marzo 16, 2009

Carta a una futura madre

No te había visto más bella que ahora que estás dando vida. Tus ojos lucen más brillantes, tu sonrisa plena, tus pechos turgentes y la barriga redonda. Las piernas discretamente cansadas vestidas por un cómodo calzado que te ayuda a protegerte de las várices y de cualquier caída.

Vas a ser mamá.

No es cualquier cosa, si lo piensas bien. Quien te conoció antes podrá recordarte con el pelo pintado de rojo, llamando la atención por toda la Universidad como un cerillito a punto de encender el fuego, alentando a la gente a despertar de su modorra, buscando por todos los medios sentirte útil, una guerrera de la educación en México.

Hoy se te ha dado esa oportunidad.

Formarás una familia bonita, con muchos esfuerzos, con el trabajo que cuesta criar a un hijo que ha llegado por sorpresa, pero con la valentía y la entrega que surgen del compromiso adquirido, de la convicción por dejarle al mundo una esperanza viva.

La pequeña niña que nace en tu vientre llorará muy pronto por primera vez... y tal vez le toque llorar mucho más, tal vez no alcance el agua potable del mundo para dar de beber a una boca sedienta más, tal vez no alcancen los horrores del mundo a dejarla ser una mujer de paz...pero quién sabe. Tú y yo sabemos que el secreto de todo está en la educación, que no importa cuán adversas sean las circunstancias, si uno sabe salir adelante. No importa cuán largo y sinuoso parezca el camino si uno sabe trabajar, echar mano de lo que hay y continuar soñando con alcanzar la felicidad.

Si Dios no siguiera teniendo fe en el hombre, lo volvería estéril de la noche a la mañana. Sin embargo siguen formándose buenos seres en los vientres de las buenas mujeres, siguen depositándose ilusiones en el seno de las buenas familias, y sigue creciendo el corazón de los futuros padres y madres del mundo.

Por eso, querida compañera, esos ojitos limpios que conocerás muy pronto, deberán ser abiertos en toda su amplitud, deberán conocer la vida con sus fatalidades y sus maravillas, deberán incluso mirar más allá de todo. La pequeña boca que de momento sólo sabrá succionarte y agrietarte los pezones, deberá aprender a hablar, besar y sonreír. Deberá saber cantarle al amor, pero también gritarle a la injusticia. Las pequeñas manos que lucirán frágiles como de fina cera, deberán trabajar y crear. El cuerpo todo será el instrumento que guíe sus pasos hacia la búsqueda eterna del bienestar común.

Yo no sé si compartas mi preocupación por el planeta que hemos heredado, pero estoy segura de que no quieres pensar en ello. Prefieres sentir esos leves dolores cuando en la placenta tu pequeña hija se mueve, haciéndote recordar que está más viva que nunca, preparándose día con día para aterrizar en este mundo loco. Prefieres buscar ropa rosita e imaginarte su rostro en tus sueños.

No dejes de hacerlo.

Vive y disfruta la infancia de esa niña a quien has decidido poner el nombre de la sabiduría... no creo que sea gratuito. Goza todos y cada uno de los días de su vida, únete cada vez más a tu pareja para emprender una tarea que comenzaron juntos, y que ahora tendrán que enfrentar todavía juntos. Aprovecha la fuerza y disposición que tiene tu hombre de amarte a ti y a su pequeño fruto, pónganse de acuerdo en las decisiones, no peleen frente a la niña. Ámense siempre, no descuiden su placer por los deberes, no se encelen por la atención demandante que siempre traen consigo los niños. Requerirán paciencia, madurez, control de sus emociones. Ser padres les exigirá todo un cúmulo de cualidades que, si aún no poseen, deberán ir desarrollando. Tendrán que ser optimistas para no transmitirle desde temprana edad la desesperanza, y cuando ella descubra que la vida es una mierda, será su labor admitirlo pero echar mano del conocimiento de la belleza, esa que siempre existirá aunque permanezca aparentemente oculta ante nuestra vista. Habrá que enseñarse a uno mismo a frotarse los ojos y mirar la luz en mitad de la oscuridad.

Ámenla mucho, ámense... siempre es más fácil amar que desesperar. No habrá dinero suficiente, no habrá recursos ni oportunidades suficientes nunca, por eso no se preocupen. No se dejen tentar por ofertas ilícitas, aún en la peor de las emergencias. Aférrense a la honestidad y a los principios con que fueron educados, piensen en los buenos ejemplos de sus propios padres y repitan lo que les funcionó para construirse sus propios ideales, y su propia personalidad. Desechen todo aquello que identifiquen como impedimento de crecimiento espiritual e intelectual.

Diviértanse, no pierdan la capacidad de reír, de sentirse tontos, niños, bobos. No todo en la vida es luchar y nadar contra corriente. Permítanse caprichos de vez en cuando... pero sobre todo, asuman su responsabilidad de adultos. Nunca intenten sentirse jovenzuelos que son amigos de su hija, asuman su rol de padres con jovialidad, pero con autoridad contingente. Establezcan límites, no le faciliten la vida. Entrenen a su hija a enfrentar retos, desde los más simples como aprender a hablar o andar bien, hasta los más duros como superar una pérdida o terminar una carrera.

Yo no sé qué más decirles. Ambos son pedagogos, y tú, mi querida compañera, eres una mujer encantadora: amable, inteligente, decidida. Sabes lo que hay que hacer, nótese el guiño del ojo. No creo haber dicho nada novedoso, pero quería dedicarte unas cuantas líneas.

¡Salud por la vida, querida Jossy!
¡Bienvenida seas, Katia Sofía!

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1 comentario:

Anónimo dijo...

hola Hortensia, no sabes como me conmovio lo que escribiste para mi nena y para mi, creo que logras plasmar en unas cuantas lineas muchos de los snetiminetos, dudas, pensamientos, entre otras cosas mas, que una futura madre como yo experimenta. gracias por ytus buenos deseos, me gustaría charlar contigo en persona. me gusto mucho tu blog, lo confirmo siempre andas derramando creatividad. gracias por tu sincera amistad, y yo al igual que tu deseo seguir construyendo una amistad, fuera de los espacios de la UPN. Te veo pronto y graciasss.