Paralela a mi formación pedagógica, misma que incluye mi trabajo como docente por más de una década, he tenido una amplia formación artística que abarca la historia de toda una vida transitando suavemente de lo amateur a lo profesional.
Desde muy temprana edad he pertenecido a cuanto grupo artístico se me ha cruzado enfrente, habiendo aprendido mucho de mi paso por agrupaciones de muy diversa índole. Creo que para elaborar el análisis sabor amargo que viene enseguida, puedo decir que he hecho -o al menos he intentado hacer- de casi todo:
¿Escribir, dirigir, musicalizar, diseñar escenografía y actuar en obras de teatro? Sí. ¿Escribir, dirigir, musicalizar, producir, fotografiar y actuar en cine? También. ¿Filmar y hacer edición? Sí, también. ¿Escribir poesía, novela, cuento y lo que no han inventado? Intento día tras día.
¿Escribir para televisión? ¿Actuar para televisión? Sí, y estar cerca de procesos de casting, dirección y producción también. ¿Bailar y montar coreografías? Sí. ¿Cantar, no sólo en la regadera, sino ante ún público? Sí, y no sólo en grupos, sino también sola, además de componer canciones y grabar un disco en forma profesional. ¿Diseñar carteles, catálogos, y toda la papelería del mal llamado arte publicitario? Sí. Y pintar al óleo, en acuarela, dibujar a lápiz, color, gouche, hacer murales, retoques fotográficos, collages, fotografías, grabados, etcétera, etcétera, etcétera.
Además, por si esto fuera poco, he experimentado con formas poco convencionales de hacer arte, como las utilizadas por artistas vanguardistas como el performance, la escritura automática y el poema dadá, entre muchos otros.
Aunque usted no lo crea, todo lo anterior no fue para "presumir" de alguna manera todos los logros que he tenido en ese terreno, sino más bien para justificar que cuando digo las cosas, sé muy bien por qué las digo. El punto es que he conocido en todo medio, muchos más hartistas (de los famosos con hache), que verdaderos Artistas con mayúscula:
¡Los actores son terribles! los hay, en su mayoría, que se sienten inalcanzables por el simple hecho de decir mucha mierda y saber lo que significa en la jerga dramática, así como citar a Stanislavski y saberse algunos cuantos terminajos y supersticiones de las tablas. ¡Son insoportables! Fuman como chacuacos porque son inseguros y fetichistas, son excéntricos, hiper-expresivos, viviendo en personaje la mayor parte del tiempo, sin poder despegar la grandiosidad de un carácter sobre el escenario -cualquiera que este sea- de la grandiosidad simplona del ser humano común que somos todos .
Hay actores y actrices que parecen siempre estar de buenas, ser inteligentes, suspicaces, eternamente bellos bellos, flexibles, entrenados, controlados, están seguros de que con su voz y su cuerpo pueden hacer absolutamente de todo, por lo tanto se sienten omnipotentes, y cuando se dan cuenta de que no es así, se dan de topes al mirar su ego pisoteado y escupido en el suelo. Entonces se vuelven llorones, románticos, talentosos por momentos, sensibles a cualquier cosa, exagerados en su desgracia, tirándose al suelo no para ser levantados, sino para mantenerse en el protagonismo...
Lo mismo pasa con los cantantes, los cuales sienten que algún día serán ricos y famosos -lo cual ocurre en menor medida con los actores de teatro, que son los que conozco más, pero también ocurre-,constantemente imitan las voces que oyen en las canciones de moda y sin tener una voz mínimamente educada, creen que con su belleza (ah, sí, la mayoría de los cantantes también son vanidosos) van a lograr abrirse las puertas haciendo uso de la tan manoseada Inteligencia Emocional. Y si tienen facultades y estudios, se vuelven peores, se colocan del lado de la exquisitez y de la elite de los verdaderos cantantes. Todos quieren ser la voz que el mundo necesitaba y pelean con uñas y dientes por ser solistas para lucir su chorro de voz.
Los bailarines son promiscuos, egocéntricos a decir basta, frívolos, seductores... o al menos eso intentan. De igual forma que los actores (algunos combinan las dos disciplinas y se vuelven monstruos de dos cabezas...-gulp!-), piensan que su cuerpo es la máquina perfecta (vaya que lo es, pero no en el sentido antropocéntrico), casi casi semidioses. Marcadamente sexuados, pulcros hasta la náusea, estéticos a fuerza, siempre a la moda y vanidosos -¡Oh, Dios!-¡vanidosos como el que más!
Y qué decir de los artistas plásticos y visuales, alucinantes. Debido a que su trabajo implica ensuciarse la camisa, se podría decir que son lo opuesto de los bailarines: generalmente mugrosones, pandrosos, aparentemente despreocupados por su apariencia física, y particularmente obsesionados con abrir sus sentidos a una percepción más amplia. Son más cultos y letrados, aunque no por eso menos raritos e intratables en muchas ocasiones. No aceptan a nadie que parezca muy tonto o demasiado popular, porque hasta de lo corrientito tienen su muy caprichosa y meticulosa selección.
Lo mismo les sucede a los poetas que, o bien se sienten escritores malditos e incomprendidos, o bien selectos por el dedo del Creador para hablar en lenguas únicamente comprensibles por los elegidos. No saben distinguir la realidad de la fantasía, son posesivos, compulsivos, peligrosos. Depresivos la mayor parte de las veces, azotados para acabar pronto.
¡Y los músicos! ¿Por qué se me estaban olvidando los músicos? Son la peor lacra que he conocido en el mundo, y eso es decir demasiado.
Volviendo a aclarar que sólo estoy hablando de los Hartistas con hache, y no de los Artistas con mayúscula, de los que en verdad he encontrado muy pocos, he de decir que entre los peores de ellos se halla el gremio de los músicos: pedos y pedantes, viciosos y viciados. Faramalleros, fetichistas también, cualquiera que sea su instrumento, creídos y malcriados... ya no quiero decir más. Sólo terminar diciendo que a todas estas subespecies del homo sapiens, les falta entender el verdadero sentido del Arte per se. ¿Cuál es ese? ¿Es que yo tengo la respuesta a tan grande cuestionamiento? ¿Cuál es el verdadero sentido del Arte?...io non lo so. (Yo no lo sé, pues...)
El chiste es descubrir en la esencia de cada uno de nosotros, lo que queda cuando le quitamos toda la porquería que rodea el medio artístico. Eso que quede será el verdadero sentido, por lo cual necesitamos, queremos y nos place expresarnos por medio del Arte... si no es así, pues seguiremos en competencia por ser mejores que el otro, y tristemente seguirá aplicándose esa horrible frase, que dice que "de tu arte a mi arte..." pues siempre es mejor el mío.
3 comentarios:
¡Nombres, nombres!
jajajaja!!!!
ok...
Sí...los seres humanos (no sólo los artistas, hartistas, arteros) somos todo lo que has dicho, y mucho más.
Aunque yo creo en principios estéticos y filosóficos (por lo tanto éticos) tangibles. En verdad cero que el arte no es un territorio del gusto, como lo es del pensamiento, de la inteligencia. Ni siquiera el talento basta.
Yo por eso no soy artista, solo soy equilibrista en el mejor de los casos, aunque me paguen por ser otra en el escenario...
Nombres sobran, hombres y mujeres...esos son los que faltan.
Que usto leerte, hacía tiempo que no pasaba a visitar.
Saludos
Publicar un comentario