octubre 10, 2009

Esta no es la canción del mes.

Es la canción de AHORA!!

(O mi etapa naranja... digo, Naranjo)

Desnudarme poco a poco
y encenderte si te toco, sí.
Nos miramos al espejo
me haces daño
y no me quejo, no.

La humedad en tu mirada
tiernamente derramada, sí .
Tu lamento y mi lamento
vuelan juntos en el mismo momento
porque
lo que quiero ahora
es tu cuerpo ahora,
ser su dueño ahora
ser su esclavo ahora.
y atarlo ahora
y adorarlo ahora
parar el tiempo ahora
y acariciarlo ahora
ah, ah, ah, ah!

Entregar el cuerpo abierto
por el vientre sentir tu aliento, sí.
como inunda el mar la roca
ven y lame la miel de mi boca
porque
yo te quiero ahora
con la boca ahora
con la mano ahora
con la carne ahora
es urgente ahora
embriagarme ahora
perder el punto ahora
y derramarme ahora
ah, ah, ah, ah!

octubre 08, 2009

Frase corta que aún siendo corta, no cupo en el Twitter

Me aterra sentir lo que siento, aunque no lo creas, siento exactamente lo mismo que tú, pero ojalá que coincidamos nuevamente en tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio. Te adoro. Esto no es un adiós.

octubre 05, 2009

Que la fuerza me acompañe

Lo aprendido es lo valioso. Es importante hacer un alto, poner distancia, aterrizar un segundo. No puedo creer aún lo que ha sido mi vida desde mi cumpleaños de 2008 hasta este momento que estoy pasando.

No me quise olvidar de los amigos y lo hice, no quise olvidarme del estudio y lo hice, no quise olvidarme de mi familia, pero lo hice. Aunque creo que en cierta manera era justo exagerar en la forma en que me veía a mí misma para empezar a quererme, a volver a sentir en mí la chispa del amor, y en el camino me volví obsesiva... y fui excesiva.

Hoy creo que alejarme es la mejor opción. Voy a luchar por mi felicidad, así ésta sea o no sea al lado suyo. Me dolerá saber que de pronto ya encontró a alguien más y que yo sigo aquí, tejiendo y destejiendo, pero resistiré, sobreviviré, estoy segura. Andaré un viaje y rondaré como mosca su habitación para susurrarle molestamente al oído sin que apenas me perciba.
Todo va a estar mejor... todo mejor...

Quise ser el conquistador que cortejaba a la reina, pero la amenaza de cortarme la cabeza si fallaba me hizo desistir en mi empeño. Prefiero cabalgar libremente como un pobre trovador hasta que la hermosa pueda dejar a un lado sus obligaciones de mandataria y se digne a escuchar mis versos en la plaza... por supuesto que esa es una posibilidad muy lejana, pero existe.


Ojalá esta no se desdibuje con el tiempo, que esta bella locura que empezó el día en que pude pisar el salón real y tocar para ella, el día en que me atreví a besar su mano sin guante, no termine con el recuerdo de este humilde caballero perdido entre los rostros hermosos de su corte de honor. Ojalá no haya otra guerra en puerta y yo tenga que ir, y muera. Ojalá esté lo suficientemente completo para el día en que eso suceda. Ojalá me ame... lo sé, ingenuo soy.


*


octubre 04, 2009

La locura de estar viva

Primera vez que un post se llama justamente como el título de mi blog: me estoy volviendo loca.

Mi vida necesitaba emociones nuevas, y siempre anduve aquí y allí buscándolas, escarbando entre las poquísimas opciones de honestidad que existen en mi ciudad, y finalmente hallé mi camino en un lugar donde además, encontré un gran amor: me enamoré de un loco.

Tenía que ser, loca yo, ¿qué más podría esperarse?

Este sentimiento es raro... caótico, pasional, arrebatador. Hay amor, pero eso no es suficiente.

He perdido la cuenta de las veces que he suspirado porque un dolor en el pecho me hace respirar con dificultad. No quiero enfermarme. No es bonito andar así, todo lo contrario. Esa sensación de euforia que en un segundo se convierte en instinto suicida es increíblemente insoportable. Quisiera echarme a correr y buscar por todos lados su nueva dirección para escabullirme como insecto entre sus plantas, y esperarlo ahí, al acecho, para que en cualquier momento de insomnio yo pueda aprovechar el tiempo y salir a la superficie.

Me estoy ahogando, literalmente. No puedo hacer otra cosa, hubiera preferido que me dijera que me odia y no que me adora. Ojalá me hubiera tratado mal, sería más fácil acumular la rabia y salir adelante. Estoy loca, loca, loca. Lo amo, no puedo dejar de repetirlo desde la primera vez que lo acepté.

Estoy viva, viva, viva. Pero esta vida me duele, me duele mucho. Lo necesito cada vez más, es completamente un vicio y él... tiene todo excepto a mí.


*

octubre 03, 2009

Ti voglio bene



Sin duda alguna, el gran amor de mi vida.





...and nothing else matters...

octubre 02, 2009

Como diría Segismundo...



Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!


¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?


Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.


Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

*


AMÉN u___u




Pedro Calderón de la Barca

septiembre 30, 2009

Fruto prohibido

Hoy me comí la única manzana que había en el frutero. Lucía su redondez perfecta y brillante. Cada vez que acudía a la mesa me gustaba contemplarla en toda su esbeltez: tentadora y solitaria exhibía una belleza casi artificial.

"Seguramente es de plástico o madera", me dije. Esto no puede ser obra sino de un artista que le ha dado el realismo necesario para engañarme la vista y excitarme el paladar.

Supuse que mi madre la había colocado ahí para adornar la mesa, para hacer más armónico el espacio que compartimos y en donde no hay dinero suficiente para comprar manzanas.

Pero entonces la tomé y ensarté una mordida mortífera que pudo haberme tirado los dientes.

Sin pensarlo ya sentía el sabor entre mi lengua: dulce y generosa: no me habría perdonado dejarla podrir y seguir pensando que era irreal, inalcanzable. Sabe mucho mejor de lo que se ve.

septiembre 29, 2009

Volviendo a la tradición

Hace un año que se me ocurrió hacer esto de la canción del mes, pero terminado diciembre, lo abandoné. Hoy casi se acaba Septiembre, pero hay muchas canciones que pueden serlo: desde Esto no es una elegía, de Silvio Rodríguez, hasta Baby, one more time, de Britney Spears.

Sin embargo, creo que lo que viví este mes podría resumirse en "Historias de danzón y de arrabal", de Aleks Syntek (si bien llevo media hora tratando de encontrar un video que se deje insertar en otra página y nomás no se puede). En fin... hay que Youtubearla... mientras tanto, una joya de Mónica Naranjo, letra que marca el fin de un gran principio.

septiembre 28, 2009

Cinco días

Tenía sólo cinco días para esperarlo. Cinco días en los que la consigna era reasumirme entera antes de sentirme completa en sus ojos de mar.

Ya estaba tatuado su nombre en mi brazo, pero los encajes conseguían cubrirlo muy bien y así podría vivir de no ser porque el calor me invadía. Sentía un deseo profundo de recorrer a nado esa trayectoria que su barco pesquero andaría en su viaje de ida y vuelta. Quería quedarme esperando en la orilla como sirena amante mirando la luz del farol... pero no lo hice.

Tomé mi maleta y guardé todos mis miedos: guardé el luto, guardé el silencio. Allí también quedaron empacadas la vergüenza y la cobardía. Rebusqué en la humedad de mi cuarto las telarañas que empañaban mi ventana y también las guardé. A través del cristal limpio pude ver que había camino en donde antes había un muro.

Salí a la frescura del puerto y anduve serenamente escuchando el ruido sordo de los tacones golpear la madera, dejando a la brisa marina enredar mis cabellos. Me sentía libre, limpia, ansiosa. Los marinos me miraron como si fuera la primera vez que me paseara por esos lugares: un olor distinto se despedía de mi esencia. La sal del mar llegó a mis labios y la probé desde el viento: él estaba detrás de esa línea de agua que separaba su vida de la mía.

¿Qué encontraría al regresar? Ese era el verdadero problema a solucionar.

-Cinco días... dame cinco días y el tiempo de excusa por si se enfurece el temporal.

Una semana completa, tómate tu tiempo. Hoy tengo el asa del veliz asida por mi mano firme y decidida: esperaré a que vengas para mostrarte el tatuaje en mi hombro, y dejarte despojar mis encajes, trepar en tu barco, refugiarte en mi casa. Espero. Lanzaré el equipaje al mar quizá un minuto antes de que aparezca el asta de tu embarcación en el horizonte. Tal vez aún veas pasar el recuerdo de lo que fui cuando las olas acaricien el cadáver flotante y éste bese tu proa.

Los viajes cambian la forma de pensar de las personas, pero a tu regreso veré que sigas siendo el mismo: yo soy quien será otra, despojada de todo ese peso que he guardado en mi maleta, hambrienta de tu abrazo, tu sonrisa y tu voz.

*

septiembre 24, 2009

Life is a Cabaret...such a bitch!

Pasada la resaca de los tres primeros días entra la angustia de estar soñando demasiado. Vuelve amenazante como una nube negra la depresión y la baja autoestima. La estoy viendo acercarse a lo lejos y me atemoriza. ¿Por qué no puedo amar? ¿por qué cuando amo y trato de defender eso que siento parece que le grito a los molinos de viento y que estoy sola con mi locura, con mis anhelos, con mis alucinaciones? Nadie responde al otro lado. No hay señales de vida, sólo las aspas moviéndose de manera natural, haciendo lo suyo, coqueteando con las nubes, susceptibles de ser acariciadas y poseídas por todo menos por mí.

Liberarme hasta sus últimas consecuencias... eso me recuerda tanto la juventud loca de mis ayeres, cuando no medía el peligro, y amaba, lloraba y rogaba sin temor a sentirme humillada o despreciada por quien no tiene la más remota idea de lo que fluye dentro de mí.


Hoy he vuelto a escuchar música, me han dado nuevas ganas de bailar y se me ha esfumado la ansiedad por comer a todas horas. Volví al cigarro después de haberlo dejado -según yo-definitivamente. No puedo sino suspirar, cantar y angustiarme teniendo la sensación extraña de no caber en mí misma por el peso del alma engrandecida... pero no quiero volver a tocar la puerta para que alguien conteste detrás como en el juego del lobo "Me estoy bañando...me estoy poniendo un calcetín"... pero, ¿a qué hora saldrá para devorarme?


Siento poco a poco el horror de verme envuelta en la rutina de todos los días, de tener que reacomodar mi vida para que empiece a ser igual, dedicarme a la tesis, a la familia, a la obscura celda de la cual peligrosamente empiezo a creer que no debí salir jamás.


Una presa enamorada del viento mismo.


¡Acaríciame tan solo para sentir que si me ahogo tendrá que ser por exceso tuyo y no por tu indiferencia! ¡Te estoy amando! ¡Y me vale madres si tú no lo haces! ¡Tengo que gritarlo a los cuatro vientos antes de que empiece a volverme loca! ¡Quiero que hablemos, sí! ¿Pero cuándo? ¿Y qué vas a decirme? ¡Maldito dolor dulzoso! ¡Que pare ya!


Primero fue el purgatorio, ahora es el infierno...¿a qué hora veré el paraíso a tu lado?


*

septiembre 21, 2009

Hasta las últimas consecuencias.

Un saludo, una caricia, fuerza, autoridad, miradas esquivas, ensayo final, ayuda con el maquillaje, mierda para el éxito con las manos entrelazadas, piropos de costumbre, un rincón de obscuridad, tu lengua enredada en la mía, caricia en mi cintura, aplausos, un suspiro tuyo al decir mi nombre, un abrazo, otro más y otro más, murmullos al oído, un pacto incierto.



Yo sólo soy una loca más de esas que aman.

Si me hago daño es sólo a mí.


Yo ya no me juzgo más:
Le dejo eso al mundo, que para eso es bueno...

y a Dios que ya está próximo a bajar del cielo...



... al menos eso dicen los locos que matan.


*



septiembre 14, 2009

La sirena y el soldado

..no somos ni una cosa ni otra. Simple ángel aspirante a vedette pretendiendo ser demonio, simple trotamundos que se refugia en el teatro para hacer otra guerra.

Él viajó a Bosnia, a Servia, a los restos de Sarajevo buscando su inexistente paz. Un hombre sin patria ni bandera, sin rasgos, sin idioma. Un hombre blanco y barbado traído de fuera a contagiar locura, a crear escenarios aéreos con la música del alma. Un leve acento francés, un español mexicano.

Ella, una férrea creyente del amor, amante de los besos. Cantante seductora, temblorosa actriz. Nunca ha salido del barrio en donde ha crecido, su mundo es pequeño y el resto sólamente lo imagina. Sueña con ser una pin-up girl elegante y tapizar con su imagen la pared de cierto soldado en su guerra interna.

Nosotros, dos amantes furtivos, sólo eso. Basta un coqueteo en tus ojos para iniciarlo todo, basta una sonrisa y luego un abrazo. Luego un café... luego el fuego. Luego nada. Tu barco zarpa y Matahari se hunde en el mar.


*

septiembre 11, 2009

Quitándome el hiyab

Tal vez la comparación es mala, pero luego de cubrirse la femineidad no con un velo en el sentido estricto de la palabra, sino con el sobrepeso y la ropa holgada, el recuperar la sensualidad oculta por casi cinco años es algo que me está resultando muy difícil de romper.



Cada persona tiene sus procesos de crecimiento, de término de etapas, de cierre de círculos en su vida, pero en mi caso siempre he sabido que sólo montada en un escenario puedo deshacerme del yugo interno que me ahoga cuando estoy en tierra. Arriba de un escenario puedo ser yo más que nunca, y eso no es nuevo para ningún actor que se precie de serlo: estar arriba de las tablas no tiene nada de extraordinario si lo que uno va a hacer ahí es presumir sus habilidades físicas y su control mental para manejar las emociones a capricho. Lo verdaderamente interesante es cuando uno se desnuda el alma a través de un personaje, de una canción, de un texto o de una danza.



Pasar de ser una gordita intelectualoide del tipo Betty la Fea, a convertirme en la incitante y devoradora Vampira, no es un procedimiento sencillo. Si bien dentro de mí poseo esa sensualidad dormida que tuve en mis años mozos, después de cinco años de intentar demostrar que mi verdadero valor como persona radicaba en mi inteligencia, voltear a ver mi cuerpo y notar que lo había descuidado feroz y cruelmente, fue en su momento un golpe muy fuerte, mismo que no dejé de documentar en este vomitadero que es mi blog y que siempre me ayuda a escupir el veneno.



Ahora estoy consciente de ese error, pero no puedo ponerme buena de una semana a otra. Es necesario salir a comerme al público armada del único cuerpo que me dio la naturaleza, no tengo otro vientre, no tengo otras piernas, otro busto, otros brazos más que estos. No tengo otra voz ni otro rostro. No tengo otra historia más que la mía, así que habré de quitarme el hiyab simbólico de encima, ese con el que me he protegido de la mirada lujuriosa de los hombres por miedo a provocar deseo... y luego no saber qué hacer con las consecuencias.

*

septiembre 08, 2009

La mirada de Oriente

Post dedicado a Ceci
Gracias por prestarme tus ojitos :)


En este lado del mundo tendemos a hablar de chinos y japoneses como si fueran prácticamente la misma cosa. Entendemos que los ojos rasgados son particulares de la raza amarilla y por ello todo lo relacionado a esta característica, es indistintamente atribuido a "los chinos" o "los japoneses". Poco se habla de este lado de Corea del Sur, por ejemplo.

Cada país tiene una cultura distinta, no importa si comparten rasgos o propiedades semejantes. La escritura, el lenguaje, las miradas, son todas diferentes.

Para empezar, los japoneses tienen una visión más liberal del mundo, son aguerridos y decididos. No por nada el Anime tiene tanto de esto en sus múltiples géneros. En ellos puede entreverse una ideología muy oriental, pero muy particular de la cultura japonesa: el rol de las mujeres cambia cada vez más, se moderniza, se hace rudo, pero en cuestiones sexuales casi siempre vuelve a ser el objeto de placer del hombre (a los japoneses les excita que durante el sexo, las mujeres finjan dolor extremo, como si fueran víctimas de una violación, por ejemplo). Sin embargo son mucho más abiertos a abordar la homosexualidad, y dado que los hombres de su raza son por lo general de fisonomía delicada, la androginia es una moda desde hace ya algunos años atrás. Por ello un hombre que para nosotros podría parecer muy femenino, para las jóvenes asiáticas puede ser el más varonil de toda la tierra. Así las cosas.

Por otro lado, en Corea, la gente es mucho más tradicional, la homosexualidad aún es considerada un desorden psicológico, y tienen la culpa muy arraigada en su educación. Es de buenos modales avergonzarse. Son soñadores e idealistas. Todavía creen en las instituciones y en las tradiciones ancestrales. Son muy machistas, la mujer tiene un lugar levemente inferior al hombre pero lo asume con honorabilidad y generalmente sin problemas. No por nada los coreanos son los amos y señores del melodrama. Su sensibilidad para contar historias cursis de una calidad insuperable es maravillosa. Son extremadamente creativos pero inclinados más hacia las cuestiones tiernas que a las temáticas bélicas o sexuales como los japoneses. La juventud está ávida de encontrar el amor como en todas partes del mundo, pero tradicionales como son, aún creen en la felicidad eterna y por ella trabajan.

Sin embargo en ambos casos, coreanos y japoneses son realistas, inteligentes, conocen bien la naturaleza humana y cuando hacen sus creaciones no se engañan a sí mismos. Se permiten soñar, proponer, provocar, pero siempre hay detrás de todo una profunda carga de realidad que no nos deja despegarnos del suelo y separar lo que vemos en sus películas, cómics, pinturas o telenovelas, de lo que somos en la vida terrena.

No sé mucho de los chinos, pero ya averiguaré. Por lo pronto sé que son más concentrados, más calculadores que los japoneses, incluso, y mucho más fríos en cuestiones creativas. Los norcoreanos comparten un poco esta característica, y sus gobiernos viven más preocupados por cuestiones más frívolas como la guerra o el comercio.

Como sea, no puedo generalizar. Estas son sólo unas cuantas características que he ido aprendiendo de las culturas, y que me han -literal y paradójicamente- abierto los ojos para poder ver el mundo con su mirada. Puede ser que en Japón haya familias mucho más tradicionales que en Corea, y que en Corea haya familias mucho más liberales que en Japón, y es un hecho que las juventudes de todo el mundo tienen en común muchos sueños, inquietudes y deseos, y que los seres humanos de uno y otro lado cometen los mismos errores y se expresan de mil formas distintas, pero a grandes rasgos escribo aquí algo de lo que puedo hablar al respecto.

La cultura oriental en general es apasionante. ¿Por qué la China está tan lejos? Si giramos el mundo al revés, si ponemos el mapa volteado, veremos que está mucho más cerca de lo que siempre hemos creído. Y vaya una recomendación al margen: cada vez que usted hable de China, Japón o Corea, téngalo muy presente: no estamos hablando de la misma cosa, como no es lo mismo México, que Colombia o Argentina. Compartimos cosas, pero nuestras culturas y nuestra idiosincracia son muy particulares y se distinguen bien unas de otras.

Échele un ojo a la mirada oriental de las cosas, verá que todavía puede sorprenderse ;)


*

septiembre 02, 2009

Si no es definitivo, no sirve

Nunca pensé que terminar una amistad fuera un proceso tan difícil, y los motivos que llevan a terminar con una vieja amiga no siempre son claros.

No supe por qué, pero simplemente me urgía dar por sentado que ya no quiero nada. Cuando una persona ya no aporta nada bueno a tu vida es mejor dividir los caminos. No sé si fui cruel al no darle una oportunidad más, pero me siento tranquila. Ya no éramos nada más que un recuerdo de sonrisas, historias compartidas y sueños, pero nada en el presente y mucho menos en el futuro.

Un buen día entró la desconfianza y se perdió todo. Ojalá no volvamos a saber nunca una de la otra, creo que nos hace mal, o por lo menos a mí me molesta recordarla. Es terrible este sentimiento, es monstruoso, pero está dentro de mí. No vale la pena fingir, sonreír, inventar cosas que no se sienten más. Hubo daño de ambas partes y no sé ni cómo llegamos a eso. Es una lástima que las diferencias separen a las personas en lugar de que se enriquezcan más, pero lamentablemente no siempre se puede. Esta vez no pudo ser así.

Adiós para siempre, Adriana.
*

agosto 31, 2009

Esa mujer extraña

La miré caminar solitaria esa fría mañana de agosto. Llovía ligeramente y a pesar del sorpresivo frío matutino, sus pasos parecían no inmutarse. No pude más y la seguí a distancia. A pesar de que no volteó para verme, no creo que ignorara mi presencia vigilante detrás de sus huellas. Su andar era hueco y etéreo como si posara para la lente de un cineasta invisible. No supe a dónde me llevaría, pero avanzando a contraflujo de los vehículos sabía que no podía perderme. Caminaba en línea recta y no me sería difícil regresar por mi propio pie hasta el lugar donde la ví pasar frente a mis ojos.

Aminoró la velocidad al pasar frente al panteón y se quedó mirando mientras yo fingía observar las fragantes flores que vendían al lado de la necrópolis. Luego el semáforo le indicó que ya podría cruzar la avenida y así lo hizo. Por un momento creí que me miraba al detenerme a su lado y cruzar juntos hasta la otra acera, pero no fue así: yo era un simple peatón más cuyo instante imperecedero se juntaba con el suyo como el de tantas otras personas que deambulan en mañana de domingo bajo el manto de una lluvia imperceptible.

Fingí rebasarla y doblar la esquina. Quería verla pasar de largo y observar su perfil semioculto tras la gruesa bufanda que le servía de impermeable, pero mi sorpresa fue mayor. Cuando esperaba ver el delgado contorno de su nariz afilada, su mirada altiva me encontró de frente tropezando con mi torpeza al sentirme descubierto. Hizo un suave movimiento simulando un saludo oriental y se abrió paso haciendo que automáticamente me hiciera a un lado como quien se quita el sombrero ante una real majestad. Yo pretendí que estaba a punto de abrir una puerta de madera que daba acceso a una casa con ángeles pintados en la pared, esperando que ella se fuera haciendo más pequeña conforme se alejaba a una distancia prudente para seguir mi espionaje... pero un par de casas adelante se detuvo en seco: era un viejo teatro cuya puerta esperaba se abriera para ella.

Hice lo posible por volver sobre mis pasos y esperar en la esquina para ver qué hacía. Si descubría que yo no era un vecino del teatro, seguramente estaría perdido. Por algún motivo mi curiosidad se había despertado al querer por todos los medios enterarme de su destino. La vi presionar el timbre pero nadie le abrió. Sacó un libro de su bolso y se recargó en la pared a leerlo. Seguramente no esperaba a nadie que estuviera dentro, tal vez ella había llegado muy temprano. Refugiada de la lluvia en el quicio de la puerta, sus ojos parecían perdidos en la lectura, pero su alma seguramente no estaba con ella. Pareció aburrirse pronto porque cerró el libro y vino hacia mí, pero antes de llegar a encontrarme, cruzó la calle y siguió su caminata. La vi desaparecer y me quedé en mi sitio, seguramente volvería y así lo hizo.

Una mujer muy delgada aguardaba a bordo de una camioneta. Cuando la vio llegar, bajó a saludarla y juntas intentaron entablar conversación. Poco a poco fueron llegando varios personajes raros que hacían verla a ella como una mujer común. Apartada del resto, fingía sonreír. Pretendía estar ahí, no haber olvidado su alma antes de salir de casa. Después llegó el dueño de las llaves y todos entraron. Me quedé esperando unas cuantas horas, marcando cada una de ellas en los dedos de la mano. Compré un aperitivo en la tienda de la esquina y aguardé pacientemente a que saliera de nuevo.

Subió en la camioneta de la mujer delgada, al lado de una graciosa rubia de extraños pantalones y un moreno larguirucho de rostro agresivo. De prisa tomé un taxi y ordené seguir la trayectoria de la camioneta gris. A través del vidrio podía notar que la mujer delgada hablaba mucho. Pronto la graciosa rubia se bajó en medio de la lluvia, y más adelante la mujer extraña bajó con el moreno larguirucho. Pagué mi cuota al taxista y abordé el mismo camión sentándome delante de ellos. La voz de la mujer extraña sonó detrás de mi nuca. Algo quería hablar sobre lo que todos ellos hicieron dentro del viejo teatro, pero el moreno larguirucho parecía no querer conversar. Silencios mortales me hicieron tener ganas de intervenir de pronto. Quería abogar por la mujer extraña, quería hacerle saber al moreno larguirucho que se había dejado el alma guardada en algún ropero, que atendiera a sus preguntas, que dijera más que un monosílabo insolente... pero la mujer extraña entendió al momento. Algún residuo de alma le quedaría, o ésta comenzaba ápenas a olerse conforme se acercaba a su casa. Preguntó un no sé qué de escritores y el moreno larguirucho se sintió motivado a brindarle cátedra. Luego se despidieron y yo bajé detrás de ella. Abordé un taxi justo atrás del que ella tomara y llegamos juntos hasta un mercado callejero.

La tarde caía seca y áspera, sin rastro de la lluvia que había plagado de romanticismo la persecución a que dediqué todo el día. Subió una calle empinada mostrando ya su cabello suelto cubriendo su cara, tal como la oscura bufanda lo hiciera por la mañana. Sacó un juego de llaves del bolso que traía consigo y accedió a su casa. Como pude me escurrí y subí la escalera tras ella. Podía adivinar el cansancio en sus piernas, su frustración, su sofoco. Abrió con su llave la puerta interior y me miró a los ojos.

-¡Así que aquí estabas!- murmuró como en un reclamo. La miré primero con pena y bajé la mirada para asumir mi culpa. Podía sentir yo mismo el hueco en su estómago, el nudo en su garganta, la punzada en su cabeza. Nos miramos fijamente a los ojos, aunque al parecer seguía molesta y sin querer tocarme un pelo. Pasé saliva y me tiré al vacío. Sin pensar en las consecuencias me lancé como un niño en sus extraños brazos.


*

agosto 27, 2009

No eres el maquinista de este tren.

                                            Ayer como en un vago ensueño escuché La Marsellesa...
y sin más evoqué tus ojos profundos de anciano a destiempo.
La casa donde nos reuníamos ya ni siquiera existe...
no ha pasado mucho tiempo, pero ya no volveré a ir.

Hoy quiero jugar a hacer como que te extraño.
¿En qué lugar del mundo estarás? Suspiro.
Busco tus ojos... miento: sólo busco una respuesta a mí misma.
... pero no me hagas caso, creo que hoy amanecí romántica.

Cinco inventos postmodernos que hacen feliz mi mundo


  1. Word

  2. Hi5

  3. Facebook

  4. YouTube

  5. Google

agosto 26, 2009

Un instante fecundo

Volver a los diecisiete después de vivir un siglo
es como descifrar signos sin ser sabio competente,
Volver a ser de repente tan frágil como un segundo,
volver a sentir profundo como un niño frente a Dios
Eso es lo que siento yo en este instante fecundo.

Se va enredando, enredando como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra, ay si, si, si.


Mi paso retrocedido cuando el de ustedes avanza:
el arco de las alianzas ha penetrado en mi nido
con todo su colorido se ha paseado por mis venas.
Y hasta las duras cadenas con que nos ata el destino
es como un diamante fino que alumbra mi alma serena.

Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber
ni el más claro proceder, ni el más ancho pensamiento
Todo lo cambia al momento cual mago condescendiente,
nos aleja dulcemente de rencores y violencia:
sólo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes.

El amor es torbellino de pureza original:
hasta el feroz animal susurra su dulce trino.
Detiene a los peregrinos, libera a los prisioneros,
el amor con sus esmeros al viejo lo vuelve niño,
y al malo sólo el cariño lo vuelve puro y sincero.

De par en par la ventana se abrió como por encanto,
entró el amor con su manto como una tibia mañana
al son de su bella diana hizo brotar el jazmín,
volando cual serafín al cielo le puso aretes,
¡Mis años en diecisiete los convirtió el querubín!


Violeta Parra

*

agosto 23, 2009

Quiero clonarme

Me despierto temprano a leer los seis libros que debo leer para el martes, a escribir una publicación periódica que tengo en un foro, a checar mis correos y dejar de paso que éstos me lleven a mis redes sociales y a contestar mensajes.

Mi madre se levanta y comienza a hacerme plática sobre su hermana, sobre su trabajo, sobre la comida... mi hija se levanta y me pide ver con ella unos videos coreanos que desea compartirme, quiere charlar conmigo sobre sus preocupaciones de volver a la escuela el día de mañana, sobre el acné que la ataca y sobre la limpieza facial que prometí hacerle.

Debería conectarme al Messenger para conversar con alguna amiga, debería echar un telefonazo a otros amigos y charlar con ellos, no dejar que se perdiera la amistad, debería ir a la biblioteca a atender mi tesis y escribirla tranquilamente, debería pensar en el show de cabaret que estoy preparando, componer las canciones y escribir el guión que debe estar listo para el domingo, debería decirle a mi cabeza que suprima algunas ideas mientras debo pensar en otras, pero simplemente no puedo concentrarme en una sola cosa.

Estoy preparando un material para mi clase y viene a mi mente una idea para escribir... me viene la inspiración de pronto y debo tomar fotografías, leer, editar, escribir otra cosa, atender a mi familia, trabajar...

¡Quiero clonarme! ¡Ya no me conformo con estar próxima a cumplir años, sino que quiero que de mí salga una Hortensia por cada año que cumplo, y aún así serían insuficientes!



*