junio 18, 2007

Enigmas y estigmas de la edad

Si yo no tuviera ojos, no vería envejecer a mi madre, a su piel arrugarse, hacerse débil y pequeña. Sólo oiría lo enérgico de su voz, sentiría la fuerza de sus manos y le guardaría más respeto.

Si yo no tuviera ojos, no vería crecer a mi hija, desarrollarse, ir alcanzando mi altura. Sólo escucharía lo espontáneo de su risa, de sus charlas y sus chistes, y sólamente la abrazaría para que nada le pasara.

Si pudiera tan solo mirar con el alma, deshacerme del estorbo de la imagen demacrada que aparece en la nublada mirada de mi madre y en su tímida sonrisa. Si mi hija no tuviera una forma femenina apenas dibujada, si sus facciones no se fueran endureciendo conforme pasa el tiempo...

Recuerdo el cabello largo de mi madre, sus uñas pintadas y sus zapatos de tacón. Recuerdo los dientes de leche de mi hija y lo frágil de sus bracitos y piernas. Su cabello cortito y su agilidad para correr.

Esas cosas no vuelven más... pero mis ojos me engañan: Mi madre es mi madre, y aún me pierdo entre sus brazos. Mi hija es mi hija y aún navego en lo obscuro y profundo de sus ojos marrones.

1 comentario:

Umar dijo...

¿Quién habrá sido el que dijo: Como te ves me vi y como me ves te verás?

Tu post provoca, invita a la reflexión. Inevitable no pensar en el irrefrenable paso del tiempo.

Saludos.