febrero 13, 2010

Fue una estupidez

La que mostró lo peor de mí: la mujer desesperada, al borde de la histeria, vomitando pasión sin pensar en las consecuencias, engañándose al creer que sería entendida desde la esencia y no desde el símbolo, desde el motivo que me llevó a escribir y no desde las palabras necias.

Me confundí... pedí perdón, pero ya nada pudo arreglar lo que estaba roto. Resulté agresiva, peligrosa, de cuidado. Parecí una loca y asusté... ya después no pude limpiar esa imagen con absolutamente nada. ¿Quién iba a querer hablar con alguien así? ¿Quién no iba a sospechar que en realidad era una enferma obsesiva?

Lo entiendo perfectamente y ya no lo justifico. Demasiado he hablado del amor que yo siento y de su egoísmo, de la demanda de atención que siempre tuve hacia él y de la demanda de atención que él siempre tiene con todos. Son egoísmos distintos, pero al fin y al cabo egoísmos que chocaron en un tiempo y en un espacio que no nos permitieron hacer un alto y tomarnos de las manos para hablar de corazón a corazón.
Fue tan feo crecer sintiéndose culpable, que no quise volver a sentir remordimiento nuevamente... pero esta vez admito mi parte de culpa y con ella me quedo como el niño muerto que fue el conocimiento parido esta vez.

Ahora me sigue sangrando la herida, la hemorragia del duro aprendizaje no se detiene, sigue manando sin piedad hasta dejarme seca, así, casi insensible, casi sedada.

Vuelvo al terror de sentir amor de nuevo, quiero intentar la frivolidad de los nuevos tiempos y saber qué se siente ser moderno. No voy a anticiparme a nada, simplemente flotaré.

*

febrero 11, 2010

Hasta aquí llegué

Las diferencias ganaron por knock out a las afinidades. Me parece haber estado perdida en mi mundo durante todos estos últimos meses hablando como una ansiana sin más opciones. Así, ansiana con ese.

Tengo gente alrededor que no se ha ido un solo instante: mi querida amiga Andrómeda, que aunque ya no charlemos ni compartamos espacios cibernéticos como antes, sigue estando en mi mente y corazón, y no dejo de recordarle con pequeños mensajes que la quiero y que es muy valiosa en mi vida.


Mi mejor amiga Iris, que va a ser madre por segunda vez el próximo lunes, y estaré a su lado para hacerle sentir mi apoyo y compartir su felicidad. Mi pequeña hija que ha demostrado su grandeza como ser humano al tener que convivir conmigo todo este tiempo y resistir con la fuerza de un tótem sagrado los ventarrones de mi búsqueda personal. Mi amigo Ewell, atento a mis necesidades y proyectos a pesar de sus muchas ocupaciones.


Mis alumnos Javier y Lorena, queridas personas que han estrechado lazos de amistad tan fuertes que puedo contar con ellos en cualquier momento, al igual que yo he tenido que hacer a un lado mis problemas para apoyarlos en sus broncas de pareja... y mi madre, quien hasta ayer, que me vio por fin declaradamente triste y derrumbada, se acercó después de mucho tiempo a hacerme un cariño y recordarme con ese detalle que nunca ha dejado de amarme.


Los demás vienen y van, puedo quererlos, puedo decirles que me une a ellos un sentimiento profundo, sentirlo deveras, trabajar juntos, de pronto llorar juntos, reír juntos, pero nunca creer de verdad que me quieren hasta que no se demuestre lo contrario a través de los años.


Siempre fui como un perrito maltratado con cara de perro rabioso. Siempre a la defensiva, gruñendo cada vez que alguien venía a querer acariciarme el lomo, consciente de mi condición callejera, acostumbrada al peligro pero no por ello menos vulnerable.


Hubo todo el tiempo algunas personas -muy contadas ellas- que veían la belleza de mis ojos detrás del flequillo sucio y crecido de mi pelaje. Esas personas obviaron mis gruñidos amenazantes y me dieron palmadita en la cabeza. Ellos se hicieron mis amigos, y obediente a mi naturaleza perruna, fui fiel y entregada con todos y cada uno de ellos. Nos unía el guiño de comprendernos, de al menos tener un antepasado cuadrúpedo que nos hiciera caminar a la misma altura.


Con el tiempo fui perdiendo a algunos que se fueron alejando en el camino, pero siempre llegaron más y más a darme la fuerza que por momentos me hacía olvidar mi origen humilde, aunque fruncía el ceño en todo momento y enseñaba los dientes si intuía que la mano que ofrecía alimento, con la otra escondía una cadena. Así sobreviví, siendo mansa ante quien con su cariño me brindaba la seguridad de estar ante una persona buena y sin ocultas intenciones, sin embargo no había tenido el valor para asumirme callejera, y llevar con dignidad mi condición de fragilidad con plena conciencia del peligro de la vida... no me había atrevido.


Entonces llegó alguien a domesticarme, me ofreció de un alimento que nunca antes había probado y me enganchó no sólo a la alegría que su compañía me brindaba, sino al incipiente cariño que me empezaba a demostrar. Vi detrás de sus ojos de gato la misma naturaleza canina que me hizo identificarme con su alma, con lo más oculto detrás de su máscara felina. Me domó total y absolutamente, me sentí dispuesta a dejarme querer. Sabía que no me pediría que lamiera su mano porque ambos éramos iguales, me relajó. Me hizo asumirme yo, me hizo despertar a la vida, me ofreció agua cuando estaba muriendo de sed, y encontré en mi corazón enloquecido la posibilidad de andar juntos en un mismo camino con rumbo a la felicidad mutua...


Pero felino al fin y al cabo. Frívolo y mimado. Ganó el antifaz.


Se acerca el día de los enamorados, y un año más estaré sin nadie. Él, al parecer ya encontró... o reencontró el amor. Parece ya estar bien. Yo he tenido que superar varias pruebas de amistad interesada y desinteresada. Me quedo con quienes ya mencioné. Los demás están de paso.


El catorce de febrero tal vez no repartiré corazones, tendré mucho que hacer y no habrá tiempo para abrazar. No obstante, ellos saben que los quiero, yo sé que me quieren y listo. Los amo: Amanda, Iris, Ceci, Ewell, Lore, Javi, Mamá. Son lo más valioso que tengo en este momento de mi vida.


Estoy triste, decepcionada. Una vez más me han hecho sentir mínima. Esta semana descubrí que hay gente que aparentó estar, pero que en realidad nunca estuvo, que me sentí importante, comprendida, o al menos aceptada, pero al parecer no ha sido así.
Finalmente espero haber aprendido a portar el disfraz de gato, y ante ellos tal vez lo tenga que usar.


*

febrero 09, 2010

Los Secretos de Cupido

Ya no había venido a este blog porque se ha vuelto tan personal, que ya hasta da un poco de penita, pero me digo: si no tengo a quién contarle lo que siento, y poseo un blog en donde puedo escupir lo que se me dé la gana, ¿por qué reprimirme?

La posibilidad de que él se haya enamorado de alguien más, me mata. No pones en tu estado del facebook la palabra Love tres veces sin estar pensando en alguien...sí, ya sé, es tonto sentir que se sabe todo de alguien sólo por el seguimiento que uno le hace en sus redes sociales, pero en mi caso es todo lo que tengo. Anoche me atreví a enviarle un mensaje de texto diciéndole que me había acordado de él viendo un programa, y así fue: anoche estuve viendo "Los Secretos de Cupido", pasaron todos los capítulos de este documental en donde se explican científicamente los síntomas del enamoramiento, y pude reconocernos en cada uno de los detalles.


Lamentaría sentirme patética, o convertirme en un stalker, como alguna vez me dijo Luis (un amigo en común), pero creo que he de llevar lo que siento con dignidad, como al principio, como cuando decidí que no debía avergonzarme de esto, cuando asumí con dolor que en verdad estaba amando a alguien difícil, a alguien con quien iba a ser doloroso en adelante convivir y resistir. A pesar de que todo alrededor, incluso él, lucharon por hacerme sentir vergüenza de lo que sentía, reconozco perfectamente al amor cuando lo siento, y sé distinguirlo de otros sentimientos que pueden causar confusión.


Ahora, sentir que tal vez no fui la opción para que él se olvidara del pasado e intentara comenzar de nuevo, me causa inquietud. No estoy segura de nada, pero si lo compruebo, sé que me dolerá. Trato de empezar a prepararme para el golpe, pues seguramente llegará en cualquier momento: él no parece de esos que pueden estar solos, y yo no he recibido señales importantes que hagan apuntar su corazón hacia mí. Una señal de ternura, de agradecimiento, pero nada más.


He aquí un capítulo más de esta historia. Cuando dije que era amor, no estaba exagerando. No puedo extirpármelo como si fuera un barrito en la frente, es un tumor que crece, y que no podré saber si es benéfico o cancerígeno, hasta que vea los efectos secundarios en mi cuerpo y en mi persona. Ojalá fuera amor compartido, nótese que sigo diciendo ojalá... U__U



*