junio 07, 2009

Él no es una loca

Aparece en la reducida escalinata del escenario, enfundado en elegante bata de seda y una copa de vino en la mano, entonando las delirantes notas que iluminan de un brillo especial sus hermosos ojos verdes. Camina, sonríe, coquetea. Esa es la última noche de cabaret de la temporada, lo espera un diván rojo. Las suaves líneas de un cuerpo femenino irrumpen en la escena, dejando caer las prendas y recogiéndolas en una canasta. Todo empieza bien pero mi acompañante se sorprende: imaginaba conocer a un gorila de dos metros cantando como barítono, pero no. Todo indica que es una loca.

-¿Por qué seremos tú y yo tan asquerosamente heterosexuales?- le pregunto mientras recorro con la vista a la concurrencia que seguramente aprobaría que yo le hiciera un cariño a mi mejor amiga. Ella se ríe inocentemente como siempre, y yo le agradezco la solidaridad de estar conmigo en un lugar de esos que no frecuenta.


Él sigue cantando mientras la mujer ronda por ahí, hermosa y callada como debe de ser. Él bromea, sale de la trama frecuentemente para mostrar su felicidad al ver el lugar repleto. Busca rostros conocidos en la penumbra que rodea nuestro lugar de espectadores, los distingue con los ojos borrachos de reflectores, ubica amigas, amigos, les manda indirectas, se desviste, canta, se contonea. Las chicas de la música están ahí, clavadas en la partitura con mirada desvelada, rasgando cuerdas y golpeando teclas como autómatas, conscientes de ser indispensables en el éxito del suceso.

Yo quiero estar ahí arriba, tener el cuerpazo de esa mujer, vestir ese traje de sirena que porta mientras baila como Magdalena, y mientras resbala tras bambalinas causando preocupación en el divo de la escena.


Con la magia que nos envuelve, ella reaparece ilesa pero algo está pasando: esos dos ya no se aman, o se aman demasiado, tal vez se detestan o bien dependen uno del otro. Llueve a cántaros en pantalla mientras el mesero insiste en preguntar si no queremos beber nada más."Deja de estar chingando" dice mi mente respondona, pero mi sonrisa amable finge un "No, gracias"


Un ventanal virtual, un salto mortal, un alma que vuelve mojada mientras atormenta al hombre que deja salir su dolorosa voz... talk to me like lovers do..., al tiempo en que me atrapa creando una excitante y conmovedora atmósfera que está a punto de arrancarme de mi asiento para volar hasta el diván, envolverlo yo misma lentamente con la sábana, tocar con mi espíritu su encantador rostro y robarle un beso que profane el momento y corte la melodía. Muero. Lamo el borde del vaso y saboreo los últimos granos de sal, bebo la cerveza y reaparece: camisa blanca y calzoncillos finos, fálico símbolo atado en el cuello al rojo vivo, mirada pícara, cercanía. Parece ser un íncubo que se acerca a devorarme, pero al momento es lo contrario, avanza entre las mesas haciendo las delicias de los presentes que están dispuestos a la marcha. Sube de nuevo, se toca el sexo delicadamente. Se coloca frente al pedestal y me canta. No mira a nadie pero imagino que me canta a mí: Ángel.


No sé en qué orden ocurren las cosas, he perdido la noción del tiempo. Lo que dice es lo de menos comparado con lo que me hace sentir, es un demonio. Me entrego a él, lo disfruto, lo absorbo. De un momento a otro estoy presenciando la reencarnación de un Freddy Mercury renovado, desinhibido, talentoso, orgulloso y mucho más guapo. Ya no es un diablo: es un chiquillo que se divierte sobre las tablas y abajo de ellas. Devora fresas, comparte, juega con una tetona voluntaria del público, chulea a una espectadora, echa desmadre. Pronto estoy sonriendo, relajada, mi amiga graba con su celular Perfume de Gardenias, sorprendentemente integrada, divertida, enamorada. Ese fino objeto del deseo tiene a hombres y mujeres en la bolsa, extasiados, ebrios, dispuestos.


Es el pleno momento de las complacencias, hay que exprimir al artista. Las chicas de la música se ven cansadas, probablemente quieran largarse a su casa, pero aguantan vara como muchas otras veces...no traen suficientes partituras para darle gusto a todos. Mi corazón sólo murmura No me dejes, no... y sus primeras notas suenan paralizando mi respiración. La lágrima final podría haber sido mi mayor regalo: el brote del sentimiento, el trozo verdadero de un alma sensible, apasionada, inigualable.


-¿Por qué no vas y lo saludas?
-Quién sabe si se acordará de mí. Tiene muchos amigos de carne y hueso aquí esta noche.
-Acaba de salir y me mandó un beso, anda, se ve que es buena onda.
-Está bien, me voy a asomar, pero si se amontonan mejor nos vamos...

Quería quedarme secretamente con la idea de que estaba hecho de otra materia, que aquéllo había sido un holograma intocable, un sueño que no se va a repetir. Pero ya viajaba a casa con su perfume en mi ropa, su sincero agradecimiento y su abrazo cariñoso. I am fish and blog, he is flesh and blood: su corazón también se parte, su voz también se quiebra.
Ella supo que él no es una loca, aunque se divierta como una. Yo comprobé que es un espíritu travieso, un hombre pleno, intenso y un artista excepcional.

Hoy puedo contarlo entre la gente querida y decir sin rodeos:

¡Feliz cumpleaños, querido Pedro!
¡Gracias por esa increíble noche!
¡Salud (con agua -salada-) por tu eterna felicidad!


*

3 comentarios:

Pedro Kóminik dijo...

De qué sirve ser feminista, si en tu cabeza no puedes ser mujer, ¿no?
Ser mujer, ser hombre, ser todo y ser nada; ser en el público y en el silencio privado.
Se te quiere ;o)

AnDRoMeDa dijo...

Excelente escrito, amiga
Siempre con esa mirada inquisitiva, analítica, irónica y muy bien plasmada. Cada palabra que compone este relato, es de mi total acuerdo ;)
Un beso enorme!

Ondina dijo...

Yo también te quiero, Pedro :)

Andro, gracias por comentar siempre y disfrutar de mi escritura, erea bien correspondida.