Ya huele a regreso a clases…





… se acabó la diversión.
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"Desde el momento en que le nombras amor imposible, ya tiene esa cualidad de amor, y es, existe, lo sientes tú. ¿Que es imposible que la otra parte sienta lo mismo? Probablemente... pero el amor de tu parte, ahí está. ¿Que es imposible la realización de ese amor? Ya es real, no es de mentira. En sí mismo encierra más verdad que cualquier otro amor que se presuma o se nos venda como verdadero. Ya lo sé: la filosofía más básica, dirás, pero al fin y al cabo es amor al saber."
Intentando estirar la felicidad como tantas veces, esa con la que inicié el año y con la que me propuse continuar aferrada hasta que cuerpo y alma aguantaran, aquí estoy escribiendo de nuevo. Y debo decir que para el mencionado propósito, el séptimo arte me ha sido de una ayuda insustituíble
No hay mejor cosa que una fea enamorada... siempre estás seguro de que no se te va a ir con otro, pero tienes que seguir reconquistándola porque a fuerza de humillaciones, algo debió aprender de dignidad.
Cuando me envió su fotografía de inmediato pensé que no debería esperar mucho de ese encuentro. "Demasiado guapo para ser de verdad", me dije mientras elegía el vestuario más casual para mi primera cita a ciegas. Las banquitas de Gran Sur en frente de Zara estaban todas vacías, lo cual me hizo suspirar pensando en que sería una larga espera.
Pues entre que son peras o son manzanas, y antes de que se fuera de cartelera (lo cual todavía no sucede), fui la semana pasada a ver la dichosa película de Crepúsculo. Asistí con la plena intención de disfrutar la función, me preparé psicológicamente para sentirme de 16 años otra vez y me puse "flojita y cooperando". Qué cosa tan espantosa.
Pasaron varios días de vacaciones sin que tuviera la más mínima intención de abrir un periódico o dejarle al canal de las noticias. No quise ensombrecer más mi ya de por sí sombrío espíritu navideño. Lo que quise fue descansar y olvidarme así: por completo de las cosas que ocurren alrededor y que no hacen más que tensarme.
No, pues definitivamente no estoy a la moda en esto del gusto por los caballeros. Ustedes, chicas, ¿qué opinan? Envíenme a sus candidatos y hacemos otra lista, ¿les parece?
Miré hacia atrás como buscando entre la gente a alguien cuyos ojos sabía que encontraría. No había previa cita, ni siquiera una remota posibilidad de que estuvieras ahí, pero yo lo sabía. Y así me encontré con los ojos dulces de tu rostro pálido. Me miraron seriamente y el tiempo se detuvo por un instante. Con el rabillo del ojo distinguí dos pares de ojos más que te acompañaban. No tuve que detenerme a verlos y hacer que me vieran para reconocer de quiénes se trataba.
Hace más de una década, me acercaba a la Toussaint para hacerle saber que estaba esperando un hijo, y que si tenía la fortuna de nacer mujer, la nombraría como ella misma y en su honor. Poco tiempo después, en una firma de autógrafos, se sonrojaba y se reía de mi tonta frase improvisada por los nervios cuando le decía que un buen día le construiría un altar.
Me permito enamorarme a destiempo. Amo a un niño que apenas se ha convertido en adulto. Me pierdo en tu pelo rizado, en el lunar de tu mejilla, en tu sonrisa sincera. Me encantan tus ojos cerrados, abiertos, de cerca, de lejos. Tu forma de nombrarme, tu abrazo fugaz y tu beso pequeño.