto 27, 2009

No eres el maquinista de este tren.

                                            Ayer como en un vago ensueño escuché La Marsellesa...
y sin más evoqué tus ojos profundos de anciano a destiempo.
La casa donde nos reuníamos ya ni siquiera existe...
no ha pasado mucho tiempo, pero ya no volveré a ir.

Hoy quiero jugar a hacer como que te extraño.
¿En qué lugar del mundo estarás? Suspiro.
Busco tus ojos... miento: sólo busco una respuesta a mí misma.
... pero no me hagas caso, creo que hoy amanecí romántica.

junio 11, 2009

La rubia con huaraches

Con la frente en alto llegó al pueblo. Llevaba una criatura en brazos, mientras la niña de ocho años y el mocoso de dieciséis le ayudaban a cargar sus pocas pertenencias. Su joven marido había muerto de pulmonía: la pobreza lo había matado dejándola a ella sola con sus tres retoños.

Con la mirada desconfiada extendió un papel en la mano de aquel mozo. Él le miró los huaraches con desprecio, sintiéndose por un instante el patrón. El hombre rico del pueblo le había dicho que podía usar un pequeño jacal y hasta él la condujo indicándole sin palabras que lo siguiera. Ella hizo avanzar a sus hijos detrás del mozo con un apenas perceptible movimiento de cabeza y ellos caminaron descalzos, con la piel curtida de tanto andar, terrosos y con un hueco en la panza. Entraron en la oscura morada y la niña buscó acomodarse en un raído petate que parecía dispuesto para el descanso, ensayando una risa apenas practicada, recién aprendida. Una mirada hosca de su joven hermano le hizo apartarse de pronto y dejarle el lugar a esa rubia que le había dado la vida y que le parecía tan distante.

Belén se desenredó el rebozo y depositó a la blanca criatura en el polvoso petate, procurando espantarle algunos bichos que rondaban por ahí. Habría que poner en orden ese espacio, pero habría que descansar primero, sacar el pañuelo con los pocos pesos que le quedaban para salir a buscar leche y pan. Buscó instintivamente los claros ojos de su primogénito, pero no lo encontró: se había ido a explorar las afueras del jacal machete en mano. Ya se había acostumbrado a lidiar con nauyacas y ahora era su deber procurar el bienestar de esas mujeres: mientras él viviera nadie se atrevería a humillarlas o a hacerlas menos... pero una sola ojeada al pueblo le hizo entender que esa tarea sería muy dura, pues todo el que pasaba lo miraba a él como si fuera una de esas peligrosas nauyacas de tierra caliente, bicho que se arrastra por el suelo y que sólo causa repulsión.

Los ojos negros de su hija morena la miraron desde esa posición servicial que mantendría el resto de su vida. Belén se quebró: esa mirada pequeña le recordó la primera vez que vio a Delfino pasar frente a su hacienda, su blanca sonrisa iluminaba su tez tostada, y sus brazos fuertes le dieron la ilusión de protección eterna. En ese momento no sabría que enamorarse de un campesino sería una maldición a su estirpe, la desaparición de su nombre en el testamento y el comienzo de un matriarcado que se extendería en su familia por dos generaciones más.

Quiso llorar pero las lágrimas eran un lujo en su cuerpo debilitado. Por un momento creyó odiar a esa pequeña que la miraba silenciosa, con ese espíritu tan pesado que tienen los niños al mirar. Ella era la única que le había heredado el color de piel y los ojos a su difunto padre, ella era la única que a veces sonreía en medio de toda esa miseria... pero ahora observaba a su madre sentada frente a ella con esa larga trenza rubia que le caía sobre el pecho, sumida en sus recuerdos, dubitativa, con un miedo que había aprendido a disimular muy bien, y con un orgullo que no había perdido a pesar de tanto dolor. La pequeña quiso encontrar en su madre un gesto de esperanza, algo que le dijera remotamente que existía un motivo para estar viva, para no avergonzarse de ser la hija morena de la rubia con huaraches, pero así permaneció largo rato sin ver resultados.

La humilde cara de su hermano mayor se apareció de pronto, y las dos supieron que aquel no era más que un chiquillo asustado obligado a ser hombre. Belén se sintió por primera vez sola, desposeída, percibió la punzada del hambre y del frío, e intuyó una lágrima contenida en el rostro endurecido de ese muchacho flaco y pálido que se había convertido en la figura paterna de sus dos hijas. La menor de ellas despertó de su sueño exigiendo atención y cuidados, tal como lo haría el resto de su vida. El joven le dio a su madre la espalda al notar cómo esta se disponía a acomodarla para dejar que absorbiera su savia vital con desespero. Se acomodó en un rincón y se negó a ver el pecho desnudo de su madre, se negó a verse las heridas de los pies, se negó a ver la realidad lapidaria que se burlaba en su cara, y con esta actitud permanecería entonces y por el resto de su vida.

Belén cerró los ojos y se dejó llevar por el delicado placer de amamantar a su pequeña. Quería imaginar que al despertar todo habría desaparecido, quería olvidar que ya no vivía en la hacienda, que ya no usaba vestidos bonitos y que ahora era una viuda extraña en un pueblo ajeno... pero una delicada mano inoportuna se posó encima de la suya. Cuando abrió los ojos se encontró de frente con la sonrisa morena que hasta ahora no había dejado de verla. No lo soportó. Un arranque de rabia le hizo apartarla de una bofetada: ¡lo que menos necesitaba era compasión, lo que menos deseaba era recordar a Delfino! ¡El ya estaba muerto, se había ido, la había dejado sola, con tres hijos, pobre, triste...y para siempre!

¿Por qué ella? ¿Por qué la morena? ¿Por qué no dejaba de verla con esa mirada tierna que sólo tienen los perros? ¿Por qué ella? ¿Por qué siempre ella? ¿Por qué nunca dejaba de verla? ¿Por qué nunca dejó de verla hasta el último momento de su existencia? ¿Por qué curó sus fiebres, vendó sus heridas? ¿Por qué nunca se casó? ¿Por qué la niña morena sería quien sacrificara su propia vida? Porque siempre intentó hacer feliz a su amada e incomprensible madre: esa distante mujer a quien conocían en el pueblo con el mote de la Rubia con Huaraches...




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mayo 27, 2009

Un europeo distante

Desperté como en mitad de un sueño. No podría explicar cómo llegamos ahí: mi cuerpo adormilado envuelto en una sábana, tímido ante la perfección del tuyo en su impúdica desnudez. Casi no podía recordar las incontables noches que nos escurrimos entre las sombras para amarnos plenamente, sin censura. Aún podía sentir el furor de tus labios en los míos, el piloto encendido en azul flama justo en el centro del pecho. Sentía la confianza de abrir bien los ojos en medio de la penumbra de aquella madrugada y envolverte en mis brazos sabiendo cuánto lo disfrutabas. Podía comunicarme contigo con sólo una mirada, y saber si era tiempo de incendiar el cuarto o de cerrar el telón.

Pero esa mañana algo era distinto, tus ojos tenían dibujado el destino inmediato: Europa. Lo supe al amanecer y ver opacidad en ellos, lo supe al ver tu mano sosteniendo una carta que colmó mi curiosidad.
"Querida..." y a continuación mi nombre. Comenzabas diciendo que habías llegado a quererme, llenando con paja de halagos su contenido, narrando lo increíble que soy.

-Te vas- dije en seguida- No me hace falta leer más.Quieres terminar.

Terminar algo que no supe en dónde inició ciertamente. Hacía vanos esfuerzos por recordar el tiempo transcurrido desde el primer contacto visual hasta el primer contacto sexual, esos días y meses yacían congelados en algún lugar recóndito de mi mente. No había nada antes ni después de esta cercanía, nada de lo otro era más real.
Ahí estabas tú ahora, de frente y dispuesto a darme explicaciones, con el nudo en la garganta y preparado para la escena. Hubieras querido que leyera el total de la carta, que me embriagara con tus adulaciones, que supiera que te enamoraste de mí sin querer. Hubieras querido que continuara hasta el final, hasta el momento en que el vino se agriara y lo dijeras todo... pero guardaste silencio de nuevo, y miraste caer la carta que se perdió en la blancura de nuestras sábanas, confundiendo la vida con la muerte, el placer con el dolor.

-Debo marcharme... estaré de vuelta, pero no sé qué pase...-dijiste pausadamente.- No quiero irme y... lastimarte y...
-Sé lo que pasa, lo he vivido antes.- para entonces querías abrazarme, ya lo intuía. Deseabas estrecharme en tus brazos más de lo que yo deseaba desaparecer.
-Lee la carta.
-¿Para qué? Lo importante es que te vas, no los motivos.
-Pero regreso...
-No será lo mismo.
-¿Me olvidarás?
-Aquí voy a estar siempre.
-Pero no para mí.
-Te vas. Vete.

Un océano se abría en ese mismo espacio que separaba tu ropa de la mía. Lentamente fuimos vistiéndonos una a una las prendas, y al voltear pude verte tal como habías sido siempre: un europeo distante, galante, distinto, extinto. Tu oscura ropa resaltaba tu pálida piel, y era inútil abrazar a la estatua de cera en que te habías convertido. Tus dulces labios temblaban por decirme adiós, por rozar mi piel con un beso y dejar la cicatriz por siempre.

Mis ojos secos se apartaron de ti con indiferencia, parecía ser yo quien viniera del Mediterráneo y no tú. Sabía que esto tendría un final así, sabía que sería breve, inolvidable... y en las surreales semanas, años luz que nos quisimos, tu sangre brotó de tu pecho doliente como a golpe de obsidiana... lloraste sin pena al descubrirte infamemente enamorado y enterarte de que ya había kilómetros entre los dos.
Yo lo supe siempre, supe bien que te amaría. Tú lo supiste muy tarde, y quizá no lo reconozcas jamás.




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mayo 12, 2009

El Amor en tiempos de la Influenza

Le adiviné una sonrisa cuando supo que sus dos amigos solterones tendrían la oportunidad de charlar sin prisas. Lo supe al momento en que se disculpó retirándose del lugar y dejándonos a los dos solos. Era un parque hermoso. Nunca le había otorgado un alto valor a estar sentada en una banca al aire libre, sintiendo los benéficos rayos del sol penetrar por los poros matando cualquier posibilidad de muerte; pero dadas las condiciones, aquel era el lugar más romántico en toda la tierra: el temor al viento se disipaba fácilmente al notar cómo volaba la hojarasca en un travieso movimiento, o al escuchar cantar a las aves tan frágiles y diminutas, pero libres de ataduras, ciertamente más fuertes que nosotros dos juntos.

-Qué hermoso está el día, ¿no te parece?- el eco encerrado de su voz varonil me sacó de mis pensamientos y sonreí, aunque agradecí que el rubor en mis mejillas no pudiera ser visto por él a simple vista. Estábamos solos, completamente solos. Nadie había tenido la osadía de salir a explorar el mundo como un niño travieso que no mide el peligro, el parque estaba desierto.

-Muy lindo...- dije por toda respuesta. Lo ví intentar relajarse un poco. Estaba nervioso, eso era evidente. Por fortuna ambos usábamos anteojos, y a través de sus cristales transparentes nos comunicábamos con las docenas de expresiones que nuestras pupilas habían desarrollado a raíz de haberse convertido en el único recurso visible de comunicación humana. Miró hacia el cielo y después me miró a mí. Yo me sentí intimidada por la profundidad de sus ojos negros. La gruesa cortina de sus pestañas no impidió que adivinara el mortal impulso que estaba gestándose en su interior. Todo correspondía de igual modo dentro de mi propio cuerpo.

Habría podido limpiar el aire con la fuerza del suspiro que contuve, y acortar los dos metros y medio de distancia que nos separaban de un extremo a otro de la banca en mitad del parque, pero ni él ni yo movimos un sólo músculo. Permanecimos así, mirándonos fijamente, sintiendo que en tiempos de antaño habríamos podido estar en un bar, rodeados de gente y bullicio, bebiendo de nuestra copa y aventándonos humo en la cara. Él se habría acercado, yo le habría sonreído. Tomaría mi mano y saldríamos a bailar a la pista. Sentiría el calor de su mano rozando mi cintura, y me hablaría muy cerca, acelerando el ritmo de mi respiración, tal como ya lo hacía ahora que podía escucharla nítidamente, mientras lo veía impotente y callada.

Seguramente el estaba imaginando lo mismo, seguramente el calor de su ruidosa respiración lo incomodó porque sus ojos se apartaron de inmediato.

-Será mejor que me vaya...- dijo de pronto mirando la hora en su reloj de pulso.- Me dio gusto conocerte.- yo asentí con la cabeza y no quise esperar a ver cómo se alejaba. De inmediato me puse de pie y caminé en dirección opuesta a la suya, aún sintiendo en la sien su mirada clavada.

Abordé el primer transporte que se atravesó en mi camino, y de inmediato me sentí envuelta por la mirada de varios pares de ojos ocultos con gafas de sol. Curiosamente quienes teníamos problemas de la vista éramos quienes teníamos derecho a ver la luz y exhibir descaradamente el color del iris; quienes tenían una vista sana debían usar lentes oscuros y tratar de aislar el más preciado de sus sentidos del terrible virus.

Todos ellos no se habían dado el lujo de salir a conocer a un amigo, estaban ahí, sosteniendo el periódico entre las blancas manos de látex, escogiendo una canción en el IPod para tener la sensación de que alguien les susurra al oído, o bien asiéndose del tubo para no caer con el movimiento. Nadie parecía estar en la calle gratuitamente: había que ganarse el pan, había que ir a adquirir conocimientos. Yo sólo era una frívola ciudadana jugando a querer ser feliz.

Louis llegó y se fue de mi vida tan pronto como un dolor de cabeza. Ya no me duele más, pero aún no soy inmune. Me rebelo ante este tiempo de miedo y su máscara antigas sobre mi cara. Quieren quitarme el derecho de volver a besar...
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abril 22, 2009

De tu hijo, sus mujeres y otros cuentos.

-Adivina quién se está casando ahorita ¡y en grande!- me dijo mi madre para hacerme plática y aminorar la fiebre que me invadía esa fría tarde en noviembre. Yo me debatía entre la vida y la muerte al dar a luz, mientras el chico que me gustaba en el barrio celebraba su boda con bombo y platillo. Agradecí la intención de mi madre por contarme un chisme, pero la verdad fue que el acontecimiento me dolió en vez de arrancarme una sonrisa. -Daniel... hasta la casa se oye la música.

Trece años después las coincidencias siguen apareciendo en mi vida. Gracias a la red descubrí que la esposa de aquél que trapeara el suelo conmigo, falleció dejándolo viudo y con un hijo pequeño; que el padre de mi hija se graduó de abogado hace un año, y que el hijo que tuviste con ella tiene toda la cara tuya.

Dicen que el que busca encuentra, y así descubrí que él y su madre viajaron a Disney mientras tú no aparecías en ninguna de las fotos de su perfil -descuidadamente-público. No pude evitar imaginarme a ese niño con mi color de piel y la sazón de mi cariño, con tus ojos inocentes y tu sonrisa pícara -mismos que por fortuna le has heredado-.

Quise regresar el tiempo y al abrir los ojos mirarnos ahí, visitando a Mickey Mouse, felices como alguna vez imaginé que seríamos... pero el monitor me devolvió un niño hermoso con el color de la piel de ella, y la sazón de su crianza cuyo sabor desconozco...

Las coincidencias me hicieron recordar mi propia etapa como madre de una criatura que va por vez primera al kinder, y anduve clueca toda la semana enterneciéndome al ver cuanto niño pequeño se me cruzaba enfrente. Jugué con mis sobrinos tratando de revivir esa alegría que sentirás hoy día al alzarlo entre tus brazos...imaginé, soñé, desperté.

Entonces me encontré conversando con una mujer joven, sencilla y bella, relatándome haber sido seducida por el mismo sujeto que me hizo creer hace poco, que el hombre ideal podía ser posible. Las charlas se fueron dando y descubrí a muchas otras que engrosaban la lista de las mujeres a quienes les había hecho creer lo mismo. Si aún conservaba en mi hombro algo de ese polvito mágico del hada madrina, los interminables rumores terminaron por sacudírmelo para siempre, llevándose el aire mi último pedazo de Cenicienta insulsa.

Hoy recordé una canción que, te cuento... pudo haber sido un bote salvavidas, y lo dejé marchar.

Cuando una vez me dijiste que nunca olvidara Los Dioses Ocultos de Caifanes, me aferré a lo que decía esa letra hasta que me convencí de que me amabas profundamente, y te dolía igual que a mí terminar con lo nuestro. Un par de años después, aquél hombre que trapearía conmigo me dijo "No te olvides nunca de esa canción que suena". Quise ignorarla al escuchar la palabra "Love" en la letra. Jamás había puesto atención a esa canción que a todas luces parecía ser romántica. Decidí no investigar como otras veces lo que había querido decirme, fingí que no me importaba, pero mi inconsciente se ilusionó sin remedio. Supuse que era una canción de amor y que al sonar en nuestra primera cita, sería el augurio de un buen comienzo... hasta que años después, luego de convertirme en el cenizo trapeador del futuro viudo, escuché atentamente cada una de las palabras cantadas con una voz naturalmente apasionada. Así fue como la imagen de un barco salvavidas tratándome de salvar del tiburón vino de pronto a mi mente. Ignoré ese barco, no indagué en lo que esa canción intentaba decirme.

"¿Qué tiene que ver el amor en todo esto?
¿Qué es el amor, sino un sentimiento de segunda mano?
¿Qué es el amor, sino una dulce noción pasada de moda?"


Gracias, Tina Turner... puse atención demasiado tarde a tu grito desesperado.




***



abril 02, 2009

"A mí no me conoce casi nadie..."

Dolor, amor.
PLAY

marzo 31, 2009

Subterráneo amor...miedo súbito...

Hay muchos tipos de besos... besos robados, besos tiernos, besos apasionados, besos fugaces, besos fingidos, besos piadosos... pero pocas veces puede colgársele a uno la etiqueta de Inolvidable. Uno que cual cruz de madera a la orilla del pavimento, parece emerger como fantasma invisible cada vez que, como ahora, vuelvo a pisar el lugar donde ocurrió.

Era temprano. El frío de la mañana nos sorprendía caminando por la Colonia Guerrero después de haber pasado una noche delirante al lado de amigos comunes. Todavía sentía el sueño en los ojos, y las piernas se doblaban de cansancio por no haber dormido cómodamente. Tu risa se escuchaba detrás mío como si la estuvieras dirigiendo exclusivamente a mis oídos, y la mía fingía desinterés mientras charlaba de nimiedades con las personas que nos hacían compañía. Se acercaba la hora de partir caminos una vez que llegáramos a la estación del Metro.

Yo no podía despedirme por más que mi cuerpo me exigiera un descanso urgente. Lluvia de besos sociales para despedirnos de todos. Mi mano discreta en la manga de tu camisa emitiendo un mensaje que entendiste sin palabras: "Todavía no te tienes que ir".

"Aquí me voy a esperar otro rato" fue tu traducción directa, mientras contestabas a la pregunta de "¿No te vas a ir de una vez?" que te formulara tu amigo. Un chispazo de inteligencia le hizo darnos la espalda y dejarnos relativamente a solas, seguramente encogiéndose de hombros por dentro, y murmurando para sí las posibles consecuencias de estar rompiendo ese mal tercio.

Como ya era habitual, las sombras de la gente yendo y viniendo fluían de un lado a otro envolviéndonos como olas amenazantes, y a la vez cobijándonos de anonimato: éramos sólo una pareja más, como cualquier otra que se ve en la ciudad, un par de amorosos sabinescos que a nadie le importa detenerse a observar.

Tus ojos se fijaron en los míos y nos miramos con seriedad funesta. Nos recargamos en un rincón para no estorbar la prisa de los viajantes. Nos tomamos de las manos y permanecimos casi inmóviles, como haciendo guardia a un cadáver imaginario. Así, por un tiempo incalculable. No había palabras ni de reproches, ni de amor. Se nos habían agotado los recursos para explicarnos todo este cuento. Un abrazo fue lo siguiente. Un abrazo denso, caluroso y relajante, un lazo tan semejante a la nada, y tan parecido a la inmensidad del universo entero.

Después el roce de los rostros, lo rugoso de la barba a medio crecer, lo tibio de tus mejillas..., la búsqueda tímida y ciega de dos bocas rogando alimento para el alma herida. Un roce de labios, caricias miniatura, temblor y deseo, para después darle paso a la profundidad, al abismo inexplorable, a las cosquillas de placer y al ímpetu de la rabia... más el agua salada subiendo por la cabeza y agolpándose en los ojos.

Silbido del primer tren avisando su llegada, abriendo sus puertas como fauces, insistiéndonos en llevarnos hacia direcciones opuestas, lejanas. Ruido de pasos, voces, relojes. Uno tras otro, desesperados por separarnos de esa paradójica sensación, mezcla de abandono y de posesión. Tú me asiste con fuerza y yo no me resistí. Había que sellar el pacto con un beso irrepetible, indeleble. Las lágrimas corrían hacia dentro inundándonos de dolor, haciéndonos sentir mínimos y mediocres, y a la misma vez enormes y omnipotentes.

No fue por falta de oxígeno, más bien por exceso de vida. Así fue que los cuerpos se separaron por temor a volverse adictos, y nos lloramos sin llanto en silencio, abriendo por fin los ojos a la ciudad que nos devoraba, y penetrando cada quien en su rumbo, asumiendo que la vida es cruel.


"Amo a una mujer clara,
que amo y me ama sin pedir nada...

...o casi nada...
que no es lo mismo, pero es igual."


Nunca fui la misma después de que citaste esa mañana a Silvio. ¿Fue un epílogo para un cuento de hadas? ¿Tu apologética Fe de Erratas? ¿Firma con sangre para la inmortalidad? O sólo el uso de palabras robadas, para rezarme un adiós que no existió jamás.
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marzo 19, 2009

You gimme fever...



























No creía en nada de eso hasta que tus ojos detrás de los espejuelos me hicieron sentir desprotegida... no quería creer que las feromonas existían, instalada en Santo Tomás, buscando enterrar mis dedos en las llagas para declararme creyente.

Ya no puedo ocultarlo más... ¡Creo! ¡Creo! Te percibo, sé lo que piensas, lo que quieres que yo haga... y caigo... me derrito... y después nos huímos. Me acostumbro a este juego que propones, y lo sigo, pongo el segundo pie sobre la cuerda floja y me mantengo.

No importa que amenacen cuervos con picotearme los talones, mientras siga sintiendo ese vértigo en el estómago, el terror de caer al vacío que me aferra a seguir en pie, a mantener el equilibrio. Sigue así, no pares... que me das fiebre...
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marzo 16, 2009

Carta a una futura madre

No te había visto más bella que ahora que estás dando vida. Tus ojos lucen más brillantes, tu sonrisa plena, tus pechos turgentes y la barriga redonda. Las piernas discretamente cansadas vestidas por un cómodo calzado que te ayuda a protegerte de las várices y de cualquier caída.

Vas a ser mamá.

No es cualquier cosa, si lo piensas bien. Quien te conoció antes podrá recordarte con el pelo pintado de rojo, llamando la atención por toda la Universidad como un cerillito a punto de encender el fuego, alentando a la gente a despertar de su modorra, buscando por todos los medios sentirte útil, una guerrera de la educación en México.

Hoy se te ha dado esa oportunidad.

Formarás una familia bonita, con muchos esfuerzos, con el trabajo que cuesta criar a un hijo que ha llegado por sorpresa, pero con la valentía y la entrega que surgen del compromiso adquirido, de la convicción por dejarle al mundo una esperanza viva.

La pequeña niña que nace en tu vientre llorará muy pronto por primera vez... y tal vez le toque llorar mucho más, tal vez no alcance el agua potable del mundo para dar de beber a una boca sedienta más, tal vez no alcancen los horrores del mundo a dejarla ser una mujer de paz...pero quién sabe. Tú y yo sabemos que el secreto de todo está en la educación, que no importa cuán adversas sean las circunstancias, si uno sabe salir adelante. No importa cuán largo y sinuoso parezca el camino si uno sabe trabajar, echar mano de lo que hay y continuar soñando con alcanzar la felicidad.

Si Dios no siguiera teniendo fe en el hombre, lo volvería estéril de la noche a la mañana. Sin embargo siguen formándose buenos seres en los vientres de las buenas mujeres, siguen depositándose ilusiones en el seno de las buenas familias, y sigue creciendo el corazón de los futuros padres y madres del mundo.

Por eso, querida compañera, esos ojitos limpios que conocerás muy pronto, deberán ser abiertos en toda su amplitud, deberán conocer la vida con sus fatalidades y sus maravillas, deberán incluso mirar más allá de todo. La pequeña boca que de momento sólo sabrá succionarte y agrietarte los pezones, deberá aprender a hablar, besar y sonreír. Deberá saber cantarle al amor, pero también gritarle a la injusticia. Las pequeñas manos que lucirán frágiles como de fina cera, deberán trabajar y crear. El cuerpo todo será el instrumento que guíe sus pasos hacia la búsqueda eterna del bienestar común.

Yo no sé si compartas mi preocupación por el planeta que hemos heredado, pero estoy segura de que no quieres pensar en ello. Prefieres sentir esos leves dolores cuando en la placenta tu pequeña hija se mueve, haciéndote recordar que está más viva que nunca, preparándose día con día para aterrizar en este mundo loco. Prefieres buscar ropa rosita e imaginarte su rostro en tus sueños.

No dejes de hacerlo.

Vive y disfruta la infancia de esa niña a quien has decidido poner el nombre de la sabiduría... no creo que sea gratuito. Goza todos y cada uno de los días de su vida, únete cada vez más a tu pareja para emprender una tarea que comenzaron juntos, y que ahora tendrán que enfrentar todavía juntos. Aprovecha la fuerza y disposición que tiene tu hombre de amarte a ti y a su pequeño fruto, pónganse de acuerdo en las decisiones, no peleen frente a la niña. Ámense siempre, no descuiden su placer por los deberes, no se encelen por la atención demandante que siempre traen consigo los niños. Requerirán paciencia, madurez, control de sus emociones. Ser padres les exigirá todo un cúmulo de cualidades que, si aún no poseen, deberán ir desarrollando. Tendrán que ser optimistas para no transmitirle desde temprana edad la desesperanza, y cuando ella descubra que la vida es una mierda, será su labor admitirlo pero echar mano del conocimiento de la belleza, esa que siempre existirá aunque permanezca aparentemente oculta ante nuestra vista. Habrá que enseñarse a uno mismo a frotarse los ojos y mirar la luz en mitad de la oscuridad.

Ámenla mucho, ámense... siempre es más fácil amar que desesperar. No habrá dinero suficiente, no habrá recursos ni oportunidades suficientes nunca, por eso no se preocupen. No se dejen tentar por ofertas ilícitas, aún en la peor de las emergencias. Aférrense a la honestidad y a los principios con que fueron educados, piensen en los buenos ejemplos de sus propios padres y repitan lo que les funcionó para construirse sus propios ideales, y su propia personalidad. Desechen todo aquello que identifiquen como impedimento de crecimiento espiritual e intelectual.

Diviértanse, no pierdan la capacidad de reír, de sentirse tontos, niños, bobos. No todo en la vida es luchar y nadar contra corriente. Permítanse caprichos de vez en cuando... pero sobre todo, asuman su responsabilidad de adultos. Nunca intenten sentirse jovenzuelos que son amigos de su hija, asuman su rol de padres con jovialidad, pero con autoridad contingente. Establezcan límites, no le faciliten la vida. Entrenen a su hija a enfrentar retos, desde los más simples como aprender a hablar o andar bien, hasta los más duros como superar una pérdida o terminar una carrera.

Yo no sé qué más decirles. Ambos son pedagogos, y tú, mi querida compañera, eres una mujer encantadora: amable, inteligente, decidida. Sabes lo que hay que hacer, nótese el guiño del ojo. No creo haber dicho nada novedoso, pero quería dedicarte unas cuantas líneas.

¡Salud por la vida, querida Jossy!
¡Bienvenida seas, Katia Sofía!

*

febrero 18, 2009

JGDLG:
Un manojo de nervios, inabrazable, un Frankenstein sudoroso y aspersor de saliva, unos ojos hermosísimos, una piel pálida perfecta, la descomposición de un rostro perfecto, un cuerpo maravilloso, un carácter explosivo y pasional. Me das miedo, sencillamente me das miedo...

PCDG:
Pece a todo te degé...