Me confundí... pedí perdón, pero ya nada pudo arreglar lo que estaba roto. Resulté agresiva, peligrosa, de cuidado. Parecí una loca y asusté... ya después no pude limpiar esa imagen con absolutamente nada. ¿Quién iba a querer hablar con alguien así? ¿Quién no iba a sospechar que en realidad era una enferma obsesiva?
Lo entiendo perfectamente y ya no lo justifico. Demasiado he hablado del amor que yo siento y de su egoísmo, de la demanda de atención que siempre tuve hacia él y de la demanda de atención que él siempre tiene con todos. Son egoísmos distintos, pero al fin y al cabo egoísmos que chocaron en un tiempo y en un espacio que no nos permitieron hacer un alto y tomarnos de las manos para hablar de corazón a corazón.
Fue tan feo crecer sintiéndose culpable, que no quise volver a sentir remordimiento nuevamente... pero esta vez admito mi parte de culpa y con ella me quedo como el niño muerto que fue el conocimiento parido esta vez.
Ahora me sigue sangrando la herida, la hemorragia del duro aprendizaje no se detiene, sigue manando sin piedad hasta dejarme seca, así, casi insensible, casi sedada.
Ahora me sigue sangrando la herida, la hemorragia del duro aprendizaje no se detiene, sigue manando sin piedad hasta dejarme seca, así, casi insensible, casi sedada.
Vuelvo al terror de sentir amor de nuevo, quiero intentar la frivolidad de los nuevos tiempos y saber qué se siente ser moderno. No voy a anticiparme a nada, simplemente flotaré.
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