agosto 21, 2009

La otra mesa de regalos

Hace un año publiqué una frívola lista de cosas que deseaba tener y que hasta la fecha no tengo. Hoy mi mesa de regalos para mi cumpleaños viene cargada más de necesidades que de obsequios deseados, así que si alguien quiere regalarme algo, ahí les van mis opciones.

            1. Una mochila para estudiante de secundaria... de preferencia que sea de Pucca o de alguna otra cosa japonesa o coreana, colores serios (digo, nada pastel para que aguante más sin lavarse)

            2. Unos zapatos tenis del número cinco para la clase de Educación Física de mi hija... (no urgen mucho, al menos hasta que se le salga el dedo a los que ya trae :D)

            3. Una cuenta vencida de teléfono (y que pronto derivará en un corte al servicio de llamadas ¡¡¡y de Internet!!!)

            4. Una suscripción vencida a la revista Selecciones del Reader's Digest (y que los hijos de perra no van a descansar hasta que se las pague)

            5. Unas medicinas que cuestan $1200 pesos y que hasta que no me las tome, no voy a dejar de sentirme invadida por los residuos de mis excesos.

            6. Un mes de renta.

            7. Un recibo vencido de Luz y Fuerza del Centro

            8. La consulta al dentista para que dé seguimiento a mi reciente extracción de muela y me diga qué más procede hacer.

            9. El tóner de mi impresora que ya saca manchas blancas.

            10. El cable de mi laptop (sin él no puedo encenderla y saber lo que dejé guardado ahí)

            11. La hospitalización de mi compu de escritorio que necesita una buena formateada para que esté al cien.

            12. Dos pares de anteojos: uno con graduación de 0.5 en cada ojo y otro dependiendo del examen de la vista de mi hija (creo que es más ciega que yo)

            13. La impresión de 8 tomos de mi Tesis de Licenciatura (todavía no la termino, pero no pasa de este año, así que necesitaré también eso)


            En fin... como trece es el número de la suerte, ¿para qué le sigo? No necesito mencionarles que no me haría daño algo de ropa, la despensa de cada día y los pasajes que hay que gastarse... pero van a decir que ya quiero que me mantengan...

            En fin... ya saben qué regalarme en mi próximo cumple. Con un sueldo mínimo entre mamá y yo no hemos podido cubrir los gastos que arriba se ennumeran, y si a eso le sumamos que debe uno mantener esa fresca sonrisa ante lo que pasa, mejor no les platico.


            Lo escribo en el blog para que cuando llegue a tener dinero, no me olvide de lo que significa estar francamente DESESPERADA!!



            Gracias por atenderme hasta aquí.



            See U later...



            *

            agosto 13, 2009

            El cine y los desórdenes alimenticios

            -¿Es usted "de buen comer", verdad?- Eufemismo usado por mi doctor para no decirme tragona.

            Aún recuerdo esos días cuando me negaba a comprar en el cine algo que no fuera una botella de agua: la pantalla grande se había hecho para ver las historias contadas en gran formato, asombrarse, maravillarse con los trabajos de tantos creativos que recreaban la vida de magistral manera. Si optaba por comprar palomitas de maíz, siempre las compartía, no me acababa la cubeta y me quedaba con ganas de más.


            Hoy las cosas han cambiado: la monstruosa combinación de los complejos de salas y el estrés de la vida cotidiana, han hecho del cine un antro de perdición casi igual que los bares y las discotheques. En dichos espacios puede uno hacerse adicto al sexo, a las drogas, el tabaco y el alcohol, pero en los cines uno se hace adicto a otra cosa igual de dañina: la comida chatarra.


            Muchas emociones se ponen en juego al disfrutar el realismo de las imágenes que la tecnología ha permitido construir a los directores talentosos, y a las grandes productoras de filmes taquilleros. Uno puede ir a asustarse, a reírse, a ponerse nervioso o a llorar a mares. El negocio de los cines es la emoción: películas excitantes, deprimentes, terroríficas se apoderan de nuestras voluntades por periodos de una a tres horas, acudimos a las salas para olvidarnos un poco de la monotonía de nuestras propias vidas, para ilusionarnos, para pensar un poco, para dejar correr las lágrimas en la penumbra que nos permite ser sensibles sin avergonzarnos, para permitirnos brincar de un susto y reírnos después, para permitir abrazar al novio, a la novia, estar muy juntitos en un lugar íntimo y a la vez público, para tomarnos de la mano, para provocarnos emociones que no siempre nos dan nuestras mal gastadas vidas comunes.

            Y por supuesto, si a eso le agregas una cosa que te dicen que es queso derretido, cuando más bien es una mezcla tremenda de grasas saturadas y calorías al por mayor, el efecto producido en el cuerpo es equiparable a un viaje de marihuana, a una inyección de heroína, a una borrachera completa.

            No exagero: los "Nachos con queso" son el producto más exitoso del cine para mí. Ahora es un reto titánico el resistirme a comprarme unos, y acompañarlos de refresco. ("¿Coca está bien?" ¡Y por inercia contestas "¡Sí!"!) Además de robarle palomitas a mi acompañante y terminarme el producto mucho antes de la mitad de la película.


            Si alguien ama el cine como yo, puede fácilmente estar consumiendo esta combinación explosiva una vez cada mes, cada dos meses, cada que hay estreno, cada que hay festivales, muestras o foros. Por fortuna el dinero no me da para irme a gastar doscientos pesos en boletos y snacks, así que entonces, cuando no puedo, opto por mirar cine en la tele y alistar el escenario para hacerlo mejor: Palomitas de Microondas, refresco, papas, algo que truene en la boca, en pocas palabras: comida chatarra.


            Y por si esto fuera poco, la relación vista-pantalla/boca-alimento es tan fuerte, que una vez viendo televisión o estando frente a la computadora, la ansiedad se vuelve algo incontrolable, y hay que tener café y galletas mientras se hace la tarea, se escribe en el blog o se navega.


            No es que uno quiera siempre echarle la culpa a terceros de los errores que uno comete en la vida, porque finalmente el caer en no cuidarme ha sido una decisión mía y sólo mía, pero no puedo dejar de lado los procesos inconscientes, y concluyo que además de la injerencia de otros factores, así fue como me fregué el sistema nervioso al relacionarlo directamente con el sistema digestivo. Emoción, estrés, presión=problemas gastrointestinales.


            Uno busca el origen cuando hace un alto, cuando el médico te dice cómo estás por dentro, cuando menea la cabeza con desaprobación cuando le vas narrando los excesos de tu vida. Entonces vuelves a casa y decides cuidarte, pero el llamado de la droga es fuerte, la compulsión no se ha terminado.


            -"Necesito desintoxicarla como lo haría con un drogadicto"- me dijo. Me sentí terrible...


            "Comer no debe ser tan malo..." piensa uno inocentemente. Es crucial para estar vivo, para seguir andando... pero el mundo en el que vivimos, la imparable cantidad de estímulos visuales, olfativos, auditivos y subliminales que nos rodean, hacen de este mundo algo muy peligroso, más peligroso de lo que llegué a pensar, más diabólico, más arrasador. Ahora hay que andar con pies de plomo, porque el cine y los desórdenes alimenticios han hecho una complicidad malsana.


            Hay que amar el arte, pero no dejar que se nos meta nada raro por la boca mientras hacemos corajes porque Harry Potter se da arrumacos con la odiosa de Ginny Weasley. :P



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            agosto 03, 2009

            Aprendiendo a vivir de locura

            NOTA: Los lectores de este espacio votaron en segundo lugar por este título. La censura en los medios visuales, título que obtuvo la mayoría de votos, puede leerse desde hace varios días en "Tortura en Tierra de Ciegos". Gracias por participar en la encuesta :)



            Siempre hay un momento ideal para escribir acerca de lo que pasa, y desfortunadamente ese golpe de inspiración no viene todos los días. Hoy vuelvo a la rutina de la escuela, el trámite, el término del servicio social, los cursos adicionales. Un cúmulo de realidades se aproximan a mí como un tsunami que amenaza con cubrirme completamente.

            Por eso hoy quiero abundar sobre este título que ha venido volando encima de mi cabeza por varios días. Este blog se titula "La Locura de estar Viva", y como un loco foucaultiano aquí estoy, sintiéndome una pieza que no encaja en un mundo roto y desabrido.

            Desde que tengo memoria siempre me he sentido así: un ente raro, apartado, más antisocial que amiguera, más tendente a la soledad que a la convivencia, más dueña de mi propio mundo que del metro cuadrado que me rodea, así que a mis casi 33 años de existencia pienso que sería inútil intentar cambiarme.

            He meditado muy seriamente sobre las consecuencias físicas y mentales que me ha causado el tomarme la vida tan en serio. Veo a la gente andar despreocupada por la calle, esforzándose sólo por ganar dinero y pagar las deudas, y en todo caso, procurándose diversiones frívolas para evadirse y escapar un poquito de esta realidad que mata... pero no deciden comprometerse consigo mismos, no suelen tener ideales que perseguir, sueños que realizar, aspiraciones por cumplir. Hoy la gente se conforma con muy poco, todo le parece bien, normal, cotidiano, y sienten ellos mismos que no hay absolutamente nada por hacer al respecto.

            Yo no sé si tomarme la vida como me la tomo vaya a llevarme a la tumba más pronto de lo que me gustaría: todos mis males físicos tienen origen en la tensión nerviosa según portales informativos de Internet, y según mi doctor, que no tardó en confirmármelo hace exactamente un mes. Hoy tengo cita con él para hablar de mis supuestos avances, y estoy preparada para que, como el mecánico al coche, ahora me encuentre otro mal y otro más, y otro más. Siempre fui una mujer sana y sin problemas de ningún tipo, pero como dolorosamente me dijo un amigo: "Bienvenida a la edad adulta", ahora es cuando los años me empiezan a pesar.

            Si bien considero que siempre fui un "alma vieja", convivir con un cuerpo que empieza a hacerse también viejo, y con un espíritu necio que se rehúsa a dejar de soñar, de sentirse joven, responsable, preocupado, capaz de hacer algo por limpiar la mierda que está en su entorno, resulta ser muy difícil. Pero, ¿quién dijo que la vida sería fácil?

            Sé que a algunas personas suele molestarles mi forma de ser, suelen hallarme aburrida... ("Siempre lo mismo conmigo"), por eso mis verdaderos amigos se cuentan con muy pocos dedos de una misma mano, pero mientras pueda crear, aprovechar los talentos que tengo y no guardarlos en el archivo muerto, lo voy a hacer. Sólo espero que pueda seguir haciendo diabluras hasta el último día de mi existencia, que no me llegue una vejez trepidante, de esas que parecen un cáncer que invade la mente y el corazón, impidiéndonos sentirnos una pieza importante del rompecabezas, así nos lleve una vida enterarnos de dónde está nuestro lugar para encajar.

            Quiero vivir de locura, de sueños, de metas que se antojan irrealizables... y no me malentiendan, no quiero ser famosa y millonaria. Quiero seguir haciendo cosas locas, por más mínimas e imperceptibles que parezcan, conociendo gente valiosa que me ayude a crecer y a sentirme feliz, quiero conservar a los amigos con los que cuento, fortalecer los lazos de mi familia, elevar mi calidad de vida, nunca dejar de aprender. Si eso es una locura, pues seguiré andando como una loca suelta por las calles fingiendo ser normal. No me importa que digan que tengo el ego desbordado, que me siento especial y me creo mucho... nadie sabe que la procesión va por dentro...

            Lo que he decidido es difícil, y en casos extremos se antoja imposible. Me tomo la vida en serio... insisto, tal vez demasiado en serio. Me río para no llorar, lloro para no explotar. Me importan los seres humanos y por ello me asusta la gente que parece haber dejado de serlo. Odio la caridad, apuesto por la verdad. Creo en la inteligencia superior del hombre, aunque a la vez me aterra.

            Pero aquí estoy, a punto de largarme otra vez a la calle, a rozarme con la raza, a practicar mis habilidades sociales, esas que a fuerza de disciplina, dolor y fe he ido adquiriendo para sobrevivir en la selva de asfalto. No me queda otra alternativa... siempre le digo a mi madre que pude haber salido peor, aunque le cueste trabajo entenderlo :´D

            *

            julio 27, 2009

            Aprendiendo del cine

            Antes había dirigido obras de teatro...antes había hecho documentales...antes había dirigido en cine a una sola actriz... Ayer dirigí por primera vez una grabación con cinco personajes, en locación natural y en condiciones paupérrimas. Y lo anterior me dejó de momento sin ganas de volver a intentar cine experimental por un rato, con los nervios de punta y la desilusión flotando como una nube sobre mi cabeza, pero hoy con la mente un poco más fría, puedo ennumerar las importantes cosas que aprendí en carne propia, ya que aunque antes supiera de ello, ahora lo he vivido y es distinto.

            • Lo más importante fue aprender que, a pesar de ser la directora, no todas las cosas que giran alrededor de la producción están bajo mi control. Eso fue lo más duro, ya que uno se esfuerza por recrear una idea, por darle vida, por preparar los detalles, por estar pendiente del casting, los escenarios, el ambiente de trabajo... pero siempre hay cosas que escapan de mis manos. Comprendí que no soy omnipotente, y para un artista soñador que sale a la calle y se encuentra cara a cara con sus limitantes, esto es muy, pero muy fuerte.


            • Lo primero fue la impuntualidad, y el correr del tiempo que me tuvo como el Conejo de Alicia durante todo el día. Mantener parada la producción porque el casting no estaba completo fue verdaderamente desesperante, y empezar dos horas más tarde de lo previsto tuvo sus inevitables consecuencias.

            • Lo segundo fue lo ambicioso del proyecto: desarrollar una historia en tan sólo cuatro horas sin que los actores tuvieran preparación previa y ensayos suficientes para montar el personaje fue devastador. Me gusta trabajar con gente amateur para rescatar la espontaneidad que no da un actor ya viciado, pero no puedes convertir a una persona naturalmente buena en un asesino creíble en menos de dos horas. Terrible error.

            • Lo tercero fue la química traicionera. El descarado flirteo que se propició entre dos de mis actores también fue shockeante, me arruinó la escencia de la escena, me distrajo, me quitó tiempo, me estresó. No era algo que esperaba ver surgir de la manera en que ocurrió, eran mis cartas fuertes, las dos personas en quienes confiaba ciegamente por su experiencia y supuesto profesionalismo, pero me rebasó y me incomodó bastante: uno presenta a la chica con el chico, detecta la naciente química pero todo parece ir bien, ensayan correctamente y hay respeto. Una vez caracterizados se les mete el diablo y huele a hormonas por dondequiera que paso.


            • Lo cuarto fue el rigor del trato a terceros. Creí que con tener el permiso de la gente del departamento era suficiente, y pasé por alto avisar a todo el edificio. Algunos vecinos pueden ser realmente agresivos cuando piensan que algo raro está pasando en el lugar donde viven. Me confié en no estar haciendo nada malo, por lo tanto no esperaba la descortesía que terminó en sorpresiva violencia. No esperaba un susto, me vi extremadamente inocente y vulnerable. Se me recordó de la peor manera que aquello que denuncio en mi cortometraje es peor en la vida real que en la ficción, y que puede ser tan macabro que me haga un daño tal, que ahora sigo escribiendo para exorcizar la impresión de ser corrida del edificio por un loco cara de asesino. No bastó llorar como una niña, reír después intentando bajar la tensión que me ahogaba, soñar pesadillas semi conscientes en las que mi mente se resistía a que todo acabara mal, platicarlo, volver a llorarlo. Ahora vengo aquí al blog y lo expreso de nuevo.
            Pero así las cosas, también hubo algo bueno:
            • Aprendí que a pesar de que los malos espíritus se adueñaron de la producción desde el momento en que fue planeada, tengo amigos que me quieren, y gente que confía en mí y me sigue casi ciegamente. Saben que conmigo también pueden aprender y se suman al proyecto con la plena intención de dar lo mejor de sí. Esto es a pesar de TODO, a pesar de la pobreza, del tiempo, del hambre, la fatiga o el enamoramiento. Como lo hice con ellos, sé que puedo contar con otros, y que fue importante para conocernos más, para saber por dónde sí y por dónde no, quién arriesga más, quién obedece menos, quién aporta, quién dificulta la acción, y por esta ocasión, todos arriesgaron, obedecieron y aportaron.


            Lamento que haya sido más lo malo, pero con la edición confirmaré que no hay casualidades, y que es probable que salga un buen trabajo con el poco material que pudo grabarse.

            En fin, que ya regresaré para subir el post por el que más se ha votado. Pero eso será hasta mañana, pues por ahora ya he compartido un día en mi vida, por mucho, de los más inolvidables.
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            julio 24, 2009

            De vuelta

            Sí, sí, lo sé. Fue casi un mes de ausencia, pero no me arrepiento. Hoy de momento sentí la necesidad de volver a escribir luego de un intenso mes en donde puse en orden las cosas del hogar, saqué lo que no servía, vi televisión hasta hartarme, fui al cine tres veces, lloré, busqué trabajo, me desesperé, me enfermé, se me olvidó ocasionalmente tomarme las medicinas, conviví con mis amigas -de parte de las cuales hubo tanto buenas como malas noticias- y dejé abandonado no sólo el blog, sino que también abandoné por completo los avances de mi trabajo recepcional. ¡Un mes sin escribir nada! Lo siento mucho, pero me hacía falta reposar los dedos.

            Tal vez nadie por aquí me extrañó porque no me lee mucha gente, pero ya estoy de vuelta y quiero escribir de muchas cosas. Y como quiero recuperar a los pocos lectores que he leído, por favor, participen en la encuesta que está en la columna derecha del blog. Me gustaría saber qué de todas las cosas que tengo en la cabecita preferirían leer próximamente, así que no sean malos, dejen su voto y estimulen mi escritura, ya que hay que aceitar de nuevo la máquina para que opine, para que nunca deje de opinar.


            Abrazos.

            junio 26, 2009

            De triunfos y fracasos

            Me había prometido ir a buscarlo ahí, en donde es de suponerse que trabaja encerrado frente al computador. Mi plan no tenía falla: una foto del recuerdo, una sonrisa de agradecimiento y un abrazo curarían todo rencor nacido entre nosotros dos. Luego le pediría que permaneciera inmóvil para quitarle una inexistente basura en el saco, y mis labios le acariciarían tan suavemente que no podría resistirse a la invitación del beso... después de fingir sorpresa me estrecharía regalándose la oportunidad de despedirme como me merezco. No iba a dejarlo decir nada: nuestros caminos ya estaban separados, pero un húmedo pacto sellaría el perdón y nos desearía buena suerte a ambos.


            Alcé suavemente el puño y toqué muy quedo tres veces, las mismas que Pedro negó a Jesús.
            -El maestro no está- me dijo un profesor que pasaba por el pasillo.-Escuché decir que iba a devolver un libro.


            Sobre la suave alfombra de la biblioteca mis pasos andaban en círculos como los de una cucaracha, asaltada por una inexplicable ansiedad. Recorrí sigilosamente todas las secciones de un lugar semi desierto, quería encontrarle a solas, buscando otro título para llevar a casa en las vacaciones, perdido en las letras de una novela o leyendo un poema de amor, pero el abecedario se acababa y apenas percibí el olor de su perfume que me condujo hasta el final de la clasificación.

            Mi corazón se apretujaba al pensar en lo que había detrás de ese estante, pero mi naturaleza vouyerista me hizo enfocar mis pupilas por entre los libros y mirar sus lenguas entrelazadas. Abrí los ojos para devorar el gemido que escapó de sus bocas, y esa pasión con que asía su cintura en un gesto de desenfreno se quedó retumbando en mi corazón. Una fuerza extrema se hizo presa de mis piernas y caminé a pasos agigantados rumbo a la salida, mientras mis latidos se aceleraban víctimas del tatuaje de esa imagen que no se quería escapar de mi memoria.


            Quería probar el aire fresco, embriagarme de la esencia que emanaba la tierra después de la lluvia, hacerme invisible ante los ojos de quien pudiera darse cuenta de que aún andaba por ahí. Caminé sin detenerme hacia la calle sin rumbo fijo, sentí el rocío del viento salpicarme la cara con una frialdad que reafirmaba lo que nunca fue.


            Me esperaba una función de teatro, sentarme a escribir en mi blog o la lectura de un poeta maldito. Cualquier cosa que hiciera estaría muy lejos de esa pasión que desbordaban frente a mis ojos. Mis labios partidos se curtieron con la sal de rabia que manaba por mis lacrimales, mis pies caminaban, caminaban, caminaban... la ciudad estaba fría, el tímido sol, el arcoiris. Toda esa belleza era nula al compararla con el mágico deseo que ellos dos estarían gozando. No podía pensar en otra cosa, me sentí incorpórea, incapaz de llegar a sentir con nadie lo que ahora disfrutaban. ¿Sabía cantar? No servía de nada, porque lo que deseaba era gritar para que hicieran leña de mi locura.


            Quería que empezara a llover y que el agua lavara de mis ansias el beso que no le di, el recuerdo de piel que no tuve, la despedida de amor que se escapó entre esos libros que sólo lee por compromiso. Ella tuvo esa oportunidad y no fue despedida: fue la bienvenida a su mundo, el pase automático a su cama y a sus placeres. De momento el flamante diploma obtenido no fue más que un trozo de papel del que su sonrisa hipócrita se burlaba, y lo empuñaban mis manos como el títere muerto de mi derrota.


            La lluvia seguía sin caer, yo continuaba andando, el sol de la tarde comenzaba a esparcir en las calles sus áureos destellos que matizaban de anaranjado el brillo transparente de los charcos... ya no llovería más. Si quería sacudirme esa soledad reinante debería buscar otra salida, y tenía que ser pronto.


            No supe distinguir el camino que me llevó hasta una escalinata de piedra al pie de la cual tuve el impulso de elevar la vista: me recibió la luz de la luna y la llegada de la noche me indicó que no tardaría en amanecer. Me sentía un guiñapo sucio con el maquillaje arruinado en cuya patética imagen se enfocaba la luz de los reflectores. El llanto anegado en mi rostro dejó libre el paso a los espasmos del sufrimiento: había dejado mi vida en esa carrera, había aprendido a volar pero me había olvidado de amar. Caí de rodillas ante el futuro que me esperaba enfrente aún con la puerta cerrada. Lloré sin pudor al pasado y la imagen de su clandestino encuentro se disipó entre otros recuerdos. Supe que la vida estaba en el teatro, en la red o en cualquier libro maldito... pero no en sus brazos. Nunca estuvo en sus brazos.


            Las notas agudas de las bocinas de los autos me daban un concierto de realidad que no podía evadir en medio de esa ciudad ardiente, y mis ojos se apretaron para evocar por vez final los hoyuelos de sus mejillas, la amabilidad de su voz y la posibilidad de su cuerpo todo que se evaporó con la última descarga eléctrica bajo mi vientre. Se extinguió su luz por siempre.


            Abrí los ojos y entretuve la mirada en el vacío. Así estuve por incontables minutos hasta que el calor de la siguiente aurora me hizo parpadear de nuevo. Desarrugué el diploma al que aún se aferraba mi mano desconcertada. Me puse en pie y miré escaleras arriba. Estiré las piernas, elevé la frente y desencorvé la espalda. Ya mis pasos se deslizaban sobre esa larga escalinata que se alzaba ante mi mirada. Caminé y caminé sin bajar la vista, no existía un sólo motivo para querer hacerlo. Luego me detuve en el último escalón y miré la puerta...entonces alcé el puño y toqué tres veces, las mismas que Jesús fue tentado por el Diablo.




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            junio 25, 2009

            El Rey deja de ser Bufón

            No sé mucho de Michael Jackson más allá de lo que todo el mundo sabe: una infancia de explotación, un talento y carisma sobresalientes, una vida llena de escándalos y excentricidades, pero también de éxitos inigualables y récords mundiales.

            Is black? Is white? Moon Walker, Peter Pan, máscaras, niños, fortuna.

            Nada importa, sólo el legado musical e histórico, la sensibilidad, la vulnerabilidad de un ser que nunca dejó de ser niño.

            Sé que la red estará invadida de opiniones sobre el mito que no nace apenas hoy, de la controversia por su supuesta pederastia en la que no creo y nunca creí.

            Quiero recordarlo así: se ha ido al país de Nunca Jamás, ojalá allá sí pueda ser feliz. Descanse en Paz.



            *

            junio 23, 2009

            ¡¡No me tientes, Satanás!!

            Desde que a mi madre le dio por ver la telenovela en donde sale el guapo de la entrada anterior, me asomo constantemente al escuchar sus expresiones de "¡Qué guapo está ese muchacho!" y yo corro a preguntar "¿Cuál?".

            Con eso ya perdí cinco minutos de sentarme a deleitar mis pupilas con el par de ejemplarcitos que el diablo de Televisa decidió juntar en una misma historia. No sé bien ni de qué se trata la trama, pero seguramente ha de ser una porquería. (Jacqueline Bracamones incluida)

            A diferencia de William Levy, David Zepeda al menos no es tan mamón, así que creo que me quedo con éste.
            PD. Ya no voy a incluir hombres guapos en el blog porque hay cosas más importantes de qué hablar... :)

            junio 18, 2009

            ¿Alguien podría decirle a William Levy...

            Que nada más se calle la boca...?
            :D

            junio 16, 2009

            Último día

            ¿Has estado alguna vez a punto de concluir algo y no saber siquiera por dónde empezar? Seguramente sí... así estoy yo ahora que tengo exactamente 24 horas para entregar el primer borrador de mi tesis con propuesta pedagógica.

            Resulta que la propuesta está terminada, aunque como nunca quedo conforme, siempre la siento perfectible y me desespero... el problema está en que no tengo ni un capítulo terminado de fundamentación teórica, y ahora que busco y busco el respaldo que estoy segura debe de existir por algún lado, ¡no lo encuentro!

            Y como debe hacerse con un diario confidente como es este blog, me vine a escribir tantito en lo que se descarga un video que necesito para mi propuesta. Dice que el tiempo estimado de descarga son veinte minutos, y como la cochina máquina se traba si abro otra aplicación, entonces prefiero tumbarme un rato en la cama y aprovechar el beneficio de la lap para escupir un poco de realidad.


            Ya me ví mañana, despidiéndome de mis profesores formalmente, discutiendo brevemente las cosas buenas y malas del curso, y si son corteses, seguramente preguntarán los planes que tenemos para los próximos veinte años. Yo, como es costumbre, sentiré muy feo al ver por última vez a mis compañeros sentados en su banca de estudiantes, y evitaré ponerme sensible, ya que para eso estará el viernes, cuando a toda la perrada de la carrera nos entreguen nuestros diplomitas y nos andemos tomando fotos a diestra y siniestra.

            En fin, no quiero pensar en eso... ni en eso ni en el evento especial del próximo lunes, en donde con toga y birrete presumiremos con nuestra gente cercana, que ya somos licenciados... puf! Parece poca cosa llamarse así en estos tiempos, pero el título cuesta, y mucho. Todavía tendré que trabajar más para dejar una tesis concluida satisfactoriamente, para eleborar un trabajo que sirva y no nada más que sea un trámite. Pero el final se acerca ya... lo esperaré serenamente. Viví y disfruté no sé si más que otro cualquiera, y sí: todo esto fue... a mi maneeeeeeeeeeeeera!!!!
            *
            Snif!

            junio 11, 2009

            La rubia con huaraches

            Con la frente en alto llegó al pueblo. Llevaba una criatura en brazos, mientras la niña de ocho años y el mocoso de dieciséis le ayudaban a cargar sus pocas pertenencias. Su joven marido había muerto de pulmonía: la pobreza lo había matado dejándola a ella sola con sus tres retoños.

            Con la mirada desconfiada extendió un papel en la mano de aquel mozo. Él le miró los huaraches con desprecio, sintiéndose por un instante el patrón. El hombre rico del pueblo le había dicho que podía usar un pequeño jacal y hasta él la condujo indicándole sin palabras que lo siguiera. Ella hizo avanzar a sus hijos detrás del mozo con un apenas perceptible movimiento de cabeza y ellos caminaron descalzos, con la piel curtida de tanto andar, terrosos y con un hueco en la panza. Entraron en la oscura morada y la niña buscó acomodarse en un raído petate que parecía dispuesto para el descanso, ensayando una risa apenas practicada, recién aprendida. Una mirada hosca de su joven hermano le hizo apartarse de pronto y dejarle el lugar a esa rubia que le había dado la vida y que le parecía tan distante.

            Belén se desenredó el rebozo y depositó a la blanca criatura en el polvoso petate, procurando espantarle algunos bichos que rondaban por ahí. Habría que poner en orden ese espacio, pero habría que descansar primero, sacar el pañuelo con los pocos pesos que le quedaban para salir a buscar leche y pan. Buscó instintivamente los claros ojos de su primogénito, pero no lo encontró: se había ido a explorar las afueras del jacal machete en mano. Ya se había acostumbrado a lidiar con nauyacas y ahora era su deber procurar el bienestar de esas mujeres: mientras él viviera nadie se atrevería a humillarlas o a hacerlas menos... pero una sola ojeada al pueblo le hizo entender que esa tarea sería muy dura, pues todo el que pasaba lo miraba a él como si fuera una de esas peligrosas nauyacas de tierra caliente, bicho que se arrastra por el suelo y que sólo causa repulsión.

            Los ojos negros de su hija morena la miraron desde esa posición servicial que mantendría el resto de su vida. Belén se quebró: esa mirada pequeña le recordó la primera vez que vio a Delfino pasar frente a su hacienda, su blanca sonrisa iluminaba su tez tostada, y sus brazos fuertes le dieron la ilusión de protección eterna. En ese momento no sabría que enamorarse de un campesino sería una maldición a su estirpe, la desaparición de su nombre en el testamento y el comienzo de un matriarcado que se extendería en su familia por dos generaciones más.

            Quiso llorar pero las lágrimas eran un lujo en su cuerpo debilitado. Por un momento creyó odiar a esa pequeña que la miraba silenciosa, con ese espíritu tan pesado que tienen los niños al mirar. Ella era la única que le había heredado el color de piel y los ojos a su difunto padre, ella era la única que a veces sonreía en medio de toda esa miseria... pero ahora observaba a su madre sentada frente a ella con esa larga trenza rubia que le caía sobre el pecho, sumida en sus recuerdos, dubitativa, con un miedo que había aprendido a disimular muy bien, y con un orgullo que no había perdido a pesar de tanto dolor. La pequeña quiso encontrar en su madre un gesto de esperanza, algo que le dijera remotamente que existía un motivo para estar viva, para no avergonzarse de ser la hija morena de la rubia con huaraches, pero así permaneció largo rato sin ver resultados.

            La humilde cara de su hermano mayor se apareció de pronto, y las dos supieron que aquel no era más que un chiquillo asustado obligado a ser hombre. Belén se sintió por primera vez sola, desposeída, percibió la punzada del hambre y del frío, e intuyó una lágrima contenida en el rostro endurecido de ese muchacho flaco y pálido que se había convertido en la figura paterna de sus dos hijas. La menor de ellas despertó de su sueño exigiendo atención y cuidados, tal como lo haría el resto de su vida. El joven le dio a su madre la espalda al notar cómo esta se disponía a acomodarla para dejar que absorbiera su savia vital con desespero. Se acomodó en un rincón y se negó a ver el pecho desnudo de su madre, se negó a verse las heridas de los pies, se negó a ver la realidad lapidaria que se burlaba en su cara, y con esta actitud permanecería entonces y por el resto de su vida.

            Belén cerró los ojos y se dejó llevar por el delicado placer de amamantar a su pequeña. Quería imaginar que al despertar todo habría desaparecido, quería olvidar que ya no vivía en la hacienda, que ya no usaba vestidos bonitos y que ahora era una viuda extraña en un pueblo ajeno... pero una delicada mano inoportuna se posó encima de la suya. Cuando abrió los ojos se encontró de frente con la sonrisa morena que hasta ahora no había dejado de verla. No lo soportó. Un arranque de rabia le hizo apartarla de una bofetada: ¡lo que menos necesitaba era compasión, lo que menos deseaba era recordar a Delfino! ¡El ya estaba muerto, se había ido, la había dejado sola, con tres hijos, pobre, triste...y para siempre!

            ¿Por qué ella? ¿Por qué la morena? ¿Por qué no dejaba de verla con esa mirada tierna que sólo tienen los perros? ¿Por qué ella? ¿Por qué siempre ella? ¿Por qué nunca dejaba de verla? ¿Por qué nunca dejó de verla hasta el último momento de su existencia? ¿Por qué curó sus fiebres, vendó sus heridas? ¿Por qué nunca se casó? ¿Por qué la niña morena sería quien sacrificara su propia vida? Porque siempre intentó hacer feliz a su amada e incomprensible madre: esa distante mujer a quien conocían en el pueblo con el mote de la Rubia con Huaraches...




            *

            junio 07, 2009

            Él no es una loca

            Aparece en la reducida escalinata del escenario, enfundado en elegante bata de seda y una copa de vino en la mano, entonando las delirantes notas que iluminan de un brillo especial sus hermosos ojos verdes. Camina, sonríe, coquetea. Esa es la última noche de cabaret de la temporada, lo espera un diván rojo. Las suaves líneas de un cuerpo femenino irrumpen en la escena, dejando caer las prendas y recogiéndolas en una canasta. Todo empieza bien pero mi acompañante se sorprende: imaginaba conocer a un gorila de dos metros cantando como barítono, pero no. Todo indica que es una loca.

            -¿Por qué seremos tú y yo tan asquerosamente heterosexuales?- le pregunto mientras recorro con la vista a la concurrencia que seguramente aprobaría que yo le hiciera un cariño a mi mejor amiga. Ella se ríe inocentemente como siempre, y yo le agradezco la solidaridad de estar conmigo en un lugar de esos que no frecuenta.


            Él sigue cantando mientras la mujer ronda por ahí, hermosa y callada como debe de ser. Él bromea, sale de la trama frecuentemente para mostrar su felicidad al ver el lugar repleto. Busca rostros conocidos en la penumbra que rodea nuestro lugar de espectadores, los distingue con los ojos borrachos de reflectores, ubica amigas, amigos, les manda indirectas, se desviste, canta, se contonea. Las chicas de la música están ahí, clavadas en la partitura con mirada desvelada, rasgando cuerdas y golpeando teclas como autómatas, conscientes de ser indispensables en el éxito del suceso.

            Yo quiero estar ahí arriba, tener el cuerpazo de esa mujer, vestir ese traje de sirena que porta mientras baila como Magdalena, y mientras resbala tras bambalinas causando preocupación en el divo de la escena.


            Con la magia que nos envuelve, ella reaparece ilesa pero algo está pasando: esos dos ya no se aman, o se aman demasiado, tal vez se detestan o bien dependen uno del otro. Llueve a cántaros en pantalla mientras el mesero insiste en preguntar si no queremos beber nada más."Deja de estar chingando" dice mi mente respondona, pero mi sonrisa amable finge un "No, gracias"


            Un ventanal virtual, un salto mortal, un alma que vuelve mojada mientras atormenta al hombre que deja salir su dolorosa voz... talk to me like lovers do..., al tiempo en que me atrapa creando una excitante y conmovedora atmósfera que está a punto de arrancarme de mi asiento para volar hasta el diván, envolverlo yo misma lentamente con la sábana, tocar con mi espíritu su encantador rostro y robarle un beso que profane el momento y corte la melodía. Muero. Lamo el borde del vaso y saboreo los últimos granos de sal, bebo la cerveza y reaparece: camisa blanca y calzoncillos finos, fálico símbolo atado en el cuello al rojo vivo, mirada pícara, cercanía. Parece ser un íncubo que se acerca a devorarme, pero al momento es lo contrario, avanza entre las mesas haciendo las delicias de los presentes que están dispuestos a la marcha. Sube de nuevo, se toca el sexo delicadamente. Se coloca frente al pedestal y me canta. No mira a nadie pero imagino que me canta a mí: Ángel.


            No sé en qué orden ocurren las cosas, he perdido la noción del tiempo. Lo que dice es lo de menos comparado con lo que me hace sentir, es un demonio. Me entrego a él, lo disfruto, lo absorbo. De un momento a otro estoy presenciando la reencarnación de un Freddy Mercury renovado, desinhibido, talentoso, orgulloso y mucho más guapo. Ya no es un diablo: es un chiquillo que se divierte sobre las tablas y abajo de ellas. Devora fresas, comparte, juega con una tetona voluntaria del público, chulea a una espectadora, echa desmadre. Pronto estoy sonriendo, relajada, mi amiga graba con su celular Perfume de Gardenias, sorprendentemente integrada, divertida, enamorada. Ese fino objeto del deseo tiene a hombres y mujeres en la bolsa, extasiados, ebrios, dispuestos.


            Es el pleno momento de las complacencias, hay que exprimir al artista. Las chicas de la música se ven cansadas, probablemente quieran largarse a su casa, pero aguantan vara como muchas otras veces...no traen suficientes partituras para darle gusto a todos. Mi corazón sólo murmura No me dejes, no... y sus primeras notas suenan paralizando mi respiración. La lágrima final podría haber sido mi mayor regalo: el brote del sentimiento, el trozo verdadero de un alma sensible, apasionada, inigualable.


            -¿Por qué no vas y lo saludas?
            -Quién sabe si se acordará de mí. Tiene muchos amigos de carne y hueso aquí esta noche.
            -Acaba de salir y me mandó un beso, anda, se ve que es buena onda.
            -Está bien, me voy a asomar, pero si se amontonan mejor nos vamos...

            Quería quedarme secretamente con la idea de que estaba hecho de otra materia, que aquéllo había sido un holograma intocable, un sueño que no se va a repetir. Pero ya viajaba a casa con su perfume en mi ropa, su sincero agradecimiento y su abrazo cariñoso. I am fish and blog, he is flesh and blood: su corazón también se parte, su voz también se quiebra.
            Ella supo que él no es una loca, aunque se divierta como una. Yo comprobé que es un espíritu travieso, un hombre pleno, intenso y un artista excepcional.

            Hoy puedo contarlo entre la gente querida y decir sin rodeos:

            ¡Feliz cumpleaños, querido Pedro!
            ¡Gracias por esa increíble noche!
            ¡Salud (con agua -salada-) por tu eterna felicidad!


            *

            mayo 27, 2009

            Un europeo distante

            Desperté como en mitad de un sueño. No podría explicar cómo llegamos ahí: mi cuerpo adormilado envuelto en una sábana, tímido ante la perfección del tuyo en su impúdica desnudez. Casi no podía recordar las incontables noches que nos escurrimos entre las sombras para amarnos plenamente, sin censura. Aún podía sentir el furor de tus labios en los míos, el piloto encendido en azul flama justo en el centro del pecho. Sentía la confianza de abrir bien los ojos en medio de la penumbra de aquella madrugada y envolverte en mis brazos sabiendo cuánto lo disfrutabas. Podía comunicarme contigo con sólo una mirada, y saber si era tiempo de incendiar el cuarto o de cerrar el telón.

            Pero esa mañana algo era distinto, tus ojos tenían dibujado el destino inmediato: Europa. Lo supe al amanecer y ver opacidad en ellos, lo supe al ver tu mano sosteniendo una carta que colmó mi curiosidad.
            "Querida..." y a continuación mi nombre. Comenzabas diciendo que habías llegado a quererme, llenando con paja de halagos su contenido, narrando lo increíble que soy.

            -Te vas- dije en seguida- No me hace falta leer más.Quieres terminar.

            Terminar algo que no supe en dónde inició ciertamente. Hacía vanos esfuerzos por recordar el tiempo transcurrido desde el primer contacto visual hasta el primer contacto sexual, esos días y meses yacían congelados en algún lugar recóndito de mi mente. No había nada antes ni después de esta cercanía, nada de lo otro era más real.
            Ahí estabas tú ahora, de frente y dispuesto a darme explicaciones, con el nudo en la garganta y preparado para la escena. Hubieras querido que leyera el total de la carta, que me embriagara con tus adulaciones, que supiera que te enamoraste de mí sin querer. Hubieras querido que continuara hasta el final, hasta el momento en que el vino se agriara y lo dijeras todo... pero guardaste silencio de nuevo, y miraste caer la carta que se perdió en la blancura de nuestras sábanas, confundiendo la vida con la muerte, el placer con el dolor.

            -Debo marcharme... estaré de vuelta, pero no sé qué pase...-dijiste pausadamente.- No quiero irme y... lastimarte y...
            -Sé lo que pasa, lo he vivido antes.- para entonces querías abrazarme, ya lo intuía. Deseabas estrecharme en tus brazos más de lo que yo deseaba desaparecer.
            -Lee la carta.
            -¿Para qué? Lo importante es que te vas, no los motivos.
            -Pero regreso...
            -No será lo mismo.
            -¿Me olvidarás?
            -Aquí voy a estar siempre.
            -Pero no para mí.
            -Te vas. Vete.

            Un océano se abría en ese mismo espacio que separaba tu ropa de la mía. Lentamente fuimos vistiéndonos una a una las prendas, y al voltear pude verte tal como habías sido siempre: un europeo distante, galante, distinto, extinto. Tu oscura ropa resaltaba tu pálida piel, y era inútil abrazar a la estatua de cera en que te habías convertido. Tus dulces labios temblaban por decirme adiós, por rozar mi piel con un beso y dejar la cicatriz por siempre.

            Mis ojos secos se apartaron de ti con indiferencia, parecía ser yo quien viniera del Mediterráneo y no tú. Sabía que esto tendría un final así, sabía que sería breve, inolvidable... y en las surreales semanas, años luz que nos quisimos, tu sangre brotó de tu pecho doliente como a golpe de obsidiana... lloraste sin pena al descubrirte infamemente enamorado y enterarte de que ya había kilómetros entre los dos.
            Yo lo supe siempre, supe bien que te amaría. Tú lo supiste muy tarde, y quizá no lo reconozcas jamás.




            *

            mayo 16, 2009

            Do you need a hug? I do...


            El día de hoy sufrí una caída. Mordí el polvo sintiendo que el total de mis vísceras explotaban, desgarré mi garganta en un grito que no pudo salir de mi cuerpo debido a la falta de aire. Imploré al cielo que un vecino piadoso saliera en mi auxilio, o que un buen transeúnte acudiera a preguntarme al menos si podía ayudarme en algo.

            Me sentí tan mínima y sucia como un cerdo revolcada en el lodo, mareada, adolorida, a punto del desmayo y tirada en el suelo como un boxeador fracasado, luchando con todas mis fuerzas por no dejar caer mi cabeza al piso, dándome cuenta de a poco que estaba sola, realmente sola a pesar de que unos ojos curiosos me miraban a lo lejos, y a pesar de que detrás de la puerta en donde resbalé, se escuchaba que alguien regaba las plantas. Nadie escuchó mi llamado, nadie fue capaz de percibir el sonido de lobo marino que intentaba externar mi voz, nadie superó el miedo de creer que podría estar drogada, prefirieron mirar a distancia.

            Yo tenía ganas de echarme a llorar en brazos del primer extraño que se acercara... pero nadie llegó. De nueva cuenta me quedé esperando sin obtener lo que tanto me urgía en esos momentos. Deseaba sentir el abrazo silente de alguien pidiéndome calma. Pude imaginar incluso que era levantada y recostada en un mullido lecho, unas manos desconocidas acariciando mi cabello, vendando mi pierna y mi mano, revisando mi abdomen, preocupándose por mí...

            Pero tuve que ponerme en pie con duros trabajos, recuperar mi equilibrio por mis propios medios y emprender el camino al trabajo. Nadie percibió mis heridas en todo el camino, tal vez ni siquiera yo misma pude. La dulzura de mi hogar fue lo único que logró entibiarme el alma, y pudo el agua de mis ojos lavar la sensación de angustia, miedo, vergüenza y soledad que me invadieron en ese instante.


            Si tú que lees ahora estas líneas, pudiste verme aullando de un dolor incierto, a mitad de la calle y con el llanto ahogado, acércate y tiéndeme una mano. Dime que me quieres o que estás conmigo. Hoy necesito tu abrazo para que el púrpura del mal recuerdo se despinte y ya no duela. Dime que me quieres hoy,dame hoy un sincero abrazo...
            *

            mayo 12, 2009

            El Amor en tiempos de la Influenza

            Le adiviné una sonrisa cuando supo que sus dos amigos solterones tendrían la oportunidad de charlar sin prisas. Lo supe al momento en que se disculpó retirándose del lugar y dejándonos a los dos solos. Era un parque hermoso. Nunca le había otorgado un alto valor a estar sentada en una banca al aire libre, sintiendo los benéficos rayos del sol penetrar por los poros matando cualquier posibilidad de muerte; pero dadas las condiciones, aquel era el lugar más romántico en toda la tierra: el temor al viento se disipaba fácilmente al notar cómo volaba la hojarasca en un travieso movimiento, o al escuchar cantar a las aves tan frágiles y diminutas, pero libres de ataduras, ciertamente más fuertes que nosotros dos juntos.

            -Qué hermoso está el día, ¿no te parece?- el eco encerrado de su voz varonil me sacó de mis pensamientos y sonreí, aunque agradecí que el rubor en mis mejillas no pudiera ser visto por él a simple vista. Estábamos solos, completamente solos. Nadie había tenido la osadía de salir a explorar el mundo como un niño travieso que no mide el peligro, el parque estaba desierto.

            -Muy lindo...- dije por toda respuesta. Lo ví intentar relajarse un poco. Estaba nervioso, eso era evidente. Por fortuna ambos usábamos anteojos, y a través de sus cristales transparentes nos comunicábamos con las docenas de expresiones que nuestras pupilas habían desarrollado a raíz de haberse convertido en el único recurso visible de comunicación humana. Miró hacia el cielo y después me miró a mí. Yo me sentí intimidada por la profundidad de sus ojos negros. La gruesa cortina de sus pestañas no impidió que adivinara el mortal impulso que estaba gestándose en su interior. Todo correspondía de igual modo dentro de mi propio cuerpo.

            Habría podido limpiar el aire con la fuerza del suspiro que contuve, y acortar los dos metros y medio de distancia que nos separaban de un extremo a otro de la banca en mitad del parque, pero ni él ni yo movimos un sólo músculo. Permanecimos así, mirándonos fijamente, sintiendo que en tiempos de antaño habríamos podido estar en un bar, rodeados de gente y bullicio, bebiendo de nuestra copa y aventándonos humo en la cara. Él se habría acercado, yo le habría sonreído. Tomaría mi mano y saldríamos a bailar a la pista. Sentiría el calor de su mano rozando mi cintura, y me hablaría muy cerca, acelerando el ritmo de mi respiración, tal como ya lo hacía ahora que podía escucharla nítidamente, mientras lo veía impotente y callada.

            Seguramente el estaba imaginando lo mismo, seguramente el calor de su ruidosa respiración lo incomodó porque sus ojos se apartaron de inmediato.

            -Será mejor que me vaya...- dijo de pronto mirando la hora en su reloj de pulso.- Me dio gusto conocerte.- yo asentí con la cabeza y no quise esperar a ver cómo se alejaba. De inmediato me puse de pie y caminé en dirección opuesta a la suya, aún sintiendo en la sien su mirada clavada.

            Abordé el primer transporte que se atravesó en mi camino, y de inmediato me sentí envuelta por la mirada de varios pares de ojos ocultos con gafas de sol. Curiosamente quienes teníamos problemas de la vista éramos quienes teníamos derecho a ver la luz y exhibir descaradamente el color del iris; quienes tenían una vista sana debían usar lentes oscuros y tratar de aislar el más preciado de sus sentidos del terrible virus.

            Todos ellos no se habían dado el lujo de salir a conocer a un amigo, estaban ahí, sosteniendo el periódico entre las blancas manos de látex, escogiendo una canción en el IPod para tener la sensación de que alguien les susurra al oído, o bien asiéndose del tubo para no caer con el movimiento. Nadie parecía estar en la calle gratuitamente: había que ganarse el pan, había que ir a adquirir conocimientos. Yo sólo era una frívola ciudadana jugando a querer ser feliz.

            Louis llegó y se fue de mi vida tan pronto como un dolor de cabeza. Ya no me duele más, pero aún no soy inmune. Me rebelo ante este tiempo de miedo y su máscara antigas sobre mi cara. Quieren quitarme el derecho de volver a besar...
            *

            mayo 08, 2009

            Los programas de desmadre

            Que no digan los intelectuales que la basura televisiva está prohibida para ellos, que no digan que ellos nunca se acercan a este tipo de manifestaciones culturales debido a que eso es más bien "incultura", porque si lo dicen, están cometiendo un gravísimo error. Para comprender la naturaleza de los hilos que mueven a esta sociedad, hay que conocer de todo, así nos cueste una seria alteración de los nervios. Así como la que sufrí yo, atreviéndome a echarle un ojo a los programas que he englobado en la categoría que llamo "De Desmadre", y para ello haré un breve análisis de los mismos para que sepan de qué va el asunto.

            Vayamos por orden numérico, y empecemos por la basura que nos presenta el Canal 2. Existe un programa de revista que se llama HOY, y el cual entra en la categoría de los programas De Desmadre gracias a la presencia de Galilea Montijo y Roxana Castellanos. Aparentemente es un programa dirigido a las amas de casa, debido a que en este, como en otros programas del mismo tipo, los conductores se dirigen al televidente como "Señora", y usan constantemente la detestable frase de "allá en casita"; pero son estas dos mujeres quienes hacen que el programa cobre tintes De Desmadre, pues se la pasan haciendo chistes mientras "cooperan" con la conducción del programa, se disfrazan ridículamente y hacen un mínimo esfuerzo por hacer el ridículo, ya que se nota que son unas profesionales en ello. Y esto, por supuesto, hace contraste con la fresez de las otras dos conductoras: Andrea Legarreta y Anette Cuburu, melosas y frívolas como ellas solas. Los hombres son "el relleno del programa": tontos y nacos resultan Raúl Araiza y Ernesto Laguardia, mientras que el Dr. Krasovsky y Alejandro Maldonado fungen como los "seriecitos" del programa y pretenden ser el atractivo visual para las mujeres...


            Para terminar pronto con El Canal de las Estrellas, vayamos al que se lleva la corona como el Rey de los Programas De Desmadre: el mismo ser demente que produce HOY, Roberto Romagnoli hace de MUÉVETE el colmo de la contaminación visual y de la estupidización al por mayor.


            Y es que su "secreto de éxito" radica en meter absolutamente de todo: no bastaba con tener a dos cuerpos esculturales -del cerebro, mejor ni hablamos- como conductores: Maribel Guardia y Latin Lover, sino que además, metió innumerables modelos hombres y mujeres, todos mostrando sus atributos, botargas, payasos, conductores de apoyo, chistes, animales, resúmenes de novelas y caricaturas, aduladores "homenajes" a los invitados, entrevistas, musicales, concursos, cocina (con su respectivo batidillo de ley), niños, señoras gordas, globos, agua de colores, inflables, y una lluvia interminable de papelitos metálicos y de colores que dejan el cerebro total y absolutamente aturdido. ¿Me faltó algo? ténganlo por seguro, además de que dicen las malas lenguas que el productor argentino copió el formato del programa MOVÉTE, que existía en su país, así que no es de extrañarse que cosa que ve, cosa que copia e incorpora a sus mounstritos de programas.


            En fin, dejemos un poco de lado al Canal 2 para zappear al Canal 4, que se ha convertido en el Rey de los canales basura, al tener mayor cantidad de programas De Desmadre en su programación.


            Para empezar, el pseudo-noticiero MATUTINO EXPRESS, donde sus dos pesadísimos conductores principales, Esteban Arce y "El Estaca", hacen gala de su talento alburero y mal intencionado. Este par de burgueses que en la década de los 90's fueran conductores de radio medianamente buenos, con el paso del tiempo se sienten sabios, talentosos y simpáticos, cosa que es sólo un autoengaño que los tiene sumidos en la más profunda ignorancia de sí mismos.


            Si a eso le agregamos secciones como "La chica del Asfalto" con la súper corriente "Elenita", y "El Repor-Ñero", que pretenden informar y a la vez ser "chistocitos", el caso está perdido. De nada sirven los reportajes de "Quique" y de Armando Ramírez, que son muy buenos, ni el espacio informativo de Lalo Salazar, que hasta antes de estar aquí, lo respetaba. Se han preocupado por acorrientar el programa hasta decir "¡basta!". Invitaron en ciertas temporadas a Fernando Rivera Calderón, cuyas editoriales no eran siempre malas, pero ahora tienen al veterano de la mediocridad: un tal Ricky Luis que se siente Elvis Presley por su tristemente célebre éxito radial "Tengo un mes con el mismo pantalón". La tibieza de Adriana Riveramelo al dar la nota de espectáculos no hace sino confirmar que no puede hacer nada más que colaborar con la dinámica de sus compañeros y limitarse a hacer lo suyo.


            Pero vamos, que apenas empezamos con el Canal 4. Lo que sigue es el programa más es-tú-pi-do que he visto in my whole life... se llama DE POCA, y es conducido por Charlie, que antes fuera bailarín de un grupo llamado Garibaldi, y por Sugey, que antes daba el clima en el MATUTINO EXPRESS.


            No, no, no... es un insulto a la inteligencia. La tal Sugey habla como retrasada mental, lo cual me hace pensar que lo único que la tiene encabezando un programa es la simetría de sus facciones y por supuesto, la talla de su busto. Charlie no figura en lo absoluto porque no hace payasadas. Pero las secciones más patéticas incluyen en primer lugar a Pepe Magaña, que está a años luz de distancia de aquél comiquísimo Profesor Villafuerte en la serie ochentera Cachún Cachún Ra Ra. Ahora representa a una horrible señora con bigote haciendo joterías al por mayor y que se hace llamar "La Pepis". Otra sección patética es un producto importado de TV Azteca: un reporterillo que -no me pregunten su nombre, ni quiero saberlo- pero que no tiene empacho en disfrazarse de todo, habla como niñita de 5 años y a cada chisme del espectáculo jotea diciendo "Vayaaaa-vayaaaaa...." (de recordar este programa, hasta me duele el estómago. -Tortura recomendada para cualquier intelectual que quiera probar las mieles del masoquismo televisivo-).


            Y por si fuera poco, después de este programucho sigue otro llamado SE VALE, del mismo corte. Conducido por Raúl Magaña -¡qué curioso!- un ex-bailarín de otro grupo, Mestizzo, y que se siente un vaso de agua en el desierto al lado de sus dos co-conductoras Yulianna y Tania, cuya minifalda, pantalón ceñido, short o escote son obligatorios. En este programa también tienen varias secciones, pero la mayor parte del tiempo se la pasan echando desmadre, por lo que entran perfectamente en esta categoría. Hacen cosas muy, muy tontas, pero mucho menos que en DE POCA, en fin, digamos que se soporta más.


            Pero, ¡momento! que TV Azteca no se queda atrás, no, también tiene lo suyo, y es un programa que se llama PARA TODOS, conducido por María Elena Saldaña en su eterno papel de "La Güereja", Mimí, ex-vocalista del grupo Flan´s y jurado de realitys como La Academia y American Idol, Mauricio Barcelata -conductor importado de Televisa-, Héctor Soberón, ex-galán de telenovelas, y el retrasado mental de Luis Armando/Paolo Botti, producto de La Academia.


            Aquí las cosas son puro desmadre. Los conductores se divierten como enanos, particularmente los tres primeros: La Saldaña es una actriz profesional, y es una lástima que haya caído tan bajo, que la encasillen en un personaje de niña como a Chabelo, que no se aprovechen algunos de sus más memorables personajes como aquella cantante de cabaret llamada Mimí Piquín o la monjita.


            La otra conductora, Mimí sabe muy bien lo que hace, y al igual que a Mauricio, que también es conductor de profesión, le encanta la diversión, por lo cual ambos se ven como peces en el agua. Héctor Soberón está más que forzado y Luis/Paolo sólo hace circo. Aún así, es un programa un poco más tolerable que todos los de Televisa que ya mencioné, pero no deja de ser basura pura y le haría un gran favor al mundo si desapareciera.


            En fin, que ya me quedé sin aliento, pero en otra ocasión hablaré de más programas malos, de esos que lamentablemente abundan en mi amado país, pero tranquilos, que algún día también hablaré de los buenos, aunque para ello tenga que bajar primero a los recontra apretadísimos infiernos... ... ... Opinen.






            *

            mayo 05, 2009

            "En la tina con Niurka"

            Cuenta la leyenda que vino de Cuba proveniente del Ballet Tropicana, con fuego en las venas y tumbao en las caderas. Se dice que es ninfómana, y al menos tres de sus romances más famosos contienen mitos que han incendiado la pantalla chica.

            Sobre sus hombres ha hecho fuertes declaraciones, caracterizándose siempre por una honestidad extrema que todo el mundo tacha de descaro y exhibicionismo. Por ejemplo: en los programas de chismes supimos del escándalo de su separación de Juan Osorio, ahí ella puso en evidencia la adicción a las drogas del productor mexicano, y lo poco feliz que la hacía en la cama, explicitando una anécdota en que tuvo tristemente que masturbarse mientras él dormía a su lado.

            Sin pensarlo dos veces, aquel se desquitó haciendo alarde de los recursos con que contaba, al realizar un video-home titulado "Mi Verdad", mismo que muchos miramos por morbo, aunque nunca lo platiquemos. En este, el resentido ex-esposo de Niurka Marcos la retrató como ambiciosa, vanidosa, egoísta, sucia e infiel.

            Célebre es también el día en que se le cuestionó a la cubana el uso que daba a sus largas uñas, y así nos enteramos de que las partes nobles de su entonces marido, el también mexicano Bobby Larios, gozaban de esas caricias que a más de uno se le antojó probar. Y finalmente, de su actual pareja, su compatriota Yanixán a quien cariñosamente llama su "mulato de fuego", sabemos gracias a las propias palabras de ella, que él sí "le llena el tanque".

            Todas estas cosas han hecho de Niurka un personaje polémico, criticada por más de medio país y ovacionada por el resto. La mayoría de las mujeres la califica con todos los adjetivos que sean sinónimos de prostituta, desde los más elegantes hasta los más soeces.

            Sin embargo... ¡quién no quisiera ser como Niurka!
            Operada o no, vieja o no, ¡a quién le importa!

            Niurka es para mí el ejemplo de una mujer revolucionaria, adelantada a su tiempo, alguien que está más allá del bien y del mal.

            Y claro, me podrán decir lo que gusten y manden: que es inculta, que no tiene otro vocabulario que no sea el vulgar, que no tiene clase, que ha perdido la cuenta de los hombres con quienes se ha acostado, y que está obsesionada con el sexo, tal vez haya incluso algunos que la cataloguen como enferma mental... pero ¡qué más da!. Su vida privada es lo que menos me importa, lo que me gusta es lo que proyecta, la imagen de mujer que asume el poder y lo maneja a su antojo. Muchas mujeres que se consideran feministas deberían echarle al menos un ojito a lo que ella hace, y analizar con un poco más de júbilo la sección "En la tina", de su programa "El Show de Niurka". No sé si permanece al aire o sólamente sigue por cable, pero en YouTube pueden mirar sus videos y divertirse como yo lo hago.

            La dinámica es muy sencilla:

            Niurka en bikini
            + una tina de burbujas
            + un invitado varón
            + jabones con preguntas indiscretas.
            __________________________
            = resultados sorprendentes :)

            La vedette esparce los jabones por toda la tina, misma que comparte con el hombre en cuestión, luego pide que ambos busquen dentro del agua los jabones del color que les corresponde, y después cada quien se hace las preguntas que ahí vienen escritas. Esta es la primera parte interesante: Niurka los pellizca y juguetea con sus uñas debajo del agua mientras buscan los jabones. Aquí es donde se ve la diferencia entre la variedad de invitados que ha tenido: algunos saben que aunque Niurka es conocida por su desinhibición, sigue siendo una mujer que hay que respetar, así que se comportan amablemente y se divierten sin insinuarse (Rafael Araneda, Francisco de la O, por ejemplo). La anfitriona lo agradece, y las del público también, ya que tenemos la oportunidad de distinguir varias clases de caballeros.

            Otros parten del supuesto de que a la cubana le gusta el sexo con cualquiera, y aprovechan para tocar partes de su escultural cuerpo, sintiendo que están justificados por estar con una vedette de mala reputación. Aunque Niurka les sigue el juego y sonríe, se nota cuando alguno de sus invitados llega también a incomodarla. Otros más se "dejan hacer", y hasta disfrutan realmente la fantasía de estar con la cubana, tomándose esa parte del programa como una verdadera experiencia de excitación sexual, cosa que para el espectador puede ser de muy mal gusto.

            En esa sección del programa -ya que no lo he visto completo ni podría opinar de lo que hace en el resto del mismo-, Niurka asume el papel de la seductora, absolutamente confiada de su belleza, jugando con picardía pero no olvidando nunca que se encuentra al aire, llevando el ritmo de las preguntas con el profesionalismo de una verdadera conductora, y encantando con su carisma a quienes la vemos, hombres y mujeres por igual.

            Durante el programa se encuentra presente -fuera de cuadro- su marido Yanixán, y claro, ya sé que muchos lo tacharán de cornudo y pelele, pero probablemente haya tal confianza y comunicación en esa pareja, que el "mulato de fuego" está muy seguro de su mujer, aunque con seguridad se enfade cuando uno de los invitados busque propasarse con ella.

            El caso es que, si entramos en la convención de que el erotismo de Niurka es solamente sugerido y no real, si vemos con ojos sanos el juego erótico que la ex bailarina del Tropicana realiza con los varones, podremos hasta cierto punto reírnos de la intimidación que causa en la mayoría de ellos, cuando estamos acostumbradas a que ellos tomen la iniciativa y nos miren con lujuria sin que nosotras nos sintamos capaces muchas veces de hacer lo mismo. ¡Nos llamarían putas profesionales, y cómo!

            Pero como a Niurka eso no le importa, puede provocar a los invitados y al final darle el gusto a una fan del público -que por lo regular es poco agraciada- de atreverse a tocar y besar al famoso en turno. Eso pone a varios de ellos en un predicamento, pues se ven tan dispuestos con la belleza de Niurka, que al tener al lado a una chica menos guapa, se les nota la cara un tanto desepcionada: bajan a tierra, recuerdan que están al aire, y se llevan una gran lección para pensar en que todas las mujeres tenemos nuestro erotismo y nuestro derecho a gozar de la misma atención por parte de un hombre.

            "En la tina con Niurka" es una sección divertida, un pretexto para darle el beneficio de la duda a esta mujer que, a pesar de que muchos la odian y la desprecian, a mí me sigue cayendo de lujo... pues ya quisiera tener no sólo el cuerpo, sino la actitud para disfrutar la vida que ella derrocha a cada momento.

            ¡Laaaaaaarga............vida a Niurka Marcos!
            (¡Y también lo otro, para que la goce!) xD



            *

            abril 22, 2009

            De tu hijo, sus mujeres y otros cuentos.

            -Adivina quién se está casando ahorita ¡y en grande!- me dijo mi madre para hacerme plática y aminorar la fiebre que me invadía esa fría tarde en noviembre. Yo me debatía entre la vida y la muerte al dar a luz, mientras el chico que me gustaba en el barrio celebraba su boda con bombo y platillo. Agradecí la intención de mi madre por contarme un chisme, pero la verdad fue que el acontecimiento me dolió en vez de arrancarme una sonrisa. -Daniel... hasta la casa se oye la música.

            Trece años después las coincidencias siguen apareciendo en mi vida. Gracias a la red descubrí que la esposa de aquél que trapeara el suelo conmigo, falleció dejándolo viudo y con un hijo pequeño; que el padre de mi hija se graduó de abogado hace un año, y que el hijo que tuviste con ella tiene toda la cara tuya.

            Dicen que el que busca encuentra, y así descubrí que él y su madre viajaron a Disney mientras tú no aparecías en ninguna de las fotos de su perfil -descuidadamente-público. No pude evitar imaginarme a ese niño con mi color de piel y la sazón de mi cariño, con tus ojos inocentes y tu sonrisa pícara -mismos que por fortuna le has heredado-.

            Quise regresar el tiempo y al abrir los ojos mirarnos ahí, visitando a Mickey Mouse, felices como alguna vez imaginé que seríamos... pero el monitor me devolvió un niño hermoso con el color de la piel de ella, y la sazón de su crianza cuyo sabor desconozco...

            Las coincidencias me hicieron recordar mi propia etapa como madre de una criatura que va por vez primera al kinder, y anduve clueca toda la semana enterneciéndome al ver cuanto niño pequeño se me cruzaba enfrente. Jugué con mis sobrinos tratando de revivir esa alegría que sentirás hoy día al alzarlo entre tus brazos...imaginé, soñé, desperté.

            Entonces me encontré conversando con una mujer joven, sencilla y bella, relatándome haber sido seducida por el mismo sujeto que me hizo creer hace poco, que el hombre ideal podía ser posible. Las charlas se fueron dando y descubrí a muchas otras que engrosaban la lista de las mujeres a quienes les había hecho creer lo mismo. Si aún conservaba en mi hombro algo de ese polvito mágico del hada madrina, los interminables rumores terminaron por sacudírmelo para siempre, llevándose el aire mi último pedazo de Cenicienta insulsa.

            Hoy recordé una canción que, te cuento... pudo haber sido un bote salvavidas, y lo dejé marchar.

            Cuando una vez me dijiste que nunca olvidara Los Dioses Ocultos de Caifanes, me aferré a lo que decía esa letra hasta que me convencí de que me amabas profundamente, y te dolía igual que a mí terminar con lo nuestro. Un par de años después, aquél hombre que trapearía conmigo me dijo "No te olvides nunca de esa canción que suena". Quise ignorarla al escuchar la palabra "Love" en la letra. Jamás había puesto atención a esa canción que a todas luces parecía ser romántica. Decidí no investigar como otras veces lo que había querido decirme, fingí que no me importaba, pero mi inconsciente se ilusionó sin remedio. Supuse que era una canción de amor y que al sonar en nuestra primera cita, sería el augurio de un buen comienzo... hasta que años después, luego de convertirme en el cenizo trapeador del futuro viudo, escuché atentamente cada una de las palabras cantadas con una voz naturalmente apasionada. Así fue como la imagen de un barco salvavidas tratándome de salvar del tiburón vino de pronto a mi mente. Ignoré ese barco, no indagué en lo que esa canción intentaba decirme.

            "¿Qué tiene que ver el amor en todo esto?
            ¿Qué es el amor, sino un sentimiento de segunda mano?
            ¿Qué es el amor, sino una dulce noción pasada de moda?"


            Gracias, Tina Turner... puse atención demasiado tarde a tu grito desesperado.




            ***



            abril 08, 2009

            Sin distancia


            La mañana entró por la ventana de esos cortinajes rojos en la habitación de su madre. No supo cómo se había quedado dormida en ese lugar, tumbada sobre la notebook, con las luces encendidas. Rápidamente miró la hora en el computador y el documento sin salvar... se le había hecho muy tarde.

            No recordaba haber cambiado el horario de verano, pero todo parecía distinto: su casa lucía como abandonada. Ni su madre ni su hermana parecían haberse percatado de su descuido, o de haber sido así, no les había importado despertarla. Haría ya un par de horas que cada quién salió a hacer sus respectivos deberes, dejándola a ella, con sus rasgados ojos cafés mirándose en el espejo, queriendo encontrar la ubicación de la fecha en la que había puesto fin a su rutina diaria para abandonarse al sueño. Rápidamente enjuagó sus dientes, se calzó las zapatillas deportivas y montó su bicicleta para llegar pronto al trabajo. Quedaba a una distancia considerable en cuanto a quema de calorías, pero no podía dejar pasar más tiempo, no importaba qué día de la semana era, ni cuánto tiempo llevaba de retraso, tenía que llegar pronto al Ministerio sin importar que al cruzar la puerta automática de cristal, todo el mundo la escaneara de pies a cabeza, escandalizados por su falta de formalidad reflejada también en su indumentaria.

            Aceleró el movimiento de sus piernas esquivando los autos con pericia, violando unas cuantas reglas de tránsito con tal de llegar cuanto antes al lugar que se había convertido en un destino fijo día tras día. Aprovechó un alto en el cruce que no pudo saltarse, para secar una gota de sudor que resbalaba por su nariz fina. Cerró los ojos y trató de disfrutar una caricia de viento fresco que aminoraba la sensación de estar girando dentro de un horno de microondas, pero pronto el concierto de bocinas de automóvil la hizo girar las piernas de nuevo y acelerar al máximo.

            No quiso ni voltear siquiera hacia el Ministerio cuando pasó frente a él. Temía que alguien vigilara por la ventana y al descubrirla le pusiera un ejército de policías tras ella para hacerla desistir de la loca idea que se le acababa de ocurrir.

            Sin sentir el menor sofoco, llegó al aeropuerto. Miró el tablero de vuelos y notó que el destino le había jugado a favor esa calurosa mañana de abril, porque en unos cuantos minutos despegaría un avión rumbo al norte, y ella sería capaz de tomar el dinero que hasta ese momento, estuviera destinado para el enganche de su apartamento.

            Volando sobre la cordillera, sintió el deseo de pasar un dedo por el merengue helado que la cubría y deleitarse con su frescura en pleno viaje imprevisto. Ya tendría tiempo de escribir y decir "estoy aquí". Sabía que ella revisaba el correo todas las mañanas, y por la tarde o noche lo hacía un par de veces más: no podría sentirse sola. Después llamaría a su hogar y avisaría que estaba muy lejos, devorada por otra enorme urbe de hierro, asustada al sentirse atrapada por la gente que le hablaba con un acento distinto, agobiada por tener que cambiar dinero, y aturdida por la cantidad de taxistas que se ofrecían a llevarla a un destino incierto.

            -¿Está lejos de aquí el Ajusco?- preguntó con su voz suave
            -Le cobro quinientos pesos...- obtuvo por toda respuesta.

            El calor que le habría quemado en la tarde, comenzaba a tornarse en desértico frío que calaba hasta los huesos. Un café internet era todo lo que sus ojos buscaban en medio del huracán de anuncios que le golpeaban la vista. Finalmente en un local que estaba a punto de cerrar sus puertas, sentada frente a una máquina solitaria, la joven chilena abrió la ventana del chat con los dedos cruzados para encontrar en verde el muñequito que tuviera el nombre de ella.

            -¡Qué milagro! Pensaría que estabas dormida a estas horas, en Chile...-Una lágrima de consuelo entibió el rostro sonriente de la hermosa joven cuyo estómago rogaba por un plato de sopa.
            -No estoy en Chile, estoy en... el Aeropuerto "Benito Juárez"- se leyó del otro lado de la pantalla.

            Pasaron un par de horas que de no ser por las tres órdenes de tacos al pastor que le sirvieron de cena, le habrían parecido un poco más que eternos. Bebiendo una coca de lata y fumando un cigarrilo, sentada en el sitio en donde quedó de encontrarla, su amiga gritó el nombre de su nick con gran alegría. Vino pronto un feliz abrazo y la promesa de llevarla a Garibaldi para que un mariachi loco le cantara Las Mañanitas, aunque fuera en las últimas horas del 8 de abril, su cumpleaños.

            *

            abril 02, 2009

            "A mí no me conoce casi nadie..."

            Dolor, amor.
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