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agosto 26, 2009

Un instante fecundo

Volver a los diecisiete después de vivir un siglo
es como descifrar signos sin ser sabio competente,
Volver a ser de repente tan frágil como un segundo,
volver a sentir profundo como un niño frente a Dios
Eso es lo que siento yo en este instante fecundo.

Se va enredando, enredando como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra, ay si, si, si.


Mi paso retrocedido cuando el de ustedes avanza:
el arco de las alianzas ha penetrado en mi nido
con todo su colorido se ha paseado por mis venas.
Y hasta las duras cadenas con que nos ata el destino
es como un diamante fino que alumbra mi alma serena.

Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber
ni el más claro proceder, ni el más ancho pensamiento
Todo lo cambia al momento cual mago condescendiente,
nos aleja dulcemente de rencores y violencia:
sólo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes.

El amor es torbellino de pureza original:
hasta el feroz animal susurra su dulce trino.
Detiene a los peregrinos, libera a los prisioneros,
el amor con sus esmeros al viejo lo vuelve niño,
y al malo sólo el cariño lo vuelve puro y sincero.

De par en par la ventana se abrió como por encanto,
entró el amor con su manto como una tibia mañana
al son de su bella diana hizo brotar el jazmín,
volando cual serafín al cielo le puso aretes,
¡Mis años en diecisiete los convirtió el querubín!


Violeta Parra

*

agosto 21, 2009

La otra mesa de regalos

Hace un año publiqué una frívola lista de cosas que deseaba tener y que hasta la fecha no tengo. Hoy mi mesa de regalos para mi cumpleaños viene cargada más de necesidades que de obsequios deseados, así que si alguien quiere regalarme algo, ahí les van mis opciones.

            1. Una mochila para estudiante de secundaria... de preferencia que sea de Pucca o de alguna otra cosa japonesa o coreana, colores serios (digo, nada pastel para que aguante más sin lavarse)

            2. Unos zapatos tenis del número cinco para la clase de Educación Física de mi hija... (no urgen mucho, al menos hasta que se le salga el dedo a los que ya trae :D)

            3. Una cuenta vencida de teléfono (y que pronto derivará en un corte al servicio de llamadas ¡¡¡y de Internet!!!)

            4. Una suscripción vencida a la revista Selecciones del Reader's Digest (y que los hijos de perra no van a descansar hasta que se las pague)

            5. Unas medicinas que cuestan $1200 pesos y que hasta que no me las tome, no voy a dejar de sentirme invadida por los residuos de mis excesos.

            6. Un mes de renta.

            7. Un recibo vencido de Luz y Fuerza del Centro

            8. La consulta al dentista para que dé seguimiento a mi reciente extracción de muela y me diga qué más procede hacer.

            9. El tóner de mi impresora que ya saca manchas blancas.

            10. El cable de mi laptop (sin él no puedo encenderla y saber lo que dejé guardado ahí)

            11. La hospitalización de mi compu de escritorio que necesita una buena formateada para que esté al cien.

            12. Dos pares de anteojos: uno con graduación de 0.5 en cada ojo y otro dependiendo del examen de la vista de mi hija (creo que es más ciega que yo)

            13. La impresión de 8 tomos de mi Tesis de Licenciatura (todavía no la termino, pero no pasa de este año, así que necesitaré también eso)


            En fin... como trece es el número de la suerte, ¿para qué le sigo? No necesito mencionarles que no me haría daño algo de ropa, la despensa de cada día y los pasajes que hay que gastarse... pero van a decir que ya quiero que me mantengan...

            En fin... ya saben qué regalarme en mi próximo cumple. Con un sueldo mínimo entre mamá y yo no hemos podido cubrir los gastos que arriba se ennumeran, y si a eso le sumamos que debe uno mantener esa fresca sonrisa ante lo que pasa, mejor no les platico.


            Lo escribo en el blog para que cuando llegue a tener dinero, no me olvide de lo que significa estar francamente DESESPERADA!!



            Gracias por atenderme hasta aquí.



            See U later...



            *

            diciembre 06, 2008

            Llegar a los 60


            Sesenta segundos son sólo un minuto, y sesenta minutos son apenas una hora, pero decir sesenta años de vida no es tan simple como cualquier cosa.

            A esta edad ha llegado mi madre: fuerte y necia a pesar de sus malestares. Hoy la estamos celebrando. Se fue a pintar el cabello y se compró zapatos para estrenar, invitó a sus mejores amigos y anda contenta como una quinceañera. Mi tía me friega diciendo que baje a lavar el patio, como obligándome a cooperar en un festejo para el que tengo que tomarme mi propio tiempo.

            He sido parte de la vida de mi madre por más de la mitad de la misma, he ocupado el centro de su energía prácticamente desde que supo de mi venida. Se ha entregado poco a poco a mi causa, haciendo sacrificios que no se le pidieron, pero que ella consideró necesarios para ayudarme a ser feliz.

            Ha sido madre y abuela con el mismo fervor y entusiasmo, únicamente mermado por la edad y el desgaste de la salud... sin embargo, a pesar de que su vida parece tener sentido sólo a través de los otros y no por sí misma, es mi madre una mujer valiosa, valiente, decidida, inteligente, sensible y única. Ya no quedan en el mundo muchas madres como ella.

            Me cuenta que de niña jugaba con un olote envuelto con un trapo, al que su abuela desalmada le pintaba ojos y boca con un carbón. No tuvo más juguete que ese remedo de muñeca que nunca le gustó, y al cual hasta le tenía un poco de miedo. Por eso desde que nací, me envolvió en un mundo rosa, me puso vestidos de encajes y se empeñó en construirme un mundo pastel.

            Pero igual que Pinoccio abandona el regazo de Geppeto para irse a explorar el mundo, así la muñeca de palo que era yo, y que daba felicidad a los días de mi tierna titiritera, me solté de los hilos que me sujetaban para ir tras el circo y su encanto, en compañía del zorro y el gato, convirtiéndome poco a poco en un monstruito que a mi madre aterrorizó.

            Hoy estamos en la panza de la ballena, sentadas frente al fuego y mirándonos las caras. Llevamos años de esa manera, esperando que el gran mamífero estornude y nos libere a ambas, pues yo quedé atrapada junto con ella cuando quise rescatarla... porque la amo. La amo profundamente, puedo verlo a través de las llamas que iluminan su rostro lleno de arrugas y su semblante cansado. Puedo ver este amor mío tan mal demostrado que ha dejado huellas en su piel y destellos blancos en su cabello, mismos que ahora disimula muy bien con el tinte ciruela. Puedo ver su cuerpo cada vez más frágil con la sensación de haber llegado a la cima y tener que continuar, pero ahora en picada.

            Ya apagará esas llamas que iluminan su rostro, serán las velas del pastel que nos harán estallar en aplausos, y a ella tal vez en llanto, pues es de lágrima fácil.

            Amo a mi madre con el alma, aunque no esté acostumbrada a reconocerlo. No sabría qué hacer sin ella aunque tal vez sería más libre. La amo con la veneración que se le tiene a los ancianos, con la vergüenza de no haber podido ser lo que ella quiso de mí, y con el orgullo de ser quien quiero ser, de todas formas, gracias a ella. Fue fusional conmigo, y lo sigue siendo, he sido su muñeca de aparador, aunque con vida propia: la muñeca desobediente, la que ya no quiso más usar el color de rosa, la que optó por el negro como bandera de vida recordándole al olote pálido y lúgubre con ojos y labios de carbón.

            Ahora viene subiendo la escalera... y yo tengo que salir a ayudar para que no sienta que no me importa, aunque lo único que quiero hacer es abrazarla fuerte, muy fuerte, y felicitarla por estar aquí, conmigo a pesar de todo, por vivir, reír y llorar como la mejor de mis amigas, porque sesenta años son un triunfo en sí mismo, y ahora puede portar sus marcadas líneas de expresión con una dignidad de santa, lo mismo que sus canas maquilladas con la vanidad que aún le queda por ser una hermosa mujer.

            noviembre 18, 2008

            A trece años del milagro


            Mis ojos se abrieron en medio de la madrugada: había llegado la hora de morir o vivir para siempre en ti. El líquido suave con que te alimentaba se estaba escapando de mí de repente. Tenía que avisarle a alguien, levantarme y decidir qué hacer. Fue mi madre quien me dijo que me preparara, que se me había roto la fuente de vida en la que tú te mantenías segura, y habría que sacarte de ahí, traerte al mundo, obligarte a respirar.

            Procuraba por todos mis medios de evitar que el líquido saliera. En medio de suaves dolores retenía su fluido esperando conservarte dentro todavía un poco más. Estaba asustada, tenía mucho miedo de lo que podría pasarte. Nunca te había amado tanto hasta ese preciso momento, en el que mi instinto materno luchaba por mantenerte viva, por sentir que estabas segura ahí, dentro de mí.

            Horas de angustia pasaron, con mi vestido maternal de girasoles buscando un lugar donde pudieras llegar, dándome cuenta con rabia de que no eras la única que nacería ese día, que como yo había millares de madres pariendo en el mundo entero, y que en eso no eras especial. No había por qué hacer distinciones, yo era una niña espantada más, una jovencita temerosa que no pensó en esto cuando lo hizo sin cuidarse, y como tal había que tratarla. Los doctores querían sentir tu cabeza, o tu hombro, o lo que fuera, con tal de meterme el guante y sonreírme.

            Finalmente llegué a un lugar en donde casi reclamé el derecho a mi pajar. Pasó la mitad del día hasta que alguien me dijo que ya no te movías, que estabas sufriendo, que no te aseguraban la vida. Yo moría por verte a los ojos, desesperada por que salieras viva, completa, contenta... y mía.

            Ahora han pasado los años, y cuando te veo a los ojos todos los días, mi corazón no evita sonreírte al saberte viva, completa, contenta... y un pedazo grande de mi vida.
            Festejo el tener fresco aquel bello momento, cuando con las vísceras de fuera me resistí al desmayo sólo hasta oírte llorar. Festejo tu llegada luminosa, tus ojillos lindos, bien abiertos que me dieron las gracias cuando te conocí. Festejo tu cuerpecito frágil envuelto en cobijas, tus manitas pequeñas encerradas en las mías, tus primeros pasos, tu primera caída, tu primer diploma, tu primer desamor...

            Festejo tenerte y no tenerte, festejo el dejarte ir de poquito a poco, festejo el regalo más grande que me ha dado el destino. ¡Festejo al microbio de tu padre!, a su atinada semilla de vida. Festejo tu abrazo, tu risa, tu esencia.

            ¡Festejo, festejo, festejo! Hoy la que está de fiesta, soy yo.

            agosto 18, 2008

            Mesa de regalos (Uste' pida,,, :P)

            Debido a que se acerca mi cumpleaños el próximo martes 26 de Agosto, y debido a que aún estamos a principios de quincena, aprovecho para proceder a elaborar, cual niño en víspera de Reyes, mi lista de juguetes que deseo para festejar mi 32° aniversario.

            1.- Hoy me di cuenta, visitando la página de mi cantante favorita: http://www.ceciliatoussaint.com/, que no tengo (¡Cómo puede ser posible!) tres discos, TRES, de los más fregones que ha grabado: "Otro lugar" (2oo2-2004), "Acoso Textual" (2007) y "A viva voz" (2007 con Betsy Pecannins). Y es que uno deja pasar el tiempo diciendo "Luego lo compro", y cuando voltea hacia atrás, se da cuenta de que ya han pasado cuatro o cinco años y nunca se compró.

            2.- El nuevo disco de Jaguares aún no sale a la venta, entonces se salvaron de comprármelo quienes no gustan de esta banda, pero ya saldrá, ya saldrá. Ahí si tienen alguna playera vieja o reliquias de las cuales quieran deshacerse, con el logo de Jaguares o Caifanes, bienvenido sea. Se aceptan discos de vinilo, autógrafos, tazas, boletos para el concierto de Noviembre, etcétera. Les juro que no me sobrarán. :D

            3.-Alguien váyase al tianguis del domingo y búsquese un MP3 de quien ustedes quieran, alguna recomendación que quieran hacerme, se acepta todo tipo de música, a excepción de reggaetón o duranguense... disculpen las molestias que ésto pueda ocasionar a los amantes de tales ritmos, pero la verdad no los escucharía, gastarían en balde...

            4.-Cualquier libro, leyeron bien: CUALQUIERA. Se los dejo a su criterio, sorpréndanme. (Si consiguen alguno de Michel Fizel "Los adolescentes" Ed. FCE, México 2007; ó "¿Adolescencia en crisis? por el derecho al reconocimiento social" Ed. Siglo XXI, México 2001, me harían un favorzotote, pues los necesitaré ahora que regrese a la UPN.)

            5.-Una mochila grande, negra de una sola asa, con decorados discretos o bien con ausencia de ellos. Puede ser de otro color neutro o también de mezclilla (y si es del Dumbledore's Army, mejor, jejeje) Me harían un paro enorme porque la que solía usar, me la ha confiscado mi hija ahora que ella SÍ tiene clases... snif.

            6.-Cualquier cosa que vendan en Coyoacán... emo, hippie, darkie, lo que sea. Me encantan las curiosidades, un llavero, un morralito, colguijes, ¡aretes largos ahora que estoy pelona!... usen su imaginación, ya conocen mis gustos :)

            7.-Una película LA QUE SEA... pirata, original, con bolsita de plástico, como deseen, pero eso sí: formato DVD o clon del mismo, y que se vea clarita, sin risas o cabezas pasando frente a la pantalla... que se las prueben antes (sin albur :D)

            8.-Unos Converse negros de bota para quien quiera verse más guapo-a. (Calzo del 5 y medio :D)

            9.- Un Antivirus!!! pero de los buenos eh? Si tienen un original, préstenlo, no sean gachos, porque los que tengo me han servido para una carcajada.

            10.-Una invitación a comer, a un cafecito o a dar un paseo en lancha...qué se yo... estar en grata compañía sería un excelente regalo.

            Sé que no estoy en condiciones de demandar tanta belleza, pero les juro que me harían muy feliz con una llamada (mmm... bueno, si para el próximo martes ya sirve mi teléfono), con un correo electrónico, que saben que nunca dejo de checar, o bien con un beso o un abrazo muy fuerte si nos vemos en ese día o los posteriores.

            Nunca había hecho esta payasada, pero bueno, si se animan, no dejen de poner qué van a comprarme, no quiero libros, películas o discos repetidos, jejeje... no se crean, que si llegan con el típico globo, la tarjeta, el chocolate o el peluche igual les compensará mi agradecido corazón.

            "Mientras tu mirada no esté vacía, que tus manos lo estén, no importa."
            YO