Se repite una vez más a sí misma. No lo quiere así, sueña con casarse de blanco y que vuelen palomas a su alrededor, pero empieza a pensar que ha nacido para ser subterránea. Su físico y su nombre no le ayudan: cualquiera que la ve a primera vista cree efectivamente que nació para ser mujer de la vida galante. Sus rubios rizos vuelan al aire, se mira al espejo, se sabe sexy. Se admira esperando que otros la secunden y le digan lo guapa que se ve hoy... pero ella lo sabe, y por eso nadie le dice nada. Como segunda estrategia empieza a repartir halagos, con la esperanza de que como un boumerang regresen a ella recargados en fuerza... pero no sucede.La función va a dar comienzo. Quiere un abrazo, requiere el cuerpo de un hombre a su lado, la fuerza, el poder que le da a su alma lo que ésta no tiene...lo busca, rechazo otra vez. Actúa y no pasa nada, regresa al camerino y cada quien está en su asunto, no hay nadie que le diga sinceramente que ha estado bien, regresa al espejo, se mira... sigue buscando la aprobación, huele a hormonas, descubre a un caballero mirarle el trasero a través del cristal. Él está esperando su escena y se distrajo de pronto, no es nada importante... sin embargo para ella es suficiente. Se acerca a él, le susurra un coqueteo, él se sorprende.
Pasado el aplauso hay que ir a festejarlo. Ella no puede esperar más el momento de abrir la pista con él, y ofrecerle bailar un tango: si lo piensa bien, no está nada mal, es joven, atractivo y varonil. Bailan juntos, él se divierte, ella se invade de emoción al sentir el roce de su mano en la cintura. Quisiera que la pieza no parara, pero es imposible, todos los demás conviven de manera diferente. Se acaba el sonido de la música y ella se siente sola. Siente que todo este tiempo ha estado bailando sola, en medio de un sueño que nadie compartió.
Su compañero de baile ahora se va a beber con los demás, y ella se recluye en la esquina de un sofá a mirar cómo todos se integran. Piensa que su imagen de diva solitaria llamará la atención de alguien que le pregunte por qué está apartada. Sólo la mujer más vieja de la fiesta lo hace, le ofrece llevarla a su casa, ella se entristece. Pronto alguien más le roba la atención de la vieja, y ella vuelve a quedar sola... el anfitrión se acerca a preguntarle si no se le ofrece nada, y ella aprovecha para hacer plática... pero no, Déborah: él es caso perdido, la novia está en la fiesta, no pierdas la conciencia, no pierdas una posible amistad.
El compañero de baile regresa un tanto ebrio a refugiarse en su regazo. ¡Por fin! ¡Por fin! ¡Un triunfo esta noche! ¡No se irá con la vieja a casa! Habrá alguien más que la llevará sana y salva hasta su hogar, no sin antes compartir unos besos y unas cuantas caricias, o hacer el amor...
La noche pasa breve, y él se arranca de sus brazos delicadamente, casi sin que ella apenas lo perciba... luego se retira sin decirle adiós siquiera.
Ella se va a casa en el auto de la vieja, suspira y agradece la velada: después de todo, es mejor amanecer sola en casa, sin huella de besos o semen encima, que amanecer también sola otra vez en un viejo hotel... vuelve a su casa y llora letras. Nadie habría pensado que detrás de ese cuerpo sensual y esa alborotada cabellera hay un cerebro brillante, poblado de poesía y palabras sangrantes. Nadie creería el corazón que palpita detrás de ese busto redondo y perfecto, que hay sapiencia y amor detrás de su imagen vulgar.
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1 comentario:
Hermoso. Sin duda uno de los escritos en los que más despliegas sentimientos y pasión. A veces se olvida el corazón de alguien entre tanto regalo físico q más que bendición parece castigo.
Un beso enorme, te extraño.
PD: Isabel me firmó dos libros esta mañana!!! *.*
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