
Cuando no te tengo cerca me sofoco, me ahoga la respiración pausada de los muertos que me rodean, esquivo a mi paso los cadáveres que sólo pueden impregnarme su tufo a apatía. Avanzo a través de los largos pasillos del pesado edificio que nos soporta, sintiendo el frío en mis huesos, descalcificándome y calcinando la estructura que me tiene en pie.
Hablo y callo, y al hablar guardo silencio, mientras con mi silencio grito que no estoy de acuerdo, que no quiero más miradas esquivas a mis pies y a mis manos, criticando cada vello que se eriza sobre mi piel. ¡Los muertos son ustedes! ¡No quiero contagiarme de su muerte! ¡Aléjense de aquí y dejen este espacio para los vivos, para los locos, los enfermos de letra!
¿Dónde fueron mis amigos? ¿A dónde volaron los pedazos de cuerpo que éramos y que alguien hizo estallar? Siguen latiendo, puedo sentirlos. Se han regenerado en cuerpos nuevos, independientes, pero yo los quiero aquí, conmigo, en medio de un abrazo, de una mirada honesta, de una charla fumada. Quiero un toque de sus cuerpos y sus almas para recordarme viva, para asumirme loca con más orgullo que timidez.
Me he declarado asmática de emociones, me falta el arte para respirar.
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