Llevo un buen rato tratando de distraer la mente en algo. Ya no busco que me dé sueño, sino más bien no pensar en nada. Hoy es una de esas madrugadas de insomnio en las que se me abren los ojos así nada más, no en medio de una pesadilla ni en medio de preocupaciones graves. Simplemente se me abren, están claritos, sin lagañas ni cansancio, nada que empañe mi vista, salvo la reinante obscuridad.
El chiste es que de unas horas para acá, me he paseado por las fotos de mis amigos del Hi5, he estado en el Facebook que hace mucho no visitaba, he tratado de hacer la escaleta de un relato breve de los que acostumbro publicar en un foro argentino, y ahora estoy aquí, publicando en mi blog, compartiendo con quien quiera leerme esa inexplicable falta de sueño.
Luego de haberme despertado escuché dos balazos. No fue mi imaginación enferma, dos tronidos simultáneos no podían ser otra cosa... pero no me dio miedo.
Meses atrás despertaba en las noches en medio de un pánico atroz por la violencia, imaginando que violaban a una chica en la esquina de mi casa, alucinando gritos de mujer que hasta después supe que eran ladridos de un perro chillón que vive enfrente...luego de que un tipo drogado vino a gritarle a la vecina y le rompió un vidrio a otro vecino porque salió a decirle que dejara dormir, las cosas no volvieron a ser igual que antes.
Solía despertarme pensando que el tipejo ese regresaría armado, causando desgracias mayores. Cada vez que escuchaba un auto acercarse, ponía mis sentidos alertas. Incluso acerqué el número de la policía al teléfono para cualquier emergencia... era estresante.
Una mañana de domingo me levanté de un brinco como a las seis de la mañana y corrí a despertar a mi madre.
-¡Están golpeando a alguien, mamá! ¡Escucha! ¡No es mi imaginación! ¡Se oyen voces y gritos de hombres! ¡¡Están golpeando a alguien!! -mi corazón iba a todo galope, y mi madre, aún adormilada, se levantó y afinó el oído. Efectivamente, ruidos distantes de voces masculinas y golpes se escuchaban. Oyendo atentamente acompañada de alguien más, el ritmo de mi corazón comenzó a tranquilizarse.
-¡Pero si son los del mercado, hija! Ya están poniendo sus puestos...
En efecto, los golpes eran producidos por los bultos que caían al piso y los tubos de metal que armaban los puestos del tianguis que se pone cada ocho días sobre mi calle. Fue ahí donde me dí cuenta de que estaba paranoica, de que no podía seguir viviendo con miedo, con mentalidad de toque de queda. Después de haberlo hablado por fin, dormí perfectamente, como un angelito. Ya no me despertaba el ladrido de los perros que antes no me dejaba pegar un ojo. Aprendí a dominarme, a comprender que el ex novio de la vecina me había dejado secuelas con su imprudencia, sus gritos, sus malas palabras y su escándalo violento. Ya no me ha vuelto a pasar ese alucine...
Esta noche mi insomnio no es otra cosa que eso: falta de sueño... tampoco es cualquier cosa, pero al menos no estoy temblando del susto. Hablar sobre el miedo, sin embargo, requiere un análisis más denso, o por lo menos un poco más largo, y tal vez volveré a escribir sobre ello aquí o en mi otro blog. Ahorita lo que tengo es mucho frío. La temperatura de la madrugada comienza a hacer efecto sobre mis piernas. Tendré que ir a taparme para ver si calentándome de nuevo, me vuelven las ganas de dormir. De momento el desahogo que provoca la escritura ha hecho su trabajo esta mañana.
Nos vemos en un próximo post, y que sueñen con los angelitos...tener insomnio es muy feo.
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1 comentario:
Música, leche tibia, lectura... eso son mis antídotos para el insomnio. Te juro q te entiendo, hubo noches que dediqué a escribir capitulos enteros de algunos fics porque no lograba conciliar el sueño y luego... a la oficina ZZZZzzzz...
Trata de descansar, socia ;)
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