Liberarme hasta sus últimas consecuencias... eso me recuerda tanto la juventud loca de mis ayeres, cuando no medía el peligro, y amaba, lloraba y rogaba sin temor a sentirme humillada o despreciada por quien no tiene la más remota idea de lo que fluye dentro de mí.
Hoy he vuelto a escuchar música, me han dado nuevas ganas de bailar y se me ha esfumado la ansiedad por comer a todas horas. Volví al cigarro después de haberlo dejado -según yo-definitivamente. No puedo sino suspirar, cantar y angustiarme teniendo la sensación extraña de no caber en mí misma por el peso del alma engrandecida... pero no quiero volver a tocar la puerta para que alguien conteste detrás como en el juego del lobo "Me estoy bañando...me estoy poniendo un calcetín"... pero, ¿a qué hora saldrá para devorarme?
Siento poco a poco el horror de verme envuelta en la rutina de todos los días, de tener que reacomodar mi vida para que empiece a ser igual, dedicarme a la tesis, a la familia, a la obscura celda de la cual peligrosamente empiezo a creer que no debí salir jamás.
Una presa enamorada del viento mismo.
¡Acaríciame tan solo para sentir que si me ahogo tendrá que ser por exceso tuyo y no por tu indiferencia! ¡Te estoy amando! ¡Y me vale madres si tú no lo haces! ¡Tengo que gritarlo a los cuatro vientos antes de que empiece a volverme loca! ¡Quiero que hablemos, sí! ¿Pero cuándo? ¿Y qué vas a decirme? ¡Maldito dolor dulzoso! ¡Que pare ya!
Primero fue el purgatorio, ahora es el infierno...¿a qué hora veré el paraíso a tu lado?
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