septiembre 19, 2006

Mil Setecientos Golpes





Una hoja en blanco: el peor enemigo de todos los que en algún momento hemos abrazado el oficio de escribir...
Un cadáver de algo que aún no ha nacido... ideas bullendo en el cerebro que no desean salir a estrellarse en esa fría superficie .
¿Cuántos golpes? ¿Cuánta tinta? ¿Suficiente, bastante, demasiada?

La propuesta de esta obra de arte (ya que más que ser una puesta en escena, es toda una pieza artística) pretende o no, proyectar esa necesidad urgente de expresión. Esas ganas de viajar apoyados en hojas como tablas de salvación, ese deseo de delirio recargado en una musa, ese anhelo de hermanarse con quienes comparten nuestro sueño... el ir despertando de un estado de conciencia humano para abrir los ojos a otro que puede ser superior.

¿Cuál es el precio de convertirse en dioses, de ser creadores de mundos distintos? ¡Vaya que si duele saber!

Desde esta perspectiva, y de la mano de dos personajes fantasmagóricos representados magníficamente por Andrea García y Jerónimo Rajchenberg, podemos hasta mirarnos en nuestro escritorio de siempre, con nuestra media luz en nuestra media noche, con el tren de imágenes y sonidos que habitan nuestras cabezas y que siguen sin atreverse a entablar relación... con nuestras ojeras de desvelo, fascinación e impotencia.
Envueltos por una febril partitura, producto de la inspiracíón del músico Arturo Marruenda, y las sensibles imágenes del fotógrafo Pablo Gasca, el resultado es un corto pero intenso viaje a través de uno mismo, sin faltar los golpes de realidad y de tragedia.
Y eso es a lo que yo llamo trabajo en equipo, pues los creadores unen sus talentos dando lo mejor de sí, para ofrecernos un esfuerzo colectivo cuya integración salta a la vista. Recomendada no sólo a quienes anden "depres" como yo y deseen saber que no son los únicos, sino también a quienes amen su oficio (cualquiera que éste sea y con todos sus bemoles incluidos); y por supuesto, a quienes deseen compartir la belleza de las letras con otros: esas letras inasibles que flotan en el papel como las notas musicales en el aire...

Madrid # 13, Coyoacán, Teatro La Capilla.
(Muy cerca de la Cineteca Nacional)
Lunes del 4 de septiembre al 23 de octubre 8:00 PM.
Entradas $100.00 y estudiantes $50.00

septiembre 13, 2006

¿Qué pedo con la pedagogía?

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De acuerdo, no es una frase muy inteligente, pero no dudo que más del 50% de los pedagogos se lo hayan preguntado antes. Y digo más del 50 si quiero ser optimista, pues deseo pensar que somos mayoría a los que no nos vale lo que estamos estudiando, pues no está a discusión que al resto le importa un reverendo cacahuate, mientras saliendo de la carrera tengan a quién darle clases...

Es que síiiiiiiii!!!!! he andado medio depre, medio down, medio blue o como le quieran decir. No sólo por mis recién cumplidos treinta años, en los que me siento como flotando en medio de una menopausia prematura, sino porque es de esos momentos en los que te cae el veinte de muchas cosas (qué rezagada ironía). Lo malo es que no todas son para bien, o al menos no parecen serlo cuando recién las descubres.

Peleada ya no solo con Dios, (con quien me doy mis tiernos agarrones a cada rato), ni con mis demonios, con quienes me voy llevando mejor cada día que pasa, sino que ni el Diablo ni mis dioses me dejan saber qué diantres es eso de la Pedagogía, y para qué canijos sirve.

Enfrascada en eternas discusiones internas: que si cuando quería estudiar teatro me dije: ¿y para qué?, si cuando quise ser artista plástica me dije: ¿y para qué?, o cuando quise hacerle a la cantada con mayor razón me dije ¿pa´qué chinga's?... si lo que sobra en este mundo son artistillas...

Mejor -me dije- ponte a estudiar algo que valga la pena, algo en lo que también puedas ser buena, innovar, descubrir el hilo negro, proponer, ser especial más fácilmente. Pues como tengo experiencia de maestra y conozco bien -según yo- el ambiente educativo, ¡pus fácil: Pedagogía!

Y ¡Tómela, muñeca! que me voy dando cuenta a inicios del tercer semestre, que nunca voy a saber si existe Dios o si existe el Diablo, o si existe la Pedagogía o es una quimera. Tanto quemarse las pestañas y asarse el cerebro en debrayes filosóficos para que a la mera hora me salgan con que : "Allá tú lo que quieras creer. La ciencia misma está plagada de subjetividades"

¡Mta! Y pues bueno, ya iré saliendo poco a poco de este trance y volveré con más bríos a opinar de alguna cosa, porque ahorita, me cae que no sé ni quién soy yo misma... en balde tan buenas notas... da tristeza, deveras.

¡¡Necesito un abrazo!!

Quien me encuentre por el camino, no olvide darme el pésame por la muerte de mi último resquicio de inocencia... aunque luego vuelva a las profundidades del averno para traerlo de nuevo a la vida. (Soy una idealista nata, qué quieren... y también una maldita artista... y funciono con emociones...aunque sea ésta la última vez que me autonombre así: ARTISTA)

SNIF!