Hace un mes que en mi Universidad regresamos de un paro de labores cuyas demandas (al parecer) finalmente fueron resueltas , y hoy la resaca de la huelga parece estársenos bajando poco a poco. ¿El resultado? Muchas ganas de vivir.
Yo no sé, pero como una maestra decía: con el paro, todos salimos perjudicados... de una u otra manera. Totalmente cierto: dicen que mata más la duda que el desengaño, y el mes completito, con sus días, que estuvimos en la incertidumbre del regreso, fue un trancazo psicológico para todos en general: desde los que estaban muy involucrados con los motivos del movimiento sindical, preocupados por que sus peticiones no fueran resueltas, hasta los que aparentemente eran felices por no tener presiones de tareas, desmañanadas y demás. Todos queríamos regresar a la escuela, estabamos ciertísimos de que el tiempo apremiaba, y que nuestros estudios estaban parados, cuando éstos tienen prioridad máxima en nuestras vidas.
Así las cosas (o al menos hablo desde este humilde punto de vista, con lo que me tocó percibir alrededor), mis compañeros y yo entramos a clases con la inercia del descanso prolongado, ya que a pesar de que una parte de nosotros deseaba reanudar la vida académica, otra muy fuerte se estaba acostumbrando a echar la hueva y ocupar libremente el tiempo.
Pero entonces las cosas comenzaron a tener color: cuando pensé que moriría enclaustrada entre la apatía de mis compañeros, que me descompondría entre su desinterés manifiesto por integrarnos como grupo, llegó Julien Le Gargasson, actor francés de teatro profesional. Vino con la generosa intención de (prácticamente) regalarnos parte de su tiempo y su enorme sensibilidad. Desde que lo vi actuar en un monólogo que trajo a la UPN, quedé prendada de su trabajo escénico (no perdí el tiempo clavándome en su belleza física, cuyo encanto salta a la vista), así que decidí que si impartía un curso, haría hasta lo imposible por matricularme en él. ¿Cuál fue mi sorpresa? ¡Que no tuve que hacer ningún esfuerzo! El taller se ajustó el día preciso en que salgo temprano. ¿Coincidencia, o destino? :)
Desde la primera clase aprendí que él traía lo que yo quería, y al término de la segunda sesión, supe que, a pesar de las dificultades, cumpliría su promesa de estar ahí porque simplemente ama lo que hace.
Por otro lado, surgió la convocatoria que mi amigo Santiago, alias "Don San", tuvo la oportunidad de lanzar con bombo y platillo: "Del trabajo al corazón", una invitación a toda la comunidad universitaria, para desempolvar ideas, pasarle un trapo húmedo al alma y compartir alguna inquietud artística (ya huele a Arte a mi alrededor).
Después, recibo gustosa un correo que me confirma que en poco más de un par de meses, regresa el espacio que tanta vida me dio dentro de la UPN: el Taller de Arte de mi amada amiga Valeria Marruenda. Nada pudo alborotarme más.
Ayer comencé a hacer mi servicio social en el Centro de Atención a Estudiantes de mi escuela, y estuve en la Feria de Servicios, que fue un esfuerzo enooooorme por darle vida al espacio. En dicho evento di informes, me di de alta en la Biblioteca para servicios en línea, los de Fomento Editorial me regalaron un libro y los de Comunicación Audiovisual, un documental. Me inscribí al Cineclub de mi escuela, y ahí estuvo el nuevo Jefe de Difusión Cultural, Rodrigo Johnson, quien ha tenido a bien la iniciativa de acercarnos cual vaso de agua en el desierto, los eventos más diversos y de la más alta calidad en los últimos meses. (Mis más grande agradecimiento y mi más sincero aplauso)
Así, en este día tenía que llegar un orgasmo, cuando después de una larga espera (yo pensaba que vendría desde el miércoles pasado ¬¬), llegó a ofrecer un concierto el preciosísimo (sí, así se dice) y además de hermoso, bello Pedro Kóminik. (¿Ya no hay más adjetivos de éstos?)
Hubo chance de escucharlo, de sentirlo, de tocarlo, de abrazarlo, de besarlo y de otras cosas más (cada quien se imagina lo que quiere, que con eso que no menciono, me quedo yo.)
¿Qué más puedo pedirle a la vida, si lo único que quería es que me volviera el alma al cuerpo?
Ya entendí todas las señales. Ahora sí, mundo perdido y loco, prepárate, que ahí te voy.